viernes, 21 de julio de 2017

Hummus de remolacha

Me gustan las recetas de aperitivos y picoteos. Tener unas cuantas en el repertorio puede hacer que tus mesas suban del nivel supervivencia al nivel gourmet sin demasiado esfuerzo. No me vais a comparar unos aperitivos industriales y unas aceitunas con, por ejemplo, un hummus de remolacha... Para empezar, ya sólo con mentarlo, generaréis mucho más interés entre vuestros invitados, para bien o para mal. Aunque nos pese, siempre hay alguno reacio a la innovación.

Hoy os traigo una receta que a muchos os resultará novedosa pero muchos otros estaréis hartos de verla en todas partes. No es mi intención descubrir la pólvora aquí sino que, al igual que en otras ocasiones, sólo pretendo dejar registradas las recetas que a mi me funcionan. Recetas que he probado en varias ocasiones, en las que he realizado los ajustes necesarios para adaptarlas a mis gustos hasta conseguir el resultado óptimo -siempre bajo mi punto de vista, que no es mejor ni peor que el de cualquier otro-.


El hummus tradicional es una crema hecha con garbanzos y pasta de sésamo -tahina o tahini- aderezada con aceite de oliva, zumo de limón, ajo y especias. En esta ocasión quise aprovechar unas magníficas remolachas ecológicas que me trajo Diana de Ecoenvío para realizar esta versión un poco más llamativa y, para mi gusto, un poco menos pesada que la versión tradicional: la remolacha aligera la textura harinosa de los garbanzos, obteniendo un resultado más fresquito ideal para el verano.

La tahina la podéis conseguir con facilidad en herbolarios y tiendas de alimentación bio. En cuanto a supermercados, dependerá de la variedad de stock que tenga cada uno. En cualquier caso, cada vez es más fácil encontrar productos de este estilo.

Del cero al diez, la complicación de esta receta es menos cinco: lo más difícil es limpiar las remolachas sin que parezca que habéis cometido un crimen en vuestra cocina. Otra de las claves es una buena batidora. Hay quien prefiere el hummus con una textura un poco más basta, con trozos de garbanzos y hay quien la prefiere fina y homogénea. Yo soy de estos últimos. Vamos al lío:

Ingredientes:

200g de garbanzos
100g de remolachas (ya limpias)
100g de tahina
2 dientes de ajo
100mL de agua helada
4 cucharadas de zumo de limón
1 y 1/2 cucharaditas de sal
Aceite de oliva virgen extra

Preparación:

Ponemos a remojo los garbanzos en agua fría durante toda una noche: unas 8 horas. Pasado este tiempo, los escurrimos y los aclaramos con abundante agua.

Ponemos los garbanzos en una olla a fuego fuerte y los removemos para que se doren un poquito y después tengan mejor sabor. Agregamos agua fría y dejamos cocer hasta que los garbanzos estén blandos. Deben quedar suficientemente blandos como para aplastarlos con facilidad entre dos dedos, pero no tanto como para que se deshagan al tocarlos. Escurrimos y reservamos para que enfríen.

También tenemos que cocer las remolachas: lo ideal sería cortar los tallos y cocerlas enteras para pelarlas después de la cocción. A mi me resulta más cómodo pelarlas en crudo y cocerlas ya peladas. Se sacrifica un poco del sabor, pero a mi me compensa. Se cuecen en agua, sin más, hasta que se puedan pinchar con un cuchillo con facilidad. Reservamos para que se enfríen.

Ponemos en el vaso de una batidora los garbanzos, las remolachas troceadas, la tahina, los ajos, el zumo de limón y la sal. Batimos y vamos añadiendo el agua hasta conseguir una textura fina y homogénea. Debe quedar espeso pero suave: podéis añadir o restar un poco de agua para ajustar la textura final.

Reservamos la mezcla en la nevera para servirla bien fría. En el momento de servir agregamos un buen chorro de aceite de oliva virgen extra por encima de la crema y podemos decorar con semillas de sésamo, garbanzos cocidos, pimentón o hierbas al gusto.

Lo habitual es tomarlo untado en pan, tostadas o verduras a modo de paté o salsa para mojar. Según lo que os apetezca.

Espero que os guste.

domingo, 14 de mayo de 2017

Tempura de verduras

Todos sabemos que no conviene abusar de las frituras en una dieta sana... pero de vez en cuando es un placer disfrutar de una como la que os traigo hoy: una tempura de verduras.

La tempura es un tipo de rebozado japonés que realmente tiene sus orígenes en los misioneros españoles y portugueses que llevaron hasta allí esta costumbre de rebozar y freír los alimentos. Evidentemente, en Japón esta fritura tuvo su propia evolución y hoy en día podemos decir que no tiene nada que ver una tempura con un rebozado clásico español.


La tempura es un rebozado irregular, fino y muy crujiente. Los alimentos se sumergen en una mezcla líquida del rebozado y después se fríen. Este liquido no debe cubrir los alimentos de manera uniforme, sino que formará una especie de encaje alrededor del producto cocinado.

La mezcla del rebozado tiene sus peculiaridades: el líquido debe estar lo más frío posible (generalmente se utiliza agua helada e incluso hielo), las harinas utilizadas no se deben batir demasiado para evitar que se desarrolle el gluten, así que la mezcla quedará algo grumosa y poco uniforme y la mezcla no se preparará con antelación para evitar que las harinas se hidraten en exceso.

Si buscáis recetas de tempura comprobaréis que existen mil variaciones; supongo que será algo así como la tortilla de patatas, que se hace de una forma ligeramente diferente en cada casa.

Las harinas más habituales para tempura son las de trigo, maíz o arroz -y todas las combinaciones posibles entre ellas-. Hay quien prepara la mezcla sólo con agua y hay quien agrega una proporción de alcohol para conseguir un rebozado todavía más crujiente (el alcohol se evapora rápido al entrar en contacto con el aceite caliente y evita que la masa absorba un exceso de grasa).

Además, hay un pequeño detalle en la elaboración, y es que una vez que el alimento rebozado está en el aceite friéndose, se le suelen verter por encima hilos de la mezcla del rebozado, de forma que se formen "barbas" alrededor del alimento y el resultado final sea todavía más impresionante.

Yo os presento mi versión que no os diré que me la haya revelado ningún gurú japonés, sino que es fruto de la investigación y mucho ensayo-error. En este caso la utilizo para rebozar tirabeques, pimientos de Padrón, pimiento rojo, zanahoria y champiñones Portobello, pero la podéis utilizar para casi cualquier alimento: langostinos, gambas, sepia, calamares, col rizada, nabo, cabalacín, berenjena...

Ingredientes:

60g de harina de trigo
60g de harina refinada de maíz (tipo Maizena)
1 yema de huevo
100mL de agua helada
100mL de vodka
5g de azúcar
5g de sal

Aceite para freír

Preparación:

Peparamos los alimentos que queramos rebozar: Los lavamos, limpiamos y troceamos en tamaños regulares. Reservamos.

En un recipiente mezclamos todos los ingredientes del rebozado evitando batir demasiado. No importa si quedan grumos. Como truco os diré que cuanto más fríos estén los líquidos, más espesa quedará la mezcla. Podéis incluso añadir unos hielos al líquido.

Ponemos el aceite al fuego. Para comprobar la temperatura vertemos unas gotas del rebozado en el aceite. La temperatura ideal hará que el rebozado burbujee y suba a la superficie con relativa rapidez, pero sin llegar a tostarse.

Vamos pasando los alimentos por la mezcla y los freímos hasta que el rebozado esté crujiente. Agregamos unos hilos de mezcla sobre los alimentos para incrementar la cantidad de rebozado que después disfrutaremos en cada bocado. Las tempuras no se doran demasiado sino que suelen ser bastante blanquecinas.

Retiramos sobre un papel absorbente para retirar el exceso de grasa y listo para servir.

A mi me gusta comerlas sin agregarles nada más, pero siempre podéis utilizar alguna salsa de vuestro gusto para acompañar la tempura.

Espero que os guste.

viernes, 14 de abril de 2017

Sorbete de Mandarina

Con la llegada del calor apetecen los helados y las bebidas frías. Me encantan los granizados, los sorbetes y demás familia, de hecho, en casa solemos prepararlos de todos los sabores: desde un simple granizado de limón hasta un frappé de lo más trendy.

Concretamente, los sorbetes y granizados me parecen -además de ricos y fáciles de preparar- una forma genial de aprovechar frutas que se encuentren en el límite de su vida útil.


Precisamente, en este caso me encontré que tenía en casa una buena cantidad de mandarinas que no habían salido demasiado dulces y se estaban quedando en el frutero viendo la vida pasar... ¿A quién no le ha pasado alguna vez? Así que me decidí a darles salida antes de que fuese demasiado tarde. Recurrí a mi fórmula magistral para sorbetes de fruta fresca y preparé este delicioso sorbete de mandarinas.

Las mismas proporciones que os enseño hoy sirven para preparar sorbetes de cualquier fruta de textura similar (reajustando la cantidad de azúcar según el dulzor de cada fruta): mandarinas, naranjas, limones, pomelos, fresas, piña... Si utilizaseis frutas más carnosas podríais necesitar un pequeño reajuste de los líquidos para que el resultado sea una bebida granizada y no un helado de frutas.

Algo que es fundamental para preparar este tipo de recetas es una batidora con mucha potencia, capaz de triturar el hielo de forma rápida. El hielo que utilizaremos para estas recetas es hielo industrial (el que venden en bolsas en supermercados y gasolineras); no utilicéis hielo hecho en casa porque se derrite con mucha más facilidad y el resultado no será bueno.

Vamos al lío. Con estas cantidades tendréis para 3-4 raciones:

Ingredientes:

500g de mandarinas
100g de azúcar
Un chorrito de licor de naranja
500g de hielo

Preparación:

Pelamos las mandarinas y comprobamos que no tengan semillas.

Ponemos en el vaso de la batidora las mandarinas, el azúcar y el licor de vuestro gusto (si no queréis poner licor podéis omitirlo). Yo utilizo Cointreau. Trituramos hasta conseguir un líquido muy fino y sin trozos de fruta ni pieles. Si utilizáis Thermomix programad 2 minutos a velocidad 10.

Agregamos el hielo y trituramos hasta que quede una mezcla homogénea y el hielo haya desaparecido.

Servimos inmediatamente y a disfrutar.

viernes, 24 de marzo de 2017

Pudin de pan con manzana y miel

Creo que todos estamos de acuerdo en que cocinar es un placer. Te hace desconectar, te entretiene y estimula la creatividad. En la cocina hay de todo: hay misterio, hay acción, hay drama... encender los fogones puede ser una plácida travesía o una vorágine. A veces acabas agotado, pero siempre acabas volviendo a revolver los cacharros.

Pero existe otro placer de similares características: el orden. Ponerse a limpiar y a ordenar suele dar pereza, no nos vamos a engañar, pero una vez que empiezas y los resultados son visibles... ¡qué satisfacción!

Un día se juntaron la Señora Cocina y el Señor Orden y tuvieron una preciosa niña: la Cocina de Aprovechamiento, digna hija de sus padres. La cocina de aprovechamiento produce doble gusto: los placeres propios de la cocina y la satisfacción de salvar productos que, de otra forma, acabarían en el cubo de la basura.


Los púdines son dulces clásicos del recetario de aprovechamiento. Sirven para darle una nueva vida a los restos de pan que hayan quedado en casa. También se pueden preparar con bizcochos, magdalenas y otros tipos de masas similares. 

En este caso vamos a utilizar pan y manzanas, doble aprovechamiento, pues es fácil que todos tengamos en el frutero alguna pieza despistada que se empieza a estropear: también podríais usar peras, por ejemplo. Como novedad vamos a incorporar la fruta en forma de compota en lugar de troceada. Eso le dará más jugosidad al pudin y una textura y sabor más uniforme.

Esta receta es un poco más elaborada que las de los púdines clásicos, pero si no queréis complicaros demasiado podéis consultar la receta del pudin de pan básico.

Ingredientes:

1L de leche
100g de azúcar
75g de miel
6 huevos
400g de pan del día anterior
400g de manzanas
50mL de ron
El zumo de medio limón
1 cucharadita de extracto de vainilla
Media cucharadita de canela

Caramelo (preparado en casa o comprado)

Preparación:

Precalentamos el horno a 180ºC con una bandeja amplia con agua para preparar un baño María.

Troceamos el pan con las manos y lo pasamos por el robot de cocina para conseguir trozos muy pequeños pero sin llegar a ser un polvo fino. La humedad residual del pan evitará que se triture demasiado fino. Yo utilizo todo el pan: miga y corteza, pero si lo preferís podéis utilizar sólo la miga. Reservamos.

En un recipiente amplio batimos la leche, el azúcar, la miel, los huevos, la vainilla y la canela hasta conseguir un líquido homogéneo. 

Agregamos el pan a la mezcla anterior, removemos bien y dejamos que repose mientras continuamos con la receta.

Pelamos, descorazonamos y troceamos las manzanas (necesitamos 400g de manzanas limpias). Ponemos las manzanas con el ron y el zumo de limón en una tartera y la ponemos a fuego fuerte unos minutos para que evapore el alcohol: cuidado con el fuego, pues el ron podría encenderse como si de un flambeado se tratase. Si eso pasa no os preocupéis, dejad que se consuma el alcohol y listo. Procurad tener el extractor apagado: más vale prevenir que curar. 

Tapamos la tartera y bajamos el fuego durante 10 minutos aproximadamente. A continuación destapamos y subimos el fuego para que evapore el líquido. Debemos conseguir una compota tierna de manzana con el menor líquido posible (quedan unos 300g de compota aproximadamente). Aplastamos los trozos de manzana con un tenedor para que quede un puré basto.

Agregamos la compota a la mezcla del pan y removemos hasta homogeneizar.

Caramelizamos un molde y vertemos en él la mezcla. Introducimos el molde en el horno al baño María y dejamos que se hornee durante 60 minutos hasta que al pincharlo con un cuchillo salga limpio.

Retiramos el horno con cuidado y dejamos que se temple. Conviene desmoldarlo mientras el caramelo todavía esté tibio, pues si lo dejamos enfriar por completo se puede agarrar. Debe desmoldarse con cuidado, porque la estructura del pudin todavía es algo frágil. Para facilitar el desmoldado podéis pasar un cuchillo fino por los bordes del molde.

Conviene que el pudin repose en la nevera un día para que termine de cuajarse. Después podéis dejarlo en la nevera o a temperatura ambiente. A mi me gusta mas tomarlo a temperatura ambiente porque los sabores se perciben mejor y la textura queda más jugosa.

A disfrutar!

sábado, 4 de marzo de 2017

Ensalada de patata, tomate y atún

Ya podemos ver que la primavera se va acercando. Por Galicia todavía tenemos días de frío y lluvia, pero ya se van intercalando con algunos días de sol y temperaturas más elevadas.

Y al llegar estas temperaturas más agradables empiezan a apetecer platos frescos como la ensalada que os traigo hoy. Para mi es una alternativa a la clásica ensaladilla rusa, muy fácil de preparar y perfecta como plato único, pues contiene verduras, farináceos y proteínas. Combo ganador.


Estas recetas se pueden adaptar de forma muy sencilla según nuestros gustos o los ingredientes que tengamos en la despensa en ese momento. En el caso de la foto utilicé tomates cherry y cebolla morada porque los tenía en casa de la última cesta que recibí de Ecoenvío, pero muchas otras veces la preparo con tomate y cebolla normales.

Normalmente las ensaladas se preparan y aliñan al momento de consumirlas para que la lechuga no se estropee. En este caso, pasa lo contrario. Si la preparamos y la aliñamos y la dejamos reposar un par de horas antes de servirla estará mucho más rica, pues los sabores se mezclarán mejor.

Ingredientes:

400g de patata
100g de cebolla
300g de tomate
4 huevos
2 latitas de atún (unos 200g)
Un puñado de aceitunas al gusto

60g de aceite de oliva virgen extra
20g de vinagre de Jerez
Una pizca de sal

Preparación:

Lo primero será cocer las patatas y los huevos para que estén fríos al momento de preparar la ensalada. Este paso podéis hacerlo con antelación si queréis ahorraros trabajo después.

A mi me gusta cocer las patatas con piel porque creo que tienen mejor sabor: lavamos bien la piel de las patatas con ayuda de un cepillo y las ponemos a cocer enteras en agua hirviendo con sal y una hoja de laurel hasta que al pincharlas con un cuchillo notemos que están tiernas. Las dejamos enfriar y les retiramos la piel.

Para cocer los huevos: los ponemos en agua con sal y contamos 10 minutos desde que el agua rompe a hervir. A continuación los enfriamos en agua fría. Deben estar fríos para que al pelarlos no se rompa la clara.

En un recipiente amplio ponemos la cebolla en juliana, los tomates cortados en dados, las aceitunas, y agregamos las patatas cortadas en dados, los huevos cocidos troceados y el atún bien escurrido del aceite de la lata.

En un tarro de cristal limpio medimos el vinagre y agregamos la sal. Removemos para que se disuelva. Añadimos el aceite, lo tapamos y agitamos hasta formar una emulsión uniforme. Ya tenemos lista nuestra vinagreta para el aliño. Si utilizáis una buena conserva con un buen aceite de oliva, podéis aprovechar el aceite de escurrir el atún para preparar la vinagreta y aportar así más sabor.

Vertemos la vinagreta sobre la ensalada, removemos y la tenemos lista para disfrutar.

Como ya os comentaba, si la dejáis reposar en la nevera, estará todavía más rica.

A disfrutar!

miércoles, 22 de febrero de 2017

Smoothie de avena, naranja y plátano

Cuando os hablé de los copos de avena os prometí que hablaría más detalladamente sobre los smoothies en otra entrada. Pues bien, han pasado tres años y aquí estamos, hablando -por fin- de estos batidos. Más vale tarde que nunca. Lo bueno es que hemos podido comprobar que aquella moda no era flor de un día, sino que tres años después siguen estando de plena actualidad.

La receta que os traigo hoy es una receta muy básica sobre la que podréis hacer variaciones y adaptarla a vuestros gustos o necesidades. Se trata de un smoothie de naranja y plátano con copos de avena cuyo sabor (que no textura) me recuerda a la clásica mezcla de naranja, plátano y galletas que seguro que a muchos os dieron de pequeños.


Pero... ¡un momento! ¿qué son los smoothies? Pues son batidos de frutas y/o verduras con una textura más densa de lo que sería un batido tradicional. Su propio nombre en inglés viene de smooth, suave, haciendo alusión a esta textura tan peculiar, pues a pesar de ser denso, un buen smoothie está muy finamente triturado y no debe tener grumos por nada del mundo.

Para conseguir la densidad propia de estas bebidas siempre se incluye en la mezcla uno o varios ingredientes "espesantes", a saber: copos de avena, plátano, frutas congeladas, algunos tipos de semillas... La clave es conseguir un equilibrio adecuado entre estos ingredientes y los demás componentes de la mezcla.

Y como podréis deducir a estas alturas, es fundamental disponer de una batidora muy potente. Generalmente se utilizan batidoras de vaso, creo que en nuestro entorno la batidora de este estilo más popular es la Thermomix -que es la que utilizo yo-, pero existen incluso páginas dedicadas a hacer comparativas de este tipo de batidoras para facilitarle la vida a los frikis de los smoothies.

Es importante destacar que a estas bebidas se le otorgan todo tipo de propiedades y poderes místicos. Lo que Panoramix preparaba en su marmita para dotar a los irreductibles galos de su extraordinaria fuerza era, en realidad, un smoothie. No os creáis todo lo que os vendan. Sí, pueden ser magníficos por ayudarnos a incorporar frutas y verduras a nuestra dieta, pero siempre en el contexto de una dieta variada y equilibrada; y suponiendo que no se nos de por empezar a agregar azúcar a la mezcla u otros ingredientes menos saludables...

Personalmente me encantan para desayunar: se preparan en 5 minutos y me aportan hidratos de carbono, lácteos y frutas y verduras. Suelen saciar bastante, incluso teniendo en cuenta que los líquidos siempre sacian menos que los alimentos que exigen masticación.

Y además, por el lado práctico, son una forma de evitar el desperdicio de alimentos: las frutas que se vayan a estropear, se trocean y se congelan. Así las tenemos siempre listas para utilizar en un smoothie. ¿Todavía no os convencí de que son maravillosos?

Vamos al lío. Con estas cantidades salen 4 raciones generosas; podéis dividir o multiplicar para adaptar a la cantidad que necesitéis.

Ingredientes:

2 yogures
400mL de leche
300g de naranja congelada
150g de plátano congelado
60g de copos de avena
Una cucharadita de vainilla

Preparación:

Lo primero será preparar las frutas para tenerlas congeladas en el momento de la preparación: se pelan y se trocean en pedazos del tamaño de una nuez aproximadamente (cuanto más grandes sean los trozos, más le costará a la batidora triturarlos después). Se disponen los trozos de fruta sobre una bandeja cubierta con papel de hornear, teniendo la precaución de que los pedazos de fruta queden separados unos de otros. Se introduce la bandeja en el congelador hasta que veamos que se han congelado. Entonces se pueden juntar en una bolsa de congelación y conservarlos así en el congelador, pues ya no se pegarán entre sí y será fácil coger la cantidad que necesitemos de cada vez.

En el vaso de la batidora vertemos todos los ingredientes y lo trituramos hasta conseguir un batido con una textura muy fina. Generalmente se deben triturar durante un buen rato: para estas cantidades 4-5 minutos suelen ser necesarios.

Servimos inmediatamente y listo para disfrutar.

Como ya os comenté al principio de la entrada, esto es una receta muy básica sobre la que podéis realizar vuestros propios experimentos.

Espero que os guste.

lunes, 30 de enero de 2017

Cómo cocinar verduras de hoja verde

Con este frío que tenemos encima creo que todos estamos de acuerdo en que el mejor remedio es un buen cocido, que calienta el buche y reconforta el espíritu. Cocido gallego, por supuesto, con sus carnes, sus patatas, sus garbanzos y sus verduras. Entre las verduras clásicas del cocido gallego tenemos el repollo y las verduras de hoja verde; son éstas últimas las que motivan el artículo de hoy.


Me comentaba Diana de Ecoenvío que siempre tiene un buen surtido de verduras de hoja verde, pero que a muchas personas les resultaba complicado cocinarlas. Así que decidimos poner en marcha un estudio piloto sobre el cocimiento de la verdura. La pregunta inicial fue "¿podrían echarse todas las verduras en la olla a la vez?" y nos pusimos manos a la obra, cronómetro en mano, para descubrirlo.

Estudiamos los  cuatro tipos de verduras de hoja verde que ella cultiva en sus huertos ecológicos:

- Verdura lisa: de hojas grandes, ligeramente alargadas, con bordes lisos y tallos gruesos y largos.

- Col kale: de hoja más pequeña, alargada, muy rizada y tallos finos y cortos.

- Guichos de repollo: de hojas grandes, redondeadas, bordes lisos y tallos gruesos y cortos.

- Navicol: de hojas pequeñas, ligeramente rizadas y tallos finos y largos.

Como norma general, cuanto más fibrosos sean los tallos y más duras las hojas, más tiempo tardarán en cocerse. Eso probablemente a cualquiera se le puede ocurrir. Además, se pueden cocer simplemente en agua con sal, pero el resultado será mil veces mejor si se cuecen en un buen caldo que aporte sustancia a las verduras; por eso lo ideal es utilizarlas para preparar un buen cocido, aunque también se prestan para otros platos.

Todas se añaden en agua o caldo hirviendo. Si las agregásemos al agua mientras aún está fría lo único que conseguiríamos es eliminar de las verduras muchísimos nutrientes.

Para cocer la verdura lisa, se retiran primero los tallos, dejando sólo la hoja. Las hojas más grandes se pueden cortar en cuatro partes haciendo un corte en vertical y otro en horizontal. Las más pequeñas se pueden dejar tal cual. Esta verdura es la que más tarda en cocerse: aproximadamente 45 minutos. 

La col kale es una de las verduras más de moda; la encontraréis en todo blog modernoso y veréis que se le asignan propiedades casi mágicas. El kale es el nuevo aloe vera. Para cocinarlo apenas hay que eliminar el extremo del tallo un par de centrímetros y cortar las hojas más grandes por la mitad transversalmente. Tarda en cocerse unos 35 minutos.

Los guichos de repollo tardan en cocerse un poco menos que el kale: 30 minutos. Al prepararlo retiraremos el tallo casi por completo, hasta el interior de la hoja, pues es un tallo muy duro que tardaría mucho en quedar tierno y mientras tanto la hoja se pasaría. Para cocerlos, cortamos las hojas más grandes en cuartos.

El navicol es el más tierno de todos, apenas tarda 25 minutos en cocerse y quedar tierno. Para prepararlo retiramos la parte más larga del tallo y dejamos sólo la parte de las hojas, que podemos partir a la mitad en los casos más grandes.

Estos tiempos son aproximados, pues depende del tamaño exacto de cada hoja, pero os pueden servir de orientación. Por ejemplo, podríamos cocer a la vez los guichos de repollo y la col kale, pues tardan más o menos lo mismo. Si queréis cocer todo a la vez en la misma tartera, hay que empezar con la verdura lista, a los 10 minutos agregar los guichos y el kale y por último, tras 5 minutos más, agregar el navicol.

Por supuesto, si utilizáis un buen caldo para cocer las verduras, el resultado final será, además de unas verduras en su punto, un caldo de esos que levantan a un muerto, ideal para entrar en calor en invierno.

Espero que estas pautas os sean útiles.

viernes, 23 de diciembre de 2016

Pastel de Normandía de manzana, naranja y nueces

Últimamente le estoy cogiendo el gusto a hacer dulces a los que se le añaden cosas a media cocción. Véanse los Butterkuchen que ya están publicados en el blog: el de almendras y el de almendras, nueces y pasas. Y este pastel que os quiero enseñar hoy también tiene esa peculiaridad, se trata de un pastel de manzana al estilo de Normandía.


Este es un pastel denso de manzana con una deliciosa costra medio caramelizada por arriba. En este caso, yo le añadí nueces y lo aromaticé con naranja, aunque la versión tradicional no lleva ni una cosa ni la otra. Además, la versión clásica lleva manzana laminada por encima, pero después de hacer varias pruebas llegué a la conclusión de que me gusta más sin la manzana por encima. Así que incorporo toda la manzana a la mezcla y dejo la costra superior uniforme.

El sabor a naranja lo aporté con piel de naranja y el extracto de naranja que os expliqué cómo preparar en la anterior receta. Veréis que con estos dos ingredientes se consigue una masa súper aromática.

El pastel de Normandía de manzana es un pastel muy sencillo de preparar y gracias a la costra y la cantidad de fruta que lleva intercalada se mantiene jugoso durante varios días, así que es perfecto si necesitáis un dulce que resista bien el paso del tiempo. No os aseguro que los vuestros no lo fulminen antes de que podáis comprobar lo mucho que dura jugoso.

Además, para este tipo de pasteles que llevan la fruta troceada dentro de la masa, podéis aprovechar las frutas que se vayan a perder en el frutero.

La receta que os traigo hoy es una mezcla de varias que he ido probando y estudiando; pero la que inicialmente me inspiró y en la que me basé principalmente fue en la de Su, de webos fritos.

Y sin más preámbulos, vamos al lío:

Ingredientes:

2 huevos
150g de azúcar
Una pizca de sal
La piel de una naranja
1 cucharadita de extracto de naranja
60g de mantequilla
60mL de leche
200g de harina
Medio sobre de levadura química (8g aprox)
300g de manzanas (peso limpio)
100g de nueces (peso limpio)

Ingredientes para la cobertura:

80g de mantequilla
100g de azúcar
1 huevo

Preparación:

Precalentamos el horno a 180ºC.

En un recipiente batimos los huevos con el azúcar y una pizca de sal hasta conseguir que queden blanquecinos y muy esponjosos. Agregamos la piel rallada de una naranja, el extracto de naranja, la leche y la mantequilla que habremos fundido previamente. Mezclamos con suavidad.

Troceamos las nueces con un cuchillo, dejándolas en pedazos grandes. Con un poco de la harina que utilizaremos, espolvoreamos las nueces y retiramos el exceso con ayuda de un colador. Esto evitará que las nueces se vayan al fondo del pastel y permitirá que queden distribuidas uniformemente.

Tamizamos sobre la mezcla el resto de la harina y la levadura y batimos hasta homogeneizar.

Una vez peladas y descorazonadas las manzanas las troceamos en láminas. Las agregamos a la masa y las incorporamos de manera uniforme.

Vertemos la mezcla en un molde que habremos untado de mantequilla y harina ó bien cubierto con papel de hornear y repartimos la mezcla de forma uniforme. Yo utilizo un molde desmoldable de 21cm de diámetro.

Introducimos en el horno y dejamos durante 20 minutos.

Mientras tanto preparamos la cobertura: fundimos la mantequilla y le agregamos el azúcar y el huevo y batimos hasta conseguir una crema fluida y homogénea.

Pasados los 20 minutos de horneado, abrimos el horno y vertemos la mezcla de la cobertura sobre el pastel de forma uniforme y volvemos a meter en el horno. Esta operación debemos hacerla lo más rápidamente posible para evitar que la temperatura baje en exceso.

Horneamos durante otros 35 minutos hasta comprobar que al pinchar el pastel con un cuchillo, sale limpio.

Retiramos del horno y dejamos enfiar sobre una rejilla. Cuando esté templado pasamos un cuchillo por el borde del molde y retiramos el aro exterior. Dejaremos que enfríe por completo de esta forma.

Mientras está caliente es relativamente frágil, por lo que no conviene moverlo demasiado y es preferible esperar a que se enfríe por completo para transferirlo a la bandeja donde lo vayamos a servir.

Y ya tenemos nuestro pastel listo para ser degustado! Espero que lo disfrutéis.

domingo, 18 de diciembre de 2016

Extracto de naranja

Los extractos son una forma sencilla de añadir o potenciar sabores en todo tipo de recetas. Algunos son muy habituales, como es el caso del extracto de vainilla, y se pueden encontrar en cualquier supermercado. Con todo, hay que tener precaución con lo que compramos -o con lo que nos venden- pues en este tema se mezclan y confunden términos: no es lo mismo un extracto natural, que un aroma sintético.

En el caso de la vainilla, por ejemplo, existen en el mercado muchas "esencias" elaboradas a partir de vainillina sintética, es decir, un compuesto químico elaborado en el laboratorio y no extraído directamente de las vainas de vainilla. Estas cosas pasan especialmente en aquellos casos en los que el producto natural tiene un precio elevado.


Ojo, yo no estoy diciendo que las esencias sintéticas sean perjudiciales, simplemente digo que no es lo mismo. Para empezar, un extracto natural no contendrá solamente un compuesto, sino todo un abanico de sustancias que harán que el aroma sea mucho más complejo.

Otros extractos son más difíciles de encontrar, ya no por calidad o precio, sino porque el mercado está copado con ciertos aromas y salir de ahí es complicado. Por eso, una opción muy cómoda es elaborar nuestros propios extractos. De esta forma controlamos todo el proceso y, además, podemos surtirnos de un amplio arsenal de extractos.

Existen varios métodos para extraer los aromas de los productos aromáticos; métodos utilizados desde la cocina hasta la perfumería y la farmacia. Yo me centraré en uno de los más sencillos de realizar a nivel casero: la extracción con alcohol.

El alcohol tiene la capacidad de "retirar" los compuestos aromáticos de los productos que introduzcamos en él, de forma que finalmente obtenemos una mezcla alcohólica de compuestos aromáticos. Además, el alcohol actúa como conservante, permitiéndonos prolongar la vida útil de nuestros extractos.

Elaborar extractos de esta forma es muy sencillo. Lo más complicado del proceso es echarle paciencia, pues hace falta que pase el tiempo para que el alcohol haga su efecto. En este caso os voy a explicar el proceso para preparar extracto de naranja, pero podéis utilizar el mismo método para preparar extractos de otros productos.

Ingredientes:

La piel de 4 naranjas
500mL de vodka

Preparación:

Lavamos bien las naranjas y las secamos con un paño limpio. A continuación retiraremos la parte naranja de la piel, evitando coger la parte blanca, pues es amarga. Podéis hacerlo con un cuchillo muy afilado ó con un pelador de verduras, revisando que no quede nada de la parte blanca.

Ponemos esta piel de las naranjas en un frasco. Yo utilizo frascas de cristal con tapón de corcho, pero podéis utilizar cualquier envase con tapa, preferentemente de cristal.

Cubrimos las pieles de naranja con el vodka, tapamos y dejamos reposar en un lugar oscuro y fresco durante al menos 15 días. Después de ese tiempo el alcohol habrá hecho gran parte de su labor y ya tendremos el extracto listo para ser utilizado.

A partir de ese momento podemos retirar las pieles de naranja y guardar el extracto para ir utilizándolo. También podemos dejar las pieles e ir añadiendo pieles nuevas y vodka según vayamos gastándolo. Si es así, de vez en cuando retiraremos las pieles más viejas para evitar que se acumulen en exceso y puedan aportar sabores extraños a nuestro extracto.

Espero que os resulte útil.

jueves, 1 de diciembre de 2016

Crema de boniatos

Estoy redescubriendo los boniatos, también conocidos como batatas. La Cenicienta en un mundo de patatas. Me gusta su sabor y su versatilidad. Se puede usar prácticamente igual que las patatas, aunque su sabor es más dulce: frito, asado, cocido, en puré... hoy lo vamos a preparar en una deliciosa crema que es puro otoño triturado.


Como todas las cremas de verduras, ésta es muy fácil de preparar. Sólo hay que tener un par de precauciones para que el resultado pase de lo común a lo extraordinario.

Lo primero, evidentemente, es la calidad de los productos: a mayor calidad del producto, mejor producto final. Esto aplica a todo tipo de recetas. Conste que las cremas, a mi gusto, son un plato que permite aprovechar aquellas verduras que empiezan a ponerse feas en la nevera. No me gusta tirar la comida.

Otro punto clave para preparar cremas impresionantes es sofreír y dorar las verduras antes de añadir el agua. Si cocemos las verduras directamente, el sabor será mucho más plano. A través de este primer sofrito conseguimos que las verduras desarrollen todo su sabor y aparezcan notas que de otra forma no conseguiríamos; hace acto de presencia el quinto sabor: Umami. Gracias, reacciones de Maillard.

Y por último, pero no menos importante, es el triturado. Una crema perfecta requiere un triturado perfecto. Necesitamos conseguir una textura sedosa y no un líquido lleno de tropezones. Para eso, lo ideal es disponer de un buen robot de cocina, con potencia suficiente como para reducir al máximo el tamaño de partícula de nuestras verduras. Si no tenemos un robot de estas características podemos utilizar una batidora ó incluso un pasapurés. En este caso, incluso podríamos pasar la crema a través de un colador para retirar cualquier resto de fibras ó trozos que hayan quedado demasiado grandes.

Las cantidades que os indico a continuación se refieren a verduras ya peladas y limpias para que las proporciones os salgan más ajustadas.

Ingredientes:

500g de boniato
250g de patata
250g de puerro
250g de cebolla
50g de aceite de oliva virgen extra
500mL de agua
250mL de nata
Sal
Pimienta

Preparación:

Pelamos, lavamos y troceamos las verduras y las ponemos en una olla con un poco de sal y el aceite. Sofreímos a fuego vivo durante 15 minutos removiendo de vez en cuando para evitar que se pegue y conseguir un dorado uniforme.

Agregamos el agua y dejamos cocer otros 15 minutos.

Entonces pasamos la mezcla al robot de cocina y lo trituramos a máxima potencia hasta conseguir una crema lo más fina posible. Yo utilizo la Thermomix y lo trituro durante 2 minutos a velocidad 10. A continuación agregamos la nata y terminamos de batir para incorporar.

Ajustamos el punto de sal y añadimos una pizca de pimienta. Ya tenemos nuestra crema lista para servir y disfrutar.

Espero que os guste!

martes, 29 de noviembre de 2016

Chocolate caliente al vino tinto

En cocina, como en moda, hay recetas que van y vienen según marque la tendencia. De repente el cóctel de gambas es el summum de la innovación y poco después se convierte en un entrante viejuno. Y así todo el rato y hasta la extenuación.

Bien, pues este año para la temporada otoño-invierno lo que se lleva es esto que os voy a enseñar hoy. La bebida definitiva para los amantes del chocolate y los amantes del vino. Este dos en uno lo está petando en las redes desde que Kylie, del blog Inma Eat That, publicó su receta hace dos años exactos. Y no lo digo yo, lo dicen desde The Kitchn, un reputado magazin online sobre las cosas del comer.


Así que ya sabéis. Si este año no queréis quedaros desfasados y queréis fardar de estar al día de las últimas tendencias gastro, ésta es vuestra bebida.

Yo, que no soy muy amigo del vino tinto, he de reconocer que este chocolate caliente está de fábula. Combinando los sabores de ambos ingredientes a la perfección: el amargo del chocolate, suavizado por lo dulce del vino; con muchísima profundidad de sabor, parecería en el primer sorbo un chocolate tradicional, pero enseguida empiezan a hacerse notar los sabores clásicos del vino.

Yo os presento mi propia receta, pues soy muy quisquilloso para los chocolates calientes. Tienen que estar en su punto entre amargo y dulce, ni muy denso ni muy líquido, con cuidado de que el chocolate no se queme -que eso no se puede disimular ni un poco-, etc.

Con las cantidades que os indico salen 6 raciones. Vamos a ello:

Ingredientes:

800mL de leche
250mL de vino tinto
80g de harina de maíz refinada (tipo Maizena)
100g de azúcar
180g de chocolate negro

Preparación:

Ponemos todos los ingredientes, excepto el chocolate, en una tartera y mezclamos hasta que quede un líquido homogéneo. Ponemos a fuego medio y removemos constantemente hasta que empiece a hervir y notemos que la mezcla se espesa. Si tenéis Thermomix podéis hacerlo programando 15 minutos a temperatura Varoma y velocidad 4. Llegados a este punto, retiramos del fuego.

Troceamos el chocolate y lo agregamos a la mezcla. Removemos hasta que el chocolate se integre por completo, dejando que se funda con el calor residual de la mezcla. No conviene poner el chocolate al fuego directamente porque se quema con mucha facilidad y eso transmitiría un sabor desagradable a toda la bebida.

Una vez homogeneizada la mezcla podemos recalentarla ligeramente si se ha enfriado demasiado mientras mezclábamos. Si lo hacemos al fuego lo haremos a la mínima potencia y removiendo sin parar. Si tenéis Thermomix podéis calentar el tiempo justo a 80ºC.

Ya sólo nos queda servirlo y disfrutarlo.

martes, 22 de noviembre de 2016

Butterkuchen de nueces, almendras y pasas

Hoy os traigo una versión del butterkuchen que os enseñé hace ya más de tres años. Aquel dulce alemán llegó entonces para quedarse y, como es de esperar, en casa hemos empezado a probar diferentes versiones. En este caso haremos una receta casi idéntica a la original, pero cambiando la mitad de las almendras por nueces. Además le añadiremos un toque de ron y unas pasas sultanas.


Conste que yo no soy muy amigo de las pasas en general, pero en el caso de las pasas sultanas hago una excepción: son pequeñas, no tienen pepitas y en la proporción adecuada aportan textura y sabor. Por eso siempre tengo en la despensa un paquete de pasas sultanas. Nunca sabes cuándo puedes necesitarlas.

Además, en este caso y gracias a las pasas, introducimos en la receta un toque de ron que sube de nivel la preparación.

Si todavía no probaste este dulce, ya estás tardando. La combinación de la base de bizcocho tierno, con los frutos secos caramelizados y ese toque como de tofe hacen que sea espectacular. Se prepara muy fácil. Ideal para una merienda ó un café con amigos.

Ingredientes:

4 huevos
200g de azúcar
200mL de nata
300g de harina
1 sobre de levadura química
Una cucharadita de extracto de vainilla
Una pizca de sal

Para la cobertura:

120g de almendras laminadas
120g de nueces
40g de pasas sultanas
40mL de ron
200g de azúcar
60mL de leche
125g de mantequilla

Preparación:

Lo primero que haremos será poner las pasas sultanas a remojo en un cuenco con el ron para que se rehidraten. Reservamos.

Precalentamos el horno a 180ºC.

Batimos los huevos junto con el azúcar, la sal y la vainilla hasta que blanqueen -que queden esponjosos-. Si tenéis Thermomix podéis hacerlo con la mariposa programando 6 minutos, 37º y velocidad 3 y medio y después 6 minutos a la misma velocidad y sin temperatura.

Añadimos la nata y batimos hasta incorporar. Finalmente agregamos la harina y la levadura y mezclamos hasta que quede una masa homogénea y sin grumos.

Extendemos la masa sobre una bandeja de horno amplia, previamente forrada con papel de hornear para que no se nos pegue, procurando que quede repartida uniformemente por toda la bandeja.

Introducimos en el horno precalentado y dejamos que se hornee 10 minutos.

Mientras tanto, fundimos la mantequilla y le añadimos el azúcar, la leche, las almendras laminadas, las nueces troceadas y las pasas con todo el ron que no hayan absorbido.

Sacamos el bizcocho del horno y repartimos la mezcla de frutos secos por toda la superficie; entonces lo volvemos a meter en el horno y dejamos 15 minutos más aproximadamente. Cuando los frutos secos estén dorados lo retiramos del horno y lo dejamos enfriar.

A la hora de servirlo lo cortamos en cuadrados y, si os gusta, podéis espolvorearlo con azúcar glass. Os recomiendo que no lo cortéis con demasiada antelación porque el bizcocho se secaría con más facilidad.

A disfrutar!

miércoles, 16 de noviembre de 2016

Filloas de calabaza

Parece que por fin llegaron las temperaturas otoñales. No terminábamos de creérnoslo pero sí, ya está aquí; se acabó nuestro bonito sueño estival. Pero qué queréis que os diga... yo soy fan del otoño, me gusta que bajen las temperaturas, me gusta cuando hace sol y frío a la vez, me gustan los paisajes otoñales y me gustan los productos de temporada.

La calabaza es uno de los productos estrella de esta época del año. Os diré que soy adicto a estos seres anaranjados; tanto que en mi pequeño huerto planto suficientes para que no me falten en todo el año - y eso son muchas calabazas-. Pero tranquilos, está todo pensado: la calabaza combina con todo, dulce y salado. Desde una crema, hasta un bizcocho, pasando por unas lentejas. Y si abrís una y no queréis que se estropee porque no la vayáis a utilizar entera en una única receta, la podéis pelar, limpiar, trocear y congelar. Todo ventajas, oiga.


La anterior receta, aquel Ratatouille de hortalizas otoñales, también llevaba calabaza. Hoy cambiamos de tercio y la vamos a utilizar para preparar unas deliciosas filloas de calabaza; una versión diferente y original de las clásicas filloas gallegas. Además, esta receta es también mi tercera colaboración con la web de Ecoenvío.

La clave de una buena filloa es que sea fina y para eso hay que combinar destreza y una buena receta. Esa destreza ancestral la podéis absorber de vuestras madres y abuelas, que tendrán en abundancia para compartir con todos; pero con todo os tocará practicar. En cuanto a la receta sí que os puedo ayudar: la que os enseño aquí es muy equilibrada. Encontraréis otras recetas que llevan mucha harina para garantizar que la filloa sea manejable en la sartén, pero el resultado es empalagoso y grueso. Otras llevan malas proporciones y las filloas no tendrán consistencia suficiente. Como en todo, en el término medio está la virtud. Y una buena sartén antiadherente lo hará todo más virtuoso todavía.

En este caso, la receta se alarga un poquito más porque hay que cocinar la calabaza antes de hacer la masa de las filloas; pero no os preocupéis, la dificultad no aumenta en absoluto. Lo ideal es preparar la masa de las filloas y dejarla reposar de un día para otro; de esta forma las filloas salen mejor y más ricas pero si no tenéis el tiempo o la paciencia necesaria podéis hacerlas al momento con resultados más que aceptables.

Para que las proporciones sean lo más exactas posible os indico la receta con el peso de la calabaza ya cocida. Para calcular la cantidad que necesitáis de calabaza en crudo yo suelo estimar el doble y un poco más. Por ejemplo, si quiero obtener 400g de calabaza cocida pongo a cocer 900g de calabaza cruda. Esta norma se aplica para las calabazas más tiernas, con bastante contenido en agua, pues al cocinarse pierden mucho líquido. Si utilizáis calabazas más compactas no se perderá tanto peso con la cocción. Vamos al lío:

Ingredientes:

4 huevos
150g de azúcar
300g de harina
250mL de leche
250mL de agua
400g de calabaza cocida
Un chorrito de licor de anís
Aceite
Azúcar y canela para espolvorear

Preparación:

Lo primero que haremos será limpiar, pelar y trocear la calabaza en crudo y la pondremos a cocer en suficiente agua con una pizca de sal hasta que al pincharla con un tenedor la notemos muy tierna -con cuidado de no convertirla en un puré-. En ese momento la verteremos sobre un escurridor y la aplastaremos en el tenedor. Dejaremos que drene todo el líquido mientras se enfría. Esto puede tardar un par de horas. Cuando tengamos la calabaza cocida y escurrida podremos seguir con la receta.

Ponemos todos los ingredientes en un recipiente y los batimos con una batidora hasta obtener una masa fina y sin grumos. Debe quedar una mezcla líquida pero con cierta densidad. Tapamos el recipiente con un film transparente y reservamos en la nevera durante unas 8 horas.

Pasado ese tiempo de reposo volvemos a mezclar bien para homogeneizar el líquido. Ya tenemos nuestra masa lista.

Ponemos una sartén antiadherente a fuego fuerte con un chorrete de aceite y dejamos que se caliente bien. Formamos una bola con papel de cocina y retiramos el exceso de aceite, dejando la sartén ligeramente engrasada pero sin aceite "bailando". Repetiremos esta operación cada 3 o 4 filloas o cuando notemos que empiezan a despegarse de la sartén con más dificultad.

Vamos vertiendo masa y repartiéndola por toda la superficie con un movimiento rápido de la sartén. Cuando notemos que los bordes se despegan con relativa facilidad la levantaremos y le daremos la vuelta para que se haga por los dos lados.

En un plato espolvoreamos azúcar mezclado con canela y ponemos la primera filloa. Espolvoreamos azúcar con canela por encima también y de esta forma iremos apilando filloa tras filloa hasta terminar la masa. Para espolvorear el azúcar a mi me resulta muy cómodo mezclar media cucharadita de canela con azúcar en un salero.

Se pueden tomar calientes o frías, según gustos y las podéis servir tal cual con el azúcar o agregarle algún relleno a vuestro gusto.

Espero que las disfrutéis.

viernes, 28 de octubre de 2016

Ratatouille otoñal

¿Quién no ha visto la famosa película de Disney? [Si no la has visto, para de leer ahora mismo y vete a verla; no puedes vivir un minuto más con esa carencia]. Es un gustazo tanto para pequeños como para mayores, especialmente para los que nos gusta cocinar y comer. Gracias a esta película saltó a la fama la ratatouille. De repente, un plato de origen humilde pasó a ser conocido por el mundo entero. Qué poder el del cine ¿no?

Creo que cualquiera de nosotros a día de hoy cuando piensa en la ratatouille rememora aquel plato hecho con rodajas de hortalizas de colores perfectamente ordenadas en una fuente. Bien, pues en realidad eso no es una ratatouille ¡ZAS! Resulta que la ratatouille original es un plato muy similar a nuestro tradicional pisto: hortalizas de temporada troceadas y guisadas, generalmente pimiento, cebolla, cabalacín, berenjena, tomate y ajo. Lo dicho, muy parecido al castizo pisto manchego. Lo que vemos en la película es una réplica del Confit byaldi , una versión contemporánea de la ratatouille creada por el chef Michel Guérard. Así que quizás lo más apropiado sería llamar al plato que os quiero enseñar hoy Confit Byaldi otoñal, pero creo que me permitiréis la licencia: esto es mucho más fotogénico.


Estamos en plena temporada de calabazas y boniatos. Dos productos con un característico sabor dulzón y que a mi, personalmente, me apasionan. Para compensar ese dulzor natural veréis que utilizaremos un majado con un buen vinagre de Jerez, que hará que el plato quede espectacular. Como los ingredientes principales tienen sabores muy suaves, los acentuaremos usando hierbas aromáticas: tomillo, orégano, perejil, romero, albahaca, salvia... podéis probar y variar, yo os hago mi propuesta un poco más abajo.

Lo podéis utilizar como primer plato ó como guarnición de carnes, pescados o huevos. Además, como muchas otras preparaciones similares, gana en sabor cuando lo preparamos con antelación y lo dejamos reposar. Así, los sabores se mezclan y el resultado final es de un nivel superior.

Aunque penséis que es un plato complicado, no os dejéis engañar por su apariencia: es un plato muy sencillo, sólo requiere un poco de trabajo manual para colocar las hortalizas en su sitio. Lo demás va rodado. Una receta ideal para un fin de semana que queráis sorprender a los vuestros con algo diferente. Os recomiendo encarecidamente que os animéis a probarlo, pero si con todo os da reparo lanzaros, siempre podéis colocar las rodajas en filas en una fuente rectangular. E incluso, si vuestra vagancia alcanza niveles estratosféricos, podéis revolverlo todo junto, sin orden ni concierto y chimpún. No hay excusa.

Las cantidades de las que os hablo son pesadas en limpio, es decir, después de pelar y retirar las partes que no vamos a utilizar, para facilitar el trabajo a los más inexpertos. De cualquier forma, este tipo de platos se prestan mucho más a la variación y la medida libre que las recetas de repostería, que suelen ser matemática pura. Vamos al lío:

Ingredientes:

350g de boniatos
350g de calabaza
350g de patata
200g de cebolla
3 ajos
Vinagre de Jerez
Aceite de oliva virgen extra
Hierbas aromáticas al gusto (en mi caso: orégano, perejil y tomillo)
Sal y pimienta

Preparación:

Precalentamos el horno a 200ºC.

Pelamos las hortalizas, las lavamos para retirar cualquier resto de tierra que puedan tener (especialmente boniatos y patatas) y las cortamos en rodajas finas, con la precaución de dejarlas todas de grosores similares para que se cocinen todas a la vez. Las cebollas,ya cortadas en rodajas, las separamos en aros y reservamos.

En un recipiente amplio ponemos los boniatos, la calabaza y las patatas. Los salpimentamos y los regamos con un chorrito de aceite de oliva. Revolvemos bien para que todas las rodajas queden impregnadas.

En un mortero majamos los ajos con una pizca de sal. Agregamos las hierbas que hayamos elegido, un chorro muy generoso de vinagre y un poco de aceite de oliva. Mezclamos bien y repartimos la mitad del majado en la base de la fuente donde vayamos a preparar la ratatouille. Reservamos la otra mitad.

Vamos formando grupos con una rodaja de cada hortaliza y un par de aros de cebolla. Colocamos los grupos de hortalizas unos a continuación de los otros en todo el perímetro de la fuente formando un círculo. Continuamos rellenando el molde hasta terminar. La fuente que yo utilizo tiene 20cm de diámetro.

Una vez que hemos colocado todas las verduras en la fuente, repartimos el resto del majado por la superficie de las hortalizas. Cubrimos todo con una lámina de papel de aluminio y lo introducimos al horno durante 45 minutos para que se cocine en sus propios jugos.

Pasado ese tiempo, retiramos la cobertura de papel de aluminio y continuamos horneando a la misma temperatura durante unos 30 minutos más. Podéis ir comprobando con un cuchillo hasta que las rodajas estén tiernas y tengan un ligero tono dorado. ¡Y ya tenemos nuestra ratatouille lista para sorprender a nuestros comensales!

¡Espero que os guste!

martes, 11 de octubre de 2016

Pastel de pera y almendras

Los que me seguís en Facebook ya sabíais que estaba tramando algo. Pues bien, ha llegado el día de desvelar el misterio, y es que hoy empieza oficialmente la colaboración de este mi blog -La Cuchara de Neter- con Ecoenvío, una empresa local dedicada a la producción y distribución de productos ecológicos, especialmente frutas y verduras. Ya os había hablado de ellos hace un tiempo, por lo que si queréis saber más sobre ellos sólo tenéis que visitar la entrada en cuestión.

Esta receta que os traigo hoy es la primera de mis colaboraciones con la renovada web de Ecoenvío. Espero que esta alianza sea un éxito y podamos colaborar durante mucho tiempo. Podréis seguir mis colaboraciones tanto aquí como en el blog de la web de Ecoenvío.

Resulta que Diana -la mandamás de Ecoenvío- estaba dándole vueltas a la idea de cómo ofrecer a sus clientes un mejor servicio, porque muchos comentan que comer las acelgas siempre cocidas, se hace aburrido. Y ahí es donde entro yo, pues Diana descolgó el teléfono y se puso en contacto conmigo para que preparase recetas con sus productos de forma que sus clientes pudiesen variar el menú de cuando en cuando ó, al menos, tener algo de inspiración que les ayudase a salir de la rutina gastronómica. Y a mi, que me va la marcha, pues me pareció una idea estupenda; así que aquí estamos.


Si queréis ver la versión extendida de la entrada podéis ir directamente a su blog, donde os cuento un poco más sobre el porqué de esta receta.

Ingredientes:

2 peras
El zumo de un limón (50mL aproximadamente)
120g de mantequilla
150g de azúcar (120g para el bizcocho y 30g para la cobertura)
2 huevos
120g de harina
Medio sobre de levadura química
Una cucharadita de extracto de vainilla
Una pizca de sal
60g de almendra laminada
60mL de nata líquida

Preparación:

Precalentamos el horno a 180ºC y preparamos el molde desmoldable forrándolo con papel de hornear o bien untándolo de mantequilla y espolvoreándole harina.

Pelamos las peras, las cortamos en octavos -en 8 trozos iguales-, les retiramos el corazón y las bañamos en el zumo de limón para evitar que se oxiden. 

En un recipiente batimos la mantequilla y los 120g de azúcar hasta que nos quede una mezcla homogénea y cremosa. Entonces agregamos los huevos uno a uno, batiendo bien entre cada adición. Agregamos también la vainilla y todo el zumo de limón donde estaban las peras a remojo. Finalmente agregamos la harina, la levadura y la sal. Mezclamos sin batir en exceso. Vertemos la masa en el fondo del molde e igualamos la superficie.

Colocamos los trozos de pera sobre la masa, dejando un espacio entre cada trozo para que luego la masa tenga espacio para crecer.

En un recipiente mezclamos la nata y los 30g de azúcar y agregamos las almendras laminadas. Repartimos las almendras por toda la superficie de la tarta y vertemos también el líquido restante.

Introducimos en el horno a 180ºC durante 30 minutos. Cada horno es un mundo así que si no conoces bien el tuyo puedes comprobar que esté hecho pinchando en el centro con un cuchillo y viendo si sale limpio; eso sí, nunca abras el horno antes de esos 30 minutos.

Retiramos del horno y dejamos enfriar sobre una rejilla. Una vez fría la desmoldamos y la espolvoreamos con un poco de azúcar glass -opcional- con ayuda de un colador y ya tenemos nuestra deliciosa tarta de pera y almendras.

Espero que la disfrutéis.

sábado, 1 de octubre de 2016

Vichyssoise

Las cremas de verduras son un plato que no falta en mi casa. Las hacemos de todo tipo de verduras y durante todo el año. Nos gustan mucho para cenar, porque son muy fáciles de preparar y cuando llegas cansado de andar todo el día de acá para allá, pues como que no apetece mucho pasarse un par de horas en los fogones. Además, las puedes dejar hechas con antelación y así a la hora de sentarte a la mesa sólo tienes que calentar y listo.

Eso sí, igual que con todos los platos sencillos, los pequeños detalles marcan una diferencia abismal. Con las cremas, para mi gusto, hay dos temas que son fundamentales: el dorado de las verduras y el batido final. Para que la crema tenga buen sabor no basta con echar todas las verduras en agua, cocer y triturar. No. Hay que dorar primero las verduras con un poco de aceite y dejar que en este primer cocinado a altas temperaturas los ingredientes adquieran sabores mucho más ricos. Y no menos importante es la forma de batir la crema una vez cocinadas las verduras. Si tienes un robot de cocina muy potente -tipo Thermomix- será lo ideal: hay que triturar a la máxima potencia durante al menos 2 minutos. No es suficiente con reducir las verduras a un puré, hay que reducirlo todo a una fina crema. Si no tienes un robot de cocina con potencia suficiente, lo mejor que puedes hacer es optar por usar un pasapurés para asegurarte de que en el plato acabado no quedan incómodas fibras de los vegetales.


La receta que os traigo hoy es mundialmente famosa. De origen francés y acabado norteamericano. Se trata de la Vichyssoise, una sopa fría de puerro y patata. Sencilla y deliciosa. Si no os gustan las sopas frías, la podéis tomar caliente también; y además esta crema os puede servir como base para realizar variaciones y preparar multitud de cremas de verduras.

Conste que en general no me gusta añadir patata a las cremas de verduras porque aporta una textura cremosa que si no se tiene cuidado puede resultar poco agradable. Pero en este caso, en las proporciones adecuadas, queda extraordinaria.

Las cantidades que indico son para 6 personas. Podéis multiplicar o dividir para preparar suficiente para todos los comensales que tengáis a la mesa. Además, yo la preparo con agua pero si preferís podéis utilizar un caldo de pollo ó de verduras para darle incluso más sabor. Vamos al lío:

Ingredientes:

400g de puerros
400g de cebolla
400g de patata
600mL de agua
600mL de leche
60mL de aceite de oliva virgen extra
Sal
Pimienta

Preparación:

Lo primero que haremos será pelar, limpiar y lavar las verduras con abundante agua, especialmente los puerros que suelen traer tierra entre las hojas. De los puerros aprovecharemos sólo la parte blanca y el principio de la parte verde; las hojas de color verde oscuro son demasiado fibrosas pero las podéis reservar en la nevera y utilizarlas para aromatizar caldos.

Troceamos las verduras finamente y las ponemos en una olla con el aceita y una pizca de sal. Ponemos a fuego fuerte y vamos removiendo para evitar que se peguen al fondo. Mantendremos las verduras al fuego durante 15 minutos.

Agregamos el agua y dejamos hervir durante otros 15 minutos; inicialmente a fuego fuerte y una vez que empiece el hervor bajamos la potencia del fuego.

A continuación agregamos la leche y trituramos lo más finamente posible con un robot de cocina ó batidora potente -o un pasapurés en caso de no tener batidora de suficiente potencia-. Una vez triturada hasta reducirla a una crema muy suave ajustamos el punto de sal y le añadimos un toque de pimienta molida.

Dejamos que se atempere la crema y la introducimos en la nevera para que se enfríe por completo.

Se sirve en platos hondos ó cuencos que podéis introducir también en la nevera ó el congelador durante un rato para que la crema se mantenga muy fría mientras la comemos. La decoración clásica de la vichyssoise es con un poco de perejil ó cebollino picados, pero podéis decorarlo a vuestro gusto.

Si queréis tomar la crema caliente os podéis saltar todo el paso anterior y servirla recién hecha.

Espero que la disfrutéis.

lunes, 5 de septiembre de 2016

Tarta mousse de queso

No sé cómo hemos llegado hasta aquí sin haber publicado ninguna tarta de queso en condiciones en el blog. Es muy probable que las tartas de queso ó "cheesecakes" sean uno de los postres más populares hoy en día... no hay restaurante que no tenga una entre sus postres, sea al horno ó cuajada en frío, New York cheesecake en los más "cool" y hasta versiones japonesas súper esponjosas para los más "trendy".

En casa es una de las tartas que más preparamos, por eso no me explico cómo es que no tenía ninguna publicada aquí. Pero tranquilos, que hoy le ponemos remedio. Os traigo una versión de las más comunes, cuajada en frío, sin necesidad de horno. Muy fácil y resultona.


Ideal para principiantes. Sólo hay que tener un par de precauciones y el éxito está asegurado. Al tratarse de una receta muy común yo os enseño mi versión con un par de detalles que para mi gusto le dan un toque especial. Si os sentís aventureros, sobre la base de esta receta podéis empezar a realizar modificaciones con relativa facilidad.

Como es norma en este tipo de tartas, tenemos 3 capas: la base de galleta, la mousse de queso y la cobertura de frutos rojos. Creo que todas ellas son igual de importantes y descuidar una puede arruinar toda la tarta.

La base de galleta debe quedar firme pero no dura, que sea fácil partirla sin necesidad de sacar el martillo y el cincel; para eso será fundamental la proporción de mantequilla y un pequeño truco que os cuento en la receta.

La mousse de queso debe ser eso: mousse. Una crema esponjosa y suave, no una gelatina maciza; se puede aromatizar, generalmente con vainilla ó limón, pero debe saber a queso, que para eso es el ingrediente principal.

Por último, la cobertura... encontraréis que muchas recetas reparten mermelada directamente sobre la tarta: a mi me da bastante asco comerme la mermelada a cucharadas, así que opto por preparar una salsa tipo coulis. Por simplificar y porque los frutos rojos son muy estacionales y es difícil conseguirlos frescos todo el año hago trampas y no preparo un coulis con frutas frescas, sino que parto de una mermelada pero si estáis inspirados podéis hacerlo con fruta fresca y tanto mejor será el resultado. En este caso yo utilicé mermelada de moras, pero podéis utilizar mermelada de frambuesas, de arándanos, de fresas... incluso combinaciones a vuestro gusto.


No os dejéis impresionar por la lista de ingredientes o por lo largo del texto de la explicación. Es uno de esos casos en los que es más complicado explicarlo que hacerlo y además preferí explicarlo con todo lujo de detalles para que hasta los más inexpertos se animen y triunfen. Vamos al lío:

Ingredientes:

1 rulo de galletas María
80g de mantequilla
1 cucharada de leche

600g de queso crema
600g de nata para montar
3 huevos
200g de azúcar
2 cucharaditas de extracto de vainilla
100mL de leche
1 sobre de gelatina neutra

150g de mermelada al gusto
50mL de agua
25g de azúcar
El zumo de medio limón
Media cucharadita de almidón de maíz (Maizena)
Un chorrito de licor al gusto (en mi caso Cointreau)

Preparación:

En un robot de cocina ponemos las galletas y las trituramos por completo. Si no tenéis robot de cocina, podéis meter las galletas en una bolsa y machacarlas con un rodillo hasta reducirlas a polvo. Agregamos la mantequilla a temperatura ambiente y la cucharada de leche y mezclamos hasta que adquiera la textura de una arena muy ligeramente pegajosa. La leche aporta un punto de humedad que ayuda a que la textura final de la base sea mejor. Evitad poner la mantequilla fundida, pues es más fácil que así quede un bloque de galleta duro.

Sobre la bandeja o plato en el que vayamos a servir la tarta ponemos un aro. Yo utilizo el aro de un molde desmoldable de 24cm sin la base, así al retirar el aro la tarta ya queda en el propio plato de servir. Vertemos la galleta en el molde y la repartimos por igual por toda la base, aplastándola ligeramente con ayuda de una cuchara. Ojo, no hay que aplastar en exceso para que no quede muy dura después.

Ponemos a calentar la leche en un cazo al fuego. Cuando esté cerca del punto de ebullición retiramos del fuego, agregamos la gelatina en polvo y revolvemos hasta que se haya disuelto por completo. Dejamos reposar para que pierda temperatura.

Mientras tanto en un recipiente amplio y con ayuda de unas varillas batimos el queso crema para que adquiera una textura homogénea y untuosa. Agregamos la leche con la gelatina poco a poco y batiendo para que se vaya incorporando a la crema. Si no estáis seguros de que la gelatina se haya disuelto por completo tened la precaución de colar el líquido con un colador fino para retener posibles grumos que luego son muy desagradables.

Por otro lado, montamos la nata y la agregamos, una vez montada, a la crema de queso. Mezclamos con movimientos envolventes para que no se pieda nada del aire que estamos incorporando a la crema.

En un recipiente ponemos los huevos, el azúcar y la vainilla y batimos con unas varillas hasta blanquearlos, es decir, que se vuelvan esponjosos y con un color pálido. Si tenéis un robot de cocina o unas varillas eléctricas os resultará más fácil; sino hacedlo a mano con paciencia: si colocáis el recipiente sobre otro de mayor tamaño con agua caliente (caliente, no hirviendo) os resultará más fácil. Agregamos los huevos a la mezcla y terminamos de mezclar con movimientos envolventes.

Vertemos la crema sobre la base de galleta y repartimos igualando la superficie. Reservamos en la nevera hasta que cuaje, generalmente toda una noche de reposo es necesaria.

Preparamos la cobertura para que podamos agregarla fría a la tarta una vez cuajada.

En un cazo ponemos al fuego la mermelada, el zumo de limón, el licor, el azúcar y la maizena disuelta en el agua fría. Mezclamos bien y llevamos a ebullición removiendo con unas varillas para comprobar la textura y evitar que se pegue. La salsa debe espesar ligeramente, adquiriendo la textura de una miel ligera. Llegados a este punto, retiramos del fuego y colamos la salsa con un colador fino para retirar las semillas de las frutas o cualquier posible grumo que haya quedado. Reservamos en la nevera.

Cuando la tarta haya cuajado retiramos el aro desmoldable. Podemos ayudarnos de una puntilla o espátula fina, pasándola por el borde de la tarta antes de retirar el aro. Vertemos la salsa de frutos rojos por encima y la repartimos por toda la superficie. A mi me gusta que la salsa chorree por los bordes, pero si preferís podéis dejarla sólo por encima, pues la textura de la salsa permite servirla como más nos guste.

Y ya está lista para disfrutar.

lunes, 25 de julio de 2016

Bolo de bolacha de limón

Ya os enseñé el Bolo de bolacha tradicional en otra ocasión. Aquella tarta que es a Portugal lo que el tiramisú a Italia. Si no la habéis probado deberíais parar aquí mismo, copiar la mencionada receta, cerrar el ordenador y salir corriendo a vuestras cocinas. Es fácil, con ingredientes comunes y está para morirse.

Pero para los que no os guste el café o ya os hayáis aburrido de los éxitos cosechados con la versión tradicional, os traigo hoy una versión diferente, más fresca: sustituímos el café y la canela por limón, salvia y menta, y le añadimos un toque de queso crema. Apetecible ¿no?


Todo empezó pensando qué postre preparar para una comida familiar. Pensé en hacer el Bolo de bolacha tradicional por no complicarme demasiado y porque siempre triunfa, pero me avisaron de que no preparase nada con café porque a uno de los invitados no le gustaba el café.

Así que decidí versionar la receta y cambiar el café por limón. Preparé un almíbar de limón muy potente para emborrachar las galletas y para aromatizar la nata de la tarta. Además al almíbar le di un toque de salvia y menta para conseguir un sabor todavía más fresco. También reduje la proporción de galletas para hacerla más ligera.

La preparación es un poco más laboriosa que la versión tradicional, principalmente porque hay que elaborar el almíbar de limón, pero el resultado bien merece el esfuerzo.

Ingredientes del almíbar:

140 g de azúcar
140 mL de zumo de limón
La piel de 4 limones (sólo la parte amarilla)
6 hojas de salvia
6 hojas de menta
Opcional: un chorrito del licor de vuestra preferencia (en mi caso Cointreau)

Ingredientes para la tarta:

El almíbar de limón
100 mL de agua fría
1 L de nata para montar
150 g de queso crema (tipo Philadelphia)
150 g de azúcar glass
100 mL de leche
2 rulos de galletas María (del tipo "tostada" y no "dorada" porque absorben mejor los líquidos).

Preparación:

Empezamos preparando el almíbar: ponemos en el vaso de un robot de cocina o la Thermomix el azúcar, la piel de los limones, las hojas de menta y las de salvia y trituramos hasta conseguir trocitos pequeños para poder extraer bien todo su sabor.

Agregamos el zumo de limon y el licor de nuestra elección -en caso de querer ponérselo- y lo ponemos a fuego medio-fuerte hasta que adquiera la textura de un jarabe. Si lo hacemos en la Thermomix programamos 7 minutos a 100º y velocidad 4.

A continuación colamos el almíbar para retirar los trozos de limón y hierbas. Reservamos.

Dividimos el almíbar en dos partes: 150 mL los diluímos con los 100 mL de agua fría para emborrachar las galletas después. El resto del almíbar lo reservamos para aromatizar la nata.

En un bol ponemos el queso crema y el azúcar glass y batimos con unas varillas hasta formar una crema homogénea sin grumos. Agregamos el almíbar reservado y mezclamos bien. A continuación, añadimos la nata y montamos la mezcla. Finalmente aligeramos la crema con los 100 mL de leche y reservamos.

Ponemos el aro de un molde desmontable sobre la bandeja donde vayamos a servir la tarta. Yo utilizo uno de 24 cm de diámetro. Sellamos el borde entre el aro y la bandeja (por la parte interior) con un poco de queso crema para evitar que luego se filtren líquidos fuera del molde.

Procedemos al montaje de la tarta: ponemos una capa de galletas María mojadas en el almíbar, agregamos una capa de nata, otra capa de galletas emborrachadas, otra capa de nata... continuamos hasta terminar la crema, teniendo la precaución de acabar el montaje siempre con una capa de crema. Alisamos bien esta última capa y dejamos en la nevera reposando hasta que la tarta coja cuerpo (yo suelo prepararla la noche anterior y así reposa toda la noche en la nevera).

Finalmente, pasamos un cuchillo fino ó una espátula por el borde de la tarta y retiramos el aro. Alisamos la superficie de la tarta con una espátula y decoramos a nuestro gusto. Un truco para alisar la tarta es mojar la espátula en agua caliente antes de cada pasada.

A disfrutar!

martes, 8 de septiembre de 2015

Tarta de cerveza negra y chocolate

Hace mucho tiempo que quería publicar esta tarta en el blog porque siempre que la preparo es un éxito rotundo. No hay paladar que se resista a comer un segundo trozo.

Seguramente muchos ya la conoceréis pues a estas alturas es un clásico de internet. La versión más popular es la que se prepara con cerveza Guinness, así que quizás a algunos os suene más el nombre en inglés "Chocolate Guinness Cake". Personalmente, no me suelo preocupar de la marca sino que utilizo cualquier cerveza negra... la que encuentre primero (a veces no es fácil encontrar cerveza negra en según qué supermercados) o la más barata en caso de que haya variedad.


Como de cualquier receta famosa encontraréis mil y una versiones. Yo no pretendo estar descubriendo la pólvora con esta receta, pues no me la he inventado yo. Ésta es simplemente mi versión; la versión en la que he estado trabajando para obtener los mejores resultados: un bizcocho jugoso y una crema con buena textura y que contraste en sabor. Mis recetas de cabecera en este caso han sido la de Nigella Lawson y la de Trotamundos.

Veréis por internet versiones de esta tarta donde el bizcocho se parece bastante a un bizcocho tradicional, alto y esponjoso o incluso tirando a seco. Ese no es el tipo de bizcocho que yo busco. Para mi gusto, el bizcocho de esta tarta tiene que ser jugoso y denso, con el punto justo de esponjosidad, pero sin estar demasiado aireado. Para ello es clave el tamaño del molde, pues si utilizamos un molde demasiado pequeño, el bizcocho será muy alto y no se cocerá de manera uniforme: quedará muy seco por fuera y la capa de crema será demasiado escasa para tanto bizcocho. Yo utilizo un molde desmontable de 27 centímetros de diámetro. De esta forma, el bizcocho no quedará excesivamente alto, será jugoso tanto por dentro como por fuera y en cada cucharada tendremos una buena proporción de bizcocho y de crema.

La preparación de la tarta es en general muy sencilla, siendo el punto clave el horneado. La masa del bizcocho es muy líquida (que nadie se asuste al prepararla) y al hornearla quedará muy tierna, tanto que tendréis la tentación de dejarla en el horno 5 minutos más. No lo hagáis, con eso sólo conseguiréis que el bizcocho se seque. Evidentemente, cada horno es un mundo, y los tiempos que yo os pueda dar son aproximados: Tardará entre 45 y 60 minutos pero las primeras veces tendréis que estar muy atentos para y probar a pincharlo con un palillo ó un cuchillo a cada rato. En el momento que al pincharlo salga limpio estará hecho, aunque parezca que está demasiado tierno. Al enfriar adquirirá consistencia.

Ingredientes:

250mL de cerveza negra
250g de mantequilla
75g de cacao puro en polvo sin azúcar
400g de azúcar
250g de harina
2 y 1/2 cucharaditas de bicarbonato
2 huevos
140mL de nata líquida
1 cucharadita de extracto de vainilla

250mL de nata líquida
100g de azúcar glass
400g de queso crema

Preparación:

Precalentamos el horno a 180ºC.

En un cazo ponemos la cerveza y la mantequilla y lo calentamos hasta que la mantequilla se funda.

Mientras tanto, mezclamos en un bol el cacao, el azúcar, la harina y el bicarbonato. Reservamos.

Batimos los huevos con la nata y la vainilla. A esta mezcla le añadimos la cerveza con mantequilla y a continuación vertemos la mezcla de líquidos sobre la mezcla de ingredientes secos. Mezclamos bien hasta homogeneizar. La masa resultante es muy líquida.

Vertemos la mezcla en un molde desmontable cuya base habremos cubierto con papel de horno previamente. Horneamos 45 minutos, hasta que al pincharlo con un cuchillo salga limpio.

Retiramos del horno y dejamos templar. Pasamos un cuchillo por el borde del molde para asegurarnos de que está despegado y retiramos el aro. Le damos la vuelta al bizcocho sobre la bandeja en la que vayamos a servir la tarta y dejamos que se enfríe por completo.

Cuando el bizcocho esté frío preparamos la crema para la cobertura: batimos la nata líquida muy fría hasta que esté semimontada. Le agregamos el azúcar y terminamos de montar la nata. Por último añadimos el queso crema y seguimos batiendo con las varillas hasta que quede perfectamente incorporado.

Vertemos la crema sobre el bizcocho y la repartimos por toda la superficie. No hace falta cubrir los laterales ni alisar la superficie; ese aspecto desaliñado es parte del encanto de esta tarta.

Reservamos en la nevera al menos un par de horas para que la crema coja consistencia y los sabores se asienten.

A disfrutar!

jueves, 3 de septiembre de 2015

Albóndigas a la jardinera

En mi casa las albóndigas siempre se han hecho guisadas con cebolla y zanahoria. La versión clásica con tomate es "aquella de la que no hablamos" e intentar ejecutarla te costará caras de desaprobación. Diré en nuestra defensa, que nuestra receta de albóndigas guisadas está de cine y somos gentes de costumbres...

No, no es una receta de dieta precisamente, pero el gustazo bien vale la lorza. Acompañadas de arroz blanco, patatas fritas ó una buena barra de pan: una delicia.


La receta, aunque sencilla, es un pelín laboriosa por lo que una vez que te pones con las manos en la masa es conveniente hacer una buena cantidad y aprovechar para congelar unas cuantas raciones. Así puedes disfrutar de una comida de lujo en cualquier momento. Descongelar y listo!

En este caso las he hecho con carne de cerdo, pero podéis utilizar ternera, pollo, solas o mezcladas en diferentes proporciones... al gusto del consumidor. Para esta receta utilizo vino de Oporto porque le da un toque diferente, pero podéis utilizar un buen vino blanco y está espectacular igualmente.

Ingredientes:

800g de carne picada
100g de pan rallado
2 huevos
2 cucharadas de vino de Oporto
1 cucharadita rasa de ajo molido
1 cucharadita rasa de perejil picado
Una pizca de pimienta

Harina
Aceite de oliva virgen extra

1 cebolla grande
1 zanahoria
1/2 pimiento rojo
1/2 pimiento verde
2 tomates grandes
100mL de vino de Oporto
1 pastilla de caldo concentrado
Azafrán
Agua
Sal

Preparación:

Mezclamos la carne con el pan rallado, los huevos, el vino, el ajo, el perejil y la pimienta. Amasamos con la mano hasta conseguir una mezcla homogénea. Este paso se puede preparar con antelación, dejando la mezcla en la nevera hasta el momento en que vayamos a utilizarla.

Con la mezcla de carne formamos bolas de un tamaño un poco mayor que una nuez. Las pasamos por harina, retirando el exceso, y reservamos.

En una sartén ponemos aceite de oliva virgen extra y doramos las albóndigas por todos sus lados. Las retiramos de la sartén a una olla amplia y reservamos.

Retiramos el aceite de la sartén y lo filtramos ó lo decantamos para retirar los restos de harina que se hayan quedado, pues darían mal sabor a la preparación. Troceamos la cebolla, la zanahoria y los pimientos en cuadraditos y los sofreímos aprovechando una parte del aceite que filtramos.

Cuando las verduras estén blandas les añadimos el vino y evaporamos el alcohol durante un par de minutos. A continuación agregamos los tomates triturados, el azafrán, la pastilla de caldo y la sal y dejamos que hierva durante unos minutos.

Vertemos el sofrito sobre las albóndigas y cubrimos con agua. El agua y la pastilla de caldo se podrían sustituir por caldo casero si estáis inspirados; de cualquier forma, la pastilla hace un buen trabajo en este caso. Ponemos a fuego fuerte hasta que empiece a hervir; entonces lo bajamos a fuego suave y mantenemos así durante 30-40 minutos.

La salsa cogerá cuerpo y las albóndigas estarán tiernas. Rectificamos el punto de sal y estarán listas para servir.

Con estas cantidades salen unas 30 albóndigas; suficiente para deleitar a 5-6 paladares exigentes.

A disfrutar!