No sé cómo hemos llegado hasta aquí sin haber publicado ninguna tarta de queso en condiciones en el blog. Es muy probable que las tartas de queso ó "cheesecakes" sean uno de los postres más populares hoy en día... no hay restaurante que no tenga una entre sus postres, sea al horno ó cuajada en frío, New York cheesecake en los más "cool" y hasta versiones japonesas súper esponjosas para los más "trendy".
En casa es una de las tartas que más preparamos, por eso no me explico cómo es que no tenía ninguna publicada aquí. Pero tranquilos, que hoy le ponemos remedio. Os traigo una versión de las más comunes, cuajada en frío, sin necesidad de horno. Muy fácil y resultona.
Ideal para principiantes. Sólo hay que tener un par de precauciones y el éxito está asegurado. Al tratarse de una receta muy común yo os enseño mi versión con un par de detalles que para mi gusto le dan un toque especial. Si os sentís aventureros, sobre la base de esta receta podéis empezar a realizar modificaciones con relativa facilidad.
Como es norma en este tipo de tartas, tenemos 3 capas: la base de galleta, la mousse de queso y la cobertura de frutos rojos. Creo que todas ellas son igual de importantes y descuidar una puede arruinar toda la tarta.
La base de galleta debe quedar firme pero no dura, que sea fácil partirla sin necesidad de sacar el martillo y el cincel; para eso será fundamental la proporción de mantequilla y un pequeño truco que os cuento en la receta.
La mousse de queso debe ser eso: mousse. Una crema esponjosa y suave, no una gelatina maciza; se puede aromatizar, generalmente con vainilla ó limón, pero debe saber a queso, que para eso es el ingrediente principal.
Por último, la cobertura... encontraréis que muchas recetas reparten mermelada directamente sobre la tarta: a mi me da bastante asco comerme la mermelada a cucharadas, así que opto por preparar una salsa tipo coulis. Por simplificar y porque los frutos rojos son muy estacionales y es difícil conseguirlos frescos todo el año hago trampas y no preparo un coulis con frutas frescas, sino que parto de una mermelada pero si estáis inspirados podéis hacerlo con fruta fresca y tanto mejor será el resultado. En este caso yo utilicé mermelada de moras, pero podéis utilizar mermelada de frambuesas, de arándanos, de fresas... incluso combinaciones a vuestro gusto.
No os dejéis impresionar por la lista de ingredientes o por lo largo del texto de la explicación. Es uno de esos casos en los que es más complicado explicarlo que hacerlo y además preferí explicarlo con todo lujo de detalles para que hasta los más inexpertos se animen y triunfen. Vamos al lío:
Ingredientes:
1 rulo de galletas María
80g de mantequilla
1 cucharada de leche
600g de queso crema
600g de nata para montar
3 huevos
200g de azúcar
2 cucharaditas de extracto de vainilla
100mL de leche
1 sobre de gelatina neutra
150g de mermelada al gusto
50mL de agua
25g de azúcar
El zumo de medio limón
Media cucharadita de almidón de maíz (Maizena)
Un chorrito de licor al gusto (en mi caso Cointreau)
Preparación:
En un robot de cocina ponemos las galletas y las trituramos por completo. Si no tenéis robot de cocina, podéis meter las galletas en una bolsa y machacarlas con un rodillo hasta reducirlas a polvo. Agregamos la mantequilla a temperatura ambiente y la cucharada de leche y mezclamos hasta que adquiera la textura de una arena muy ligeramente pegajosa. La leche aporta un punto de humedad que ayuda a que la textura final de la base sea mejor. Evitad poner la mantequilla fundida, pues es más fácil que así quede un bloque de galleta duro.
Sobre la bandeja o plato en el que vayamos a servir la tarta ponemos un aro. Yo utilizo el aro de un molde desmoldable de 24cm sin la base, así al retirar el aro la tarta ya queda en el propio plato de servir. Vertemos la galleta en el molde y la repartimos por igual por toda la base, aplastándola ligeramente con ayuda de una cuchara. Ojo, no hay que aplastar en exceso para que no quede muy dura después.
Ponemos a calentar la leche en un cazo al fuego. Cuando esté cerca del punto de ebullición retiramos del fuego, agregamos la gelatina en polvo y revolvemos hasta que se haya disuelto por completo. Dejamos reposar para que pierda temperatura.
Mientras tanto en un recipiente amplio y con ayuda de unas varillas batimos el queso crema para que adquiera una textura homogénea y untuosa. Agregamos la leche con la gelatina poco a poco y batiendo para que se vaya incorporando a la crema. Si no estáis seguros de que la gelatina se haya disuelto por completo tened la precaución de colar el líquido con un colador fino para retener posibles grumos que luego son muy desagradables.
Por otro lado, montamos la nata y la agregamos, una vez montada, a la crema de queso. Mezclamos con movimientos envolventes para que no se pieda nada del aire que estamos incorporando a la crema.
En un recipiente ponemos los huevos, el azúcar y la vainilla y batimos con unas varillas hasta blanquearlos, es decir, que se vuelvan esponjosos y con un color pálido. Si tenéis un robot de cocina o unas varillas eléctricas os resultará más fácil; sino hacedlo a mano con paciencia: si colocáis el recipiente sobre otro de mayor tamaño con agua caliente (caliente, no hirviendo) os resultará más fácil. Agregamos los huevos a la mezcla y terminamos de mezclar con movimientos envolventes.
Vertemos la crema sobre la base de galleta y repartimos igualando la superficie. Reservamos en la nevera hasta que cuaje, generalmente toda una noche de reposo es necesaria.
Preparamos la cobertura para que podamos agregarla fría a la tarta una vez cuajada.
En un cazo ponemos al fuego la mermelada, el zumo de limón, el licor, el azúcar y la maizena disuelta en el agua fría. Mezclamos bien y llevamos a ebullición removiendo con unas varillas para comprobar la textura y evitar que se pegue. La salsa debe espesar ligeramente, adquiriendo la textura de una miel ligera. Llegados a este punto, retiramos del fuego y colamos la salsa con un colador fino para retirar las semillas de las frutas o cualquier posible grumo que haya quedado. Reservamos en la nevera.
Cuando la tarta haya cuajado retiramos el aro desmoldable. Podemos ayudarnos de una puntilla o espátula fina, pasándola por el borde de la tarta antes de retirar el aro. Vertemos la salsa de frutos rojos por encima y la repartimos por toda la superficie. A mi me gusta que la salsa chorree por los bordes, pero si preferís podéis dejarla sólo por encima, pues la textura de la salsa permite servirla como más nos guste.
Y ya está lista para disfrutar.
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lunes, 5 de septiembre de 2016
martes, 8 de septiembre de 2015
Tarta de cerveza negra y chocolate
Hace mucho tiempo que quería publicar esta tarta en el blog porque siempre que la preparo es un éxito rotundo. No hay paladar que se resista a comer un segundo trozo.
Seguramente muchos ya la conoceréis pues a estas alturas es un clásico de internet. La versión más popular es la que se prepara con cerveza Guinness, así que quizás a algunos os suene más el nombre en inglés "Chocolate Guinness Cake". Personalmente, no me suelo preocupar de la marca sino que utilizo cualquier cerveza negra... la que encuentre primero (a veces no es fácil encontrar cerveza negra en según qué supermercados) o la más barata en caso de que haya variedad.
400g de azúcar
250g de harina
2 y 1/2 cucharaditas de bicarbonato
2 huevos
140mL de nata líquida
1 cucharadita de extracto de vainilla
250mL de nata líquida
100g de azúcar glass
400g de queso crema
Preparación:
Precalentamos el horno a 180ºC.
En un cazo ponemos la cerveza y la mantequilla y lo calentamos hasta que la mantequilla se funda.
Mientras tanto, mezclamos en un bol el cacao, el azúcar, la harina y el bicarbonato. Reservamos.
Batimos los huevos con la nata y la vainilla. A esta mezcla le añadimos la cerveza con mantequilla y a continuación vertemos la mezcla de líquidos sobre la mezcla de ingredientes secos. Mezclamos bien hasta homogeneizar. La masa resultante es muy líquida.
Vertemos la mezcla en un molde desmontable cuya base habremos cubierto con papel de horno previamente. Horneamos 45 minutos, hasta que al pincharlo con un cuchillo salga limpio.
Retiramos del horno y dejamos templar. Pasamos un cuchillo por el borde del molde para asegurarnos de que está despegado y retiramos el aro. Le damos la vuelta al bizcocho sobre la bandeja en la que vayamos a servir la tarta y dejamos que se enfríe por completo.
Cuando el bizcocho esté frío preparamos la crema para la cobertura: batimos la nata líquida muy fría hasta que esté semimontada. Le agregamos el azúcar y terminamos de montar la nata. Por último añadimos el queso crema y seguimos batiendo con las varillas hasta que quede perfectamente incorporado.
Vertemos la crema sobre el bizcocho y la repartimos por toda la superficie. No hace falta cubrir los laterales ni alisar la superficie; ese aspecto desaliñado es parte del encanto de esta tarta.
Reservamos en la nevera al menos un par de horas para que la crema coja consistencia y los sabores se asienten.
A disfrutar!
Seguramente muchos ya la conoceréis pues a estas alturas es un clásico de internet. La versión más popular es la que se prepara con cerveza Guinness, así que quizás a algunos os suene más el nombre en inglés "Chocolate Guinness Cake". Personalmente, no me suelo preocupar de la marca sino que utilizo cualquier cerveza negra... la que encuentre primero (a veces no es fácil encontrar cerveza negra en según qué supermercados) o la más barata en caso de que haya variedad.
Como de cualquier receta famosa encontraréis mil y una versiones. Yo no pretendo estar descubriendo la pólvora con esta receta, pues no me la he inventado yo. Ésta es simplemente mi versión; la versión en la que he estado trabajando para obtener los mejores resultados: un bizcocho jugoso y una crema con buena textura y que contraste en sabor. Mis recetas de cabecera en este caso han sido la de Nigella Lawson y la de Trotamundos.
Veréis por internet versiones de esta tarta donde el bizcocho se parece bastante a un bizcocho tradicional, alto y esponjoso o incluso tirando a seco. Ese no es el tipo de bizcocho que yo busco. Para mi gusto, el bizcocho de esta tarta tiene que ser jugoso y denso, con el punto justo de esponjosidad, pero sin estar demasiado aireado. Para ello es clave el tamaño del molde, pues si utilizamos un molde demasiado pequeño, el bizcocho será muy alto y no se cocerá de manera uniforme: quedará muy seco por fuera y la capa de crema será demasiado escasa para tanto bizcocho. Yo utilizo un molde desmontable de 27 centímetros de diámetro. De esta forma, el bizcocho no quedará excesivamente alto, será jugoso tanto por dentro como por fuera y en cada cucharada tendremos una buena proporción de bizcocho y de crema.
La preparación de la tarta es en general muy sencilla, siendo el punto clave el horneado. La masa del bizcocho es muy líquida (que nadie se asuste al prepararla) y al hornearla quedará muy tierna, tanto que tendréis la tentación de dejarla en el horno 5 minutos más. No lo hagáis, con eso sólo conseguiréis que el bizcocho se seque. Evidentemente, cada horno es un mundo, y los tiempos que yo os pueda dar son aproximados: Tardará entre 45 y 60 minutos pero las primeras veces tendréis que estar muy atentos para y probar a pincharlo con un palillo ó un cuchillo a cada rato. En el momento que al pincharlo salga limpio estará hecho, aunque parezca que está demasiado tierno. Al enfriar adquirirá consistencia.
Ingredientes:
250mL de cerveza negra
250g de mantequilla
75g de cacao puro en polvo sin azúcar400g de azúcar
250g de harina
2 y 1/2 cucharaditas de bicarbonato
2 huevos
140mL de nata líquida
1 cucharadita de extracto de vainilla
250mL de nata líquida
100g de azúcar glass
400g de queso crema
Preparación:
Precalentamos el horno a 180ºC.
En un cazo ponemos la cerveza y la mantequilla y lo calentamos hasta que la mantequilla se funda.
Mientras tanto, mezclamos en un bol el cacao, el azúcar, la harina y el bicarbonato. Reservamos.
Batimos los huevos con la nata y la vainilla. A esta mezcla le añadimos la cerveza con mantequilla y a continuación vertemos la mezcla de líquidos sobre la mezcla de ingredientes secos. Mezclamos bien hasta homogeneizar. La masa resultante es muy líquida.
Vertemos la mezcla en un molde desmontable cuya base habremos cubierto con papel de horno previamente. Horneamos 45 minutos, hasta que al pincharlo con un cuchillo salga limpio.
Retiramos del horno y dejamos templar. Pasamos un cuchillo por el borde del molde para asegurarnos de que está despegado y retiramos el aro. Le damos la vuelta al bizcocho sobre la bandeja en la que vayamos a servir la tarta y dejamos que se enfríe por completo.
Cuando el bizcocho esté frío preparamos la crema para la cobertura: batimos la nata líquida muy fría hasta que esté semimontada. Le agregamos el azúcar y terminamos de montar la nata. Por último añadimos el queso crema y seguimos batiendo con las varillas hasta que quede perfectamente incorporado.
Vertemos la crema sobre el bizcocho y la repartimos por toda la superficie. No hace falta cubrir los laterales ni alisar la superficie; ese aspecto desaliñado es parte del encanto de esta tarta.
Reservamos en la nevera al menos un par de horas para que la crema coja consistencia y los sabores se asienten.
A disfrutar!
jueves, 3 de enero de 2013
Pastel de piña invertido
Antes de nada, quiero desearos a todos un feliz 2013. El 2012 fue un gran año para mi por muchos motivos; sin duda, es un año que no olvidaré fácilmente y tengo la sensación de que el 2013 viene cargado de sorpresas.
Hace ya casi un mes desde que publiqué la última receta pero con las fiestas y algunos asuntos que requerían mi atención, apenas tuve tiempo para detenerme a cocinar, sacar fotos y todo el trabajo que hay detrás de cada entrada. Sin embargo, sí hice algunos experimentos rápidos que tenía pendientes; algunos todavía necesitan más trabajo de I+D pero otros verán la luz pronto, entre ellos este pastel de piña que os enseño hoy.
Se trata de uno de esos bizcochos que llevan piña y caramelo en el fondo, al que se le da la vuelta después de horneado. Obviamente, no estoy descubriendo la pólvora con esto de los pasteles invertidos (ó como dirían los anglófilos: "upside down cake") pero ésta es mi receta y os la quiero enseñar.
Yo siempre os animo a preparar vuestro propio caramelo en lugar de utilizar el caramelo comprado, porque así le podéis dar el punto que más os guste; pero en este caso es algo fundamental, pues el caramelo tiene que ser muy clarito para que durante el horneado no se tueste de más y nos amargue la receta. Además, aprovecharemos para aromatizarlo y así el resultado final será de traca.
Por favor, no me utilicéis piña de lata... su sabor no le llega ni a la suela del zapato al de la piña natural. Pelar y trocear la piña fresca es un pequeño esfuerzo que marcará la diferencia entre un pastel de piña mediocre y uno espectacular.
En cuanto al bizcocho, no quise hacer uno esponjoso y aireado; en este caso es un bizcocho denso y jugoso, gracias a sus componentes principales: mantequilla y queso. Los bordes del bizcocho quedan crujientes, recordando casi a una pasta de té -sobre todo por su sabor a mantequilla- y el interior queda húmedo y sabroso. La piña caramelizada por arriba completa la paleta de sabores y hace que cada bocado sea un placer.
Vamos a ponernos manos a la obra:
Ingredientes:
200g de piña natural cortada en daditos
100g de azúcar
Media cucharadita de canela en polvo
Una pizca generosa de sal
2 cucharadas de agua
125g de queso de untar
125g de azúcar
125g de mantequilla a temperatura ambiente
2 huevos
1 cucharadita de extracto de vainilla
250g de harina
1 cucharadita de levadura
Preparación:
Precalentamos el horno a 180ºC.
Ponemos en una sartén ó en una tartera los 100g de azúcar, la canela, la sal y el agua y preparamos un caramelo muy clarito, que apenas empiece a tomar un tono dorado. Entonces añadimos la piña troceada y subimos el fuego para evaporar el agua que suelte. Revolveremos la mezcla frecuentemente para que no se nos pase el punto del caramelo. Cuando empiece a espesar lo retiramos del fuego y lo repartimos en el fondo del molde que vayamos a utilizar -yo lo preparo directamente en la tartera de acero que luego utilizo como molde-.
Por otro lado, ponemos en un recipiente el queso de untar, los 125g de azúcar y la mantequilla y lo batimos todo hasta conseguir una crema homogénea. Añadimos los huevos y la vainilla y mezclamos bien.
Entonces agregamos la harina y la levadura tamizadas y batimos hasta homogeneizar. Quedará una masa muy espesa.
Repartimos la masa sobre la piña. Como es una masa muy densa, iremos repartiendo "pegotes" por encima de toda la piña y, finalmente, alisamos la superficie.
Horneamos durante 45-50 minutos a 180ºC, hasta que al pinchar el bizcocho el cuchillo salga limpio.
Al retirarlo del horno, pasamos un cuchillo ó espátula por el borde del molde para despegar el pastel y le damos la vuelta -con cuidado de no quemarnos- sobre el plato en el que lo vayamos a servir.
Podemos servirlo recién salido del horno, todavía caliente, ó frío; es delicioso de ambas formas.
A disfrutar!
Hace ya casi un mes desde que publiqué la última receta pero con las fiestas y algunos asuntos que requerían mi atención, apenas tuve tiempo para detenerme a cocinar, sacar fotos y todo el trabajo que hay detrás de cada entrada. Sin embargo, sí hice algunos experimentos rápidos que tenía pendientes; algunos todavía necesitan más trabajo de I+D pero otros verán la luz pronto, entre ellos este pastel de piña que os enseño hoy.
Se trata de uno de esos bizcochos que llevan piña y caramelo en el fondo, al que se le da la vuelta después de horneado. Obviamente, no estoy descubriendo la pólvora con esto de los pasteles invertidos (ó como dirían los anglófilos: "upside down cake") pero ésta es mi receta y os la quiero enseñar.
Yo siempre os animo a preparar vuestro propio caramelo en lugar de utilizar el caramelo comprado, porque así le podéis dar el punto que más os guste; pero en este caso es algo fundamental, pues el caramelo tiene que ser muy clarito para que durante el horneado no se tueste de más y nos amargue la receta. Además, aprovecharemos para aromatizarlo y así el resultado final será de traca.
Por favor, no me utilicéis piña de lata... su sabor no le llega ni a la suela del zapato al de la piña natural. Pelar y trocear la piña fresca es un pequeño esfuerzo que marcará la diferencia entre un pastel de piña mediocre y uno espectacular.
En cuanto al bizcocho, no quise hacer uno esponjoso y aireado; en este caso es un bizcocho denso y jugoso, gracias a sus componentes principales: mantequilla y queso. Los bordes del bizcocho quedan crujientes, recordando casi a una pasta de té -sobre todo por su sabor a mantequilla- y el interior queda húmedo y sabroso. La piña caramelizada por arriba completa la paleta de sabores y hace que cada bocado sea un placer.
Vamos a ponernos manos a la obra:
Ingredientes:
200g de piña natural cortada en daditos
100g de azúcar
Media cucharadita de canela en polvo
Una pizca generosa de sal
2 cucharadas de agua
125g de queso de untar
125g de azúcar
125g de mantequilla a temperatura ambiente
2 huevos
1 cucharadita de extracto de vainilla
250g de harina
1 cucharadita de levadura
Preparación:
Precalentamos el horno a 180ºC.
Ponemos en una sartén ó en una tartera los 100g de azúcar, la canela, la sal y el agua y preparamos un caramelo muy clarito, que apenas empiece a tomar un tono dorado. Entonces añadimos la piña troceada y subimos el fuego para evaporar el agua que suelte. Revolveremos la mezcla frecuentemente para que no se nos pase el punto del caramelo. Cuando empiece a espesar lo retiramos del fuego y lo repartimos en el fondo del molde que vayamos a utilizar -yo lo preparo directamente en la tartera de acero que luego utilizo como molde-.
Por otro lado, ponemos en un recipiente el queso de untar, los 125g de azúcar y la mantequilla y lo batimos todo hasta conseguir una crema homogénea. Añadimos los huevos y la vainilla y mezclamos bien.
Entonces agregamos la harina y la levadura tamizadas y batimos hasta homogeneizar. Quedará una masa muy espesa.
Repartimos la masa sobre la piña. Como es una masa muy densa, iremos repartiendo "pegotes" por encima de toda la piña y, finalmente, alisamos la superficie.
Horneamos durante 45-50 minutos a 180ºC, hasta que al pinchar el bizcocho el cuchillo salga limpio.
Al retirarlo del horno, pasamos un cuchillo ó espátula por el borde del molde para despegar el pastel y le damos la vuelta -con cuidado de no quemarnos- sobre el plato en el que lo vayamos a servir.
Podemos servirlo recién salido del horno, todavía caliente, ó frío; es delicioso de ambas formas.
A disfrutar!
martes, 24 de julio de 2012
Salsa de verano
En general no soy muy amigo de las salsas: no me veréis nunca poniéndole ketchup a una hamburguesa, ni mostaza a un perrito caliente... aunque sí que las utilizo a veces en algunas recetas en pequeñas cantidades. Mi salsa preferida es, con diferencia, la mayonesa (ó mahonesa, según queráis llamarla) y ésta sí que me gusta para hamburguesas, bocadillos, patatas, ensaladas... pero uno se corta porque no es que sea muy recomendable abusar de estas cosas :)
Experimentando con la mayonesa casera fui haciendo versiones que incorporaban diferentes ingredientes y, al final, llegué a esta salsa que se ha ganado un puesto de honor en todo mi entorno. Nos encanta para acompañar cualquier cosa: desde patatas hasta carnes e incluso como aliño de ensaladas... desde luego, ya no hay barbacoa que se precie donde falte esta salsa.
Es una salsa de textura similar a la mayonesa, aunque no tan espesa como ésta. El sabor que más destaca es el del ajo, pero de todas formas es suave y no oculta los demás sabores del queso y la mostaza. En cuanto a calorías, una cuarta parte del volumen de la salsa es yogur, así que es una salsa mucho más ligera que una mayonesa tradicional, donde la proporción de aceite es casi del 100%; así que, si bien no conviene abusar de nada, nos podemos permitir más libertadas con esta salsa que con otras.
Entenderéis ahora, por qué le puse el nombre de "salsa de verano". Si bien el verano es la época de las barbacoas y las comidas con los amigos y la familia, también es una época en la que mucha gente está preocupada por las calorías de lo que come, así que con esta salsa podremos disfrutar de todo lo que implica el verano sin una preocupación excesiva.
Para preparar esta salsa utilicé huevos ecológicos de los que me envió Diana en su cesta de Ecoenvio, y el resultado fue excelente; no dejéis de visitar su página si queréis disfrutar de productos de primera calidad a muy buen precio.
Os animo a que probéis esta salsa porque os aseguro que gusta a todo el mundo; personalmente, en todas las comidas donde la preparo no deja de recibir elogios. Así que si queréis triunfar con una salsa diferente, tomad buena nota:
Ingredientes:
300 mL de aceite de oliva virgen extra
1 huevo
1 cucharada de vinagre de Jerez
20 mL de agua
3 ajos
1 cucharadita de mostaza
30 g de queso parmesano rallado
1 yogur natural (yo utilizo desnatado)
Perejil picado (opcional)
Sal
Preparación:
Antes de empezar, medimos el aceite de oliva en una jarrita y lo reservamos.
Ponemos en un vaso el huevo, el vinagre, el agua, la sal, los ajos, la mostaza, el queso y medio yogur y lo batimos todo junto hasta homogeneizar.
A continuación, batimos sin parar y vamos añadiendo el aceite poco a poco hasta incorporarlo todo y que quede una salsa ligada. Para terminar, añadimos el resto del yogur y mezclamos suavemente con una espátula o unas varillas hasta incorporarlo. Si queréis, podéis rematarlo mezclando un poco de perejil picado, que le da un aspecto genial a la salsa, aunque en este caso yo no se lo puse.
Como veis, es una receta muy sencilla, así que si tenéis a la vista alguna comida con invitados podéis agasajarlos con esta salsa y seguro que se van de vuestra casa encantados de la vida y deseando volver :)
martes, 19 de junio de 2012
Dip de queso
El verano es una época que se presta especialmente a las actividades de grupo, por supuesto, siempre en torno a una buena comida: las cenas con amigos, las comidas familiares, que si en la casa del pueblo, que si en el jardín, que si nos vamos de picnic al monte ó a pasar el día a la playa... las posibilidades no se acaban.
Hoy os traigo una receta perfecta para servir como picoteo ó como primer plato en cualquiera de estas reuniones. Además, podéis presentarla de diferentes formas y conseguir así platos diferentes para cada ocasión.
Un dip es una crema-salsa para mojar desde unas patatas de bolsa, nachos ó pan hasta verduras crudas e incluso frutas. Este dip de queso está muy rico con cualquiera de estas cosas; servido con patatas fritas puede ser un picoteo más "casual" y servido con bastones de verduras crudas (las famosas y refinadas crudités) nos quedará un plato mucho más estiloso, de esos de sorprender al personal ;)
Algunas de las crudités más habituales son: zanahorias, pepinos, pimientos, apio, champiñones, rábanos... incluso si os gusta experimentar podéis probar con alguna variedad de manzana ácida.
No nos vamos a olvidar de que mucha gente en verano también está preocupada por las calorías de la dieta: no os preocupéis, podéis adaptar fácilmente esta receta con ingredientes "light" y acompañarla de vegetales; así tendréis un plato con un aporte energético aceptable, además de seguir siendo fresco y original.
Ingredientes:
300g de queso de untar tipo Philadelphia
1 yogur natural
1 cebolla dulce mediana (de unos 80-90g)
1 ajo
Una cucharadita de la hierba aromática que queramos: orégano, perejil, tomillo...
Sal
Aceite de oliva virgen extra
Preparación:
Rallamos la cebolla y el ajo muy finamente y le añadimos media cucharadita de sal. Si no utilizáis cebolla dulce (de las que pican poco) podéis dejarla troceada en agua unas horas antes de usarla, así se le irá un poco de "fuerza" (es lo que se suele llamar "desangrado").
Añadimos el queso y el yogur y mezclamos muy bien hasta conseguir una crema lisa. Quedará espesa pero ligeramente fluida, perfecta para mojar pero con una consistencia cómoda como para ser untada en una tostada.
Finalmente añadimos la hierba aromática que hayamos elegido. Podemos ir variando y así no aburrimos al personal con la receta idéntica vez tras vez :) Una vez orégano, otra vez albahaca... Además, le suma cierto valor estético a la crema ;)
A la hora de servirlo le añadimos por encima un poco de aceite de oliva virgen extra, que le dará el toque maestro.
Ya sólo nos queda disfrutar mojando en nuestro delicioso dip :)
Hoy os traigo una receta perfecta para servir como picoteo ó como primer plato en cualquiera de estas reuniones. Además, podéis presentarla de diferentes formas y conseguir así platos diferentes para cada ocasión.
Un dip es una crema-salsa para mojar desde unas patatas de bolsa, nachos ó pan hasta verduras crudas e incluso frutas. Este dip de queso está muy rico con cualquiera de estas cosas; servido con patatas fritas puede ser un picoteo más "casual" y servido con bastones de verduras crudas (las famosas y refinadas crudités) nos quedará un plato mucho más estiloso, de esos de sorprender al personal ;)
Algunas de las crudités más habituales son: zanahorias, pepinos, pimientos, apio, champiñones, rábanos... incluso si os gusta experimentar podéis probar con alguna variedad de manzana ácida.
No nos vamos a olvidar de que mucha gente en verano también está preocupada por las calorías de la dieta: no os preocupéis, podéis adaptar fácilmente esta receta con ingredientes "light" y acompañarla de vegetales; así tendréis un plato con un aporte energético aceptable, además de seguir siendo fresco y original.
Ingredientes:
300g de queso de untar tipo Philadelphia
1 yogur natural
1 cebolla dulce mediana (de unos 80-90g)
1 ajo
Una cucharadita de la hierba aromática que queramos: orégano, perejil, tomillo...
Sal
Aceite de oliva virgen extra
Preparación:
Rallamos la cebolla y el ajo muy finamente y le añadimos media cucharadita de sal. Si no utilizáis cebolla dulce (de las que pican poco) podéis dejarla troceada en agua unas horas antes de usarla, así se le irá un poco de "fuerza" (es lo que se suele llamar "desangrado").
Añadimos el queso y el yogur y mezclamos muy bien hasta conseguir una crema lisa. Quedará espesa pero ligeramente fluida, perfecta para mojar pero con una consistencia cómoda como para ser untada en una tostada.
Finalmente añadimos la hierba aromática que hayamos elegido. Podemos ir variando y así no aburrimos al personal con la receta idéntica vez tras vez :) Una vez orégano, otra vez albahaca... Además, le suma cierto valor estético a la crema ;)
A la hora de servirlo le añadimos por encima un poco de aceite de oliva virgen extra, que le dará el toque maestro.
Ya sólo nos queda disfrutar mojando en nuestro delicioso dip :)
miércoles, 6 de julio de 2011
Requesón
Mucha gente piensa que hacer queso en casa es muy laborioso y sí, hacer un queso curado daría su trabajo, pero preparar este requesón que os voy a enseñar hoy, además de ser de lo más sencillo, nos puede servir para muchísimas recetas, tanto dulces como saladas.
El requesón se prepara aprovechando el suero que se extrae al preparar otros quesos, así que la receta que os pongo a continuación no es exactamente requesón, sino un queso fresco que podemos llamar técnicamente de "coagulación ácida", pero que en la práctica podemos utilizar como requesón. Mencionar aquí que el requesón español es lo mismo que la ricotta italiana, así que si en alguna receta os piden ricotta y no la encontráis en el supermercado (o simplemente preferís hacerla vosotros mismos), podeis utilizar esta receta con total tranquilidad.
Y ahora que nadie se asuste! Esta receta a parte de ser fácil se hace con leche, con cualquier leche de hecho, no hace falta que nadie se vaya a buscar la explotación ganadera más cercana ni nada por el estilo; el típico y común tetrabrick de leche UHT (mejor si es entera) es más que suficiente!
Las cantidades que pongo en la receta son para preparar en torno a 500g de requesón, pero podéis dividir las cantidades ó multiplicarlas en función de vuestras necesidades:
Ingredientes:
3 litros de leche
300ml de zumo de limón (el zumo de 3 limones aprox.)
1 cucharadita de sal
1 yogur natural
Preparación:
En una olla grande ponemos la leche, la mitad del zumo de limón, la sal y removemos bien. Lo ponemos a fuego fuerte y cuando empiece a hervir le añadimos el resto del zumo de limón. Removemos y dejamos que hierva durante 5 minutos más (cuidado de que la leche no empiece a crecer y se nos salga de la olla).
Retiramos del fuego y dejamos templar; cuando la mezcla esté en torno a 40ºC (no hace falta andar con termómetros: si está caliente pero puedes tener el dedo dentro de la mezcla sin quemarte, es una buena temperatura) añadimos el yogur, mezclamos bien y dejamos reposar 1 hora.
El yogur aportará fermentos a la mezcla que mejorarán el sabor del requesón; no es obligatorio añadirlo, pero sí es recomendable.
Pasado el tiempo de reposo y cuando la mezcla ya esté fría (o casi) colaremos la mezcla con un paño fino de algodón. Para ello colocaremos el paño sobre un escurridor ó un colador grande y verteremos la mezcla sobre él; dejaremos que vaya escurriéndose el suero por gravedad y cuando veamos que ya falta poco por escurrir podemos enroscar el paño y apretarlo para extraer el poco suero que quede.
Retiramos nuestro requesón del paño y mantenemos en la nevera para que no se estropee.
Podemos añadirle más sal y especias para tomar como aperitivo, ó servirlo tal cual con miel y nueces, ó utilizarlo para hacer diferentes postres... las posibilidades son todas las que se os puedan ocurrir.
El requesón se prepara aprovechando el suero que se extrae al preparar otros quesos, así que la receta que os pongo a continuación no es exactamente requesón, sino un queso fresco que podemos llamar técnicamente de "coagulación ácida", pero que en la práctica podemos utilizar como requesón. Mencionar aquí que el requesón español es lo mismo que la ricotta italiana, así que si en alguna receta os piden ricotta y no la encontráis en el supermercado (o simplemente preferís hacerla vosotros mismos), podeis utilizar esta receta con total tranquilidad.
Y ahora que nadie se asuste! Esta receta a parte de ser fácil se hace con leche, con cualquier leche de hecho, no hace falta que nadie se vaya a buscar la explotación ganadera más cercana ni nada por el estilo; el típico y común tetrabrick de leche UHT (mejor si es entera) es más que suficiente!
Las cantidades que pongo en la receta son para preparar en torno a 500g de requesón, pero podéis dividir las cantidades ó multiplicarlas en función de vuestras necesidades:
Ingredientes:
3 litros de leche
300ml de zumo de limón (el zumo de 3 limones aprox.)
1 cucharadita de sal
1 yogur natural
Preparación:
En una olla grande ponemos la leche, la mitad del zumo de limón, la sal y removemos bien. Lo ponemos a fuego fuerte y cuando empiece a hervir le añadimos el resto del zumo de limón. Removemos y dejamos que hierva durante 5 minutos más (cuidado de que la leche no empiece a crecer y se nos salga de la olla).
Retiramos del fuego y dejamos templar; cuando la mezcla esté en torno a 40ºC (no hace falta andar con termómetros: si está caliente pero puedes tener el dedo dentro de la mezcla sin quemarte, es una buena temperatura) añadimos el yogur, mezclamos bien y dejamos reposar 1 hora.
El yogur aportará fermentos a la mezcla que mejorarán el sabor del requesón; no es obligatorio añadirlo, pero sí es recomendable.
Pasado el tiempo de reposo y cuando la mezcla ya esté fría (o casi) colaremos la mezcla con un paño fino de algodón. Para ello colocaremos el paño sobre un escurridor ó un colador grande y verteremos la mezcla sobre él; dejaremos que vaya escurriéndose el suero por gravedad y cuando veamos que ya falta poco por escurrir podemos enroscar el paño y apretarlo para extraer el poco suero que quede.
Retiramos nuestro requesón del paño y mantenemos en la nevera para que no se estropee.
Podemos añadirle más sal y especias para tomar como aperitivo, ó servirlo tal cual con miel y nueces, ó utilizarlo para hacer diferentes postres... las posibilidades son todas las que se os puedan ocurrir.
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