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domingo, 14 de mayo de 2017

Tempura de verduras

Todos sabemos que no conviene abusar de las frituras en una dieta sana... pero de vez en cuando es un placer disfrutar de una como la que os traigo hoy: una tempura de verduras.

La tempura es un tipo de rebozado japonés que realmente tiene sus orígenes en los misioneros españoles y portugueses que llevaron hasta allí esta costumbre de rebozar y freír los alimentos. Evidentemente, en Japón esta fritura tuvo su propia evolución y hoy en día podemos decir que no tiene nada que ver una tempura con un rebozado clásico español.


La tempura es un rebozado irregular, fino y muy crujiente. Los alimentos se sumergen en una mezcla líquida del rebozado y después se fríen. Este liquido no debe cubrir los alimentos de manera uniforme, sino que formará una especie de encaje alrededor del producto cocinado.

La mezcla del rebozado tiene sus peculiaridades: el líquido debe estar lo más frío posible (generalmente se utiliza agua helada e incluso hielo), las harinas utilizadas no se deben batir demasiado para evitar que se desarrolle el gluten, así que la mezcla quedará algo grumosa y poco uniforme y la mezcla no se preparará con antelación para evitar que las harinas se hidraten en exceso.

Si buscáis recetas de tempura comprobaréis que existen mil variaciones; supongo que será algo así como la tortilla de patatas, que se hace de una forma ligeramente diferente en cada casa.

Las harinas más habituales para tempura son las de trigo, maíz o arroz -y todas las combinaciones posibles entre ellas-. Hay quien prepara la mezcla sólo con agua y hay quien agrega una proporción de alcohol para conseguir un rebozado todavía más crujiente (el alcohol se evapora rápido al entrar en contacto con el aceite caliente y evita que la masa absorba un exceso de grasa).

Además, hay un pequeño detalle en la elaboración, y es que una vez que el alimento rebozado está en el aceite friéndose, se le suelen verter por encima hilos de la mezcla del rebozado, de forma que se formen "barbas" alrededor del alimento y el resultado final sea todavía más impresionante.

Yo os presento mi versión que no os diré que me la haya revelado ningún gurú japonés, sino que es fruto de la investigación y mucho ensayo-error. En este caso la utilizo para rebozar tirabeques, pimientos de Padrón, pimiento rojo, zanahoria y champiñones Portobello, pero la podéis utilizar para casi cualquier alimento: langostinos, gambas, sepia, calamares, col rizada, nabo, cabalacín, berenjena...

Ingredientes:

60g de harina de trigo
60g de harina refinada de maíz (tipo Maizena)
1 yema de huevo
100mL de agua helada
100mL de vodka
5g de azúcar
5g de sal

Aceite para freír

Preparación:

Peparamos los alimentos que queramos rebozar: Los lavamos, limpiamos y troceamos en tamaños regulares. Reservamos.

En un recipiente mezclamos todos los ingredientes del rebozado evitando batir demasiado. No importa si quedan grumos. Como truco os diré que cuanto más fríos estén los líquidos, más espesa quedará la mezcla. Podéis incluso añadir unos hielos al líquido.

Ponemos el aceite al fuego. Para comprobar la temperatura vertemos unas gotas del rebozado en el aceite. La temperatura ideal hará que el rebozado burbujee y suba a la superficie con relativa rapidez, pero sin llegar a tostarse.

Vamos pasando los alimentos por la mezcla y los freímos hasta que el rebozado esté crujiente. Agregamos unos hilos de mezcla sobre los alimentos para incrementar la cantidad de rebozado que después disfrutaremos en cada bocado. Las tempuras no se doran demasiado sino que suelen ser bastante blanquecinas.

Retiramos sobre un papel absorbente para retirar el exceso de grasa y listo para servir.

A mi me gusta comerlas sin agregarles nada más, pero siempre podéis utilizar alguna salsa de vuestro gusto para acompañar la tempura.

Espero que os guste.

viernes, 24 de marzo de 2017

Pudin de pan con manzana y miel

Creo que todos estamos de acuerdo en que cocinar es un placer. Te hace desconectar, te entretiene y estimula la creatividad. En la cocina hay de todo: hay misterio, hay acción, hay drama... encender los fogones puede ser una plácida travesía o una vorágine. A veces acabas agotado, pero siempre acabas volviendo a revolver los cacharros.

Pero existe otro placer de similares características: el orden. Ponerse a limpiar y a ordenar suele dar pereza, no nos vamos a engañar, pero una vez que empiezas y los resultados son visibles... ¡qué satisfacción!

Un día se juntaron la Señora Cocina y el Señor Orden y tuvieron una preciosa niña: la Cocina de Aprovechamiento, digna hija de sus padres. La cocina de aprovechamiento produce doble gusto: los placeres propios de la cocina y la satisfacción de salvar productos que, de otra forma, acabarían en el cubo de la basura.


Los púdines son dulces clásicos del recetario de aprovechamiento. Sirven para darle una nueva vida a los restos de pan que hayan quedado en casa. También se pueden preparar con bizcochos, magdalenas y otros tipos de masas similares. 

En este caso vamos a utilizar pan y manzanas, doble aprovechamiento, pues es fácil que todos tengamos en el frutero alguna pieza despistada que se empieza a estropear: también podríais usar peras, por ejemplo. Como novedad vamos a incorporar la fruta en forma de compota en lugar de troceada. Eso le dará más jugosidad al pudin y una textura y sabor más uniforme.

Esta receta es un poco más elaborada que las de los púdines clásicos, pero si no queréis complicaros demasiado podéis consultar la receta del pudin de pan básico.

Ingredientes:

1L de leche
100g de azúcar
75g de miel
6 huevos
400g de pan del día anterior
400g de manzanas
50mL de ron
El zumo de medio limón
1 cucharadita de extracto de vainilla
Media cucharadita de canela

Caramelo (preparado en casa o comprado)

Preparación:

Precalentamos el horno a 180ºC con una bandeja amplia con agua para preparar un baño María.

Troceamos el pan con las manos y lo pasamos por el robot de cocina para conseguir trozos muy pequeños pero sin llegar a ser un polvo fino. La humedad residual del pan evitará que se triture demasiado fino. Yo utilizo todo el pan: miga y corteza, pero si lo preferís podéis utilizar sólo la miga. Reservamos.

En un recipiente amplio batimos la leche, el azúcar, la miel, los huevos, la vainilla y la canela hasta conseguir un líquido homogéneo. 

Agregamos el pan a la mezcla anterior, removemos bien y dejamos que repose mientras continuamos con la receta.

Pelamos, descorazonamos y troceamos las manzanas (necesitamos 400g de manzanas limpias). Ponemos las manzanas con el ron y el zumo de limón en una tartera y la ponemos a fuego fuerte unos minutos para que evapore el alcohol: cuidado con el fuego, pues el ron podría encenderse como si de un flambeado se tratase. Si eso pasa no os preocupéis, dejad que se consuma el alcohol y listo. Procurad tener el extractor apagado: más vale prevenir que curar. 

Tapamos la tartera y bajamos el fuego durante 10 minutos aproximadamente. A continuación destapamos y subimos el fuego para que evapore el líquido. Debemos conseguir una compota tierna de manzana con el menor líquido posible (quedan unos 300g de compota aproximadamente). Aplastamos los trozos de manzana con un tenedor para que quede un puré basto.

Agregamos la compota a la mezcla del pan y removemos hasta homogeneizar.

Caramelizamos un molde y vertemos en él la mezcla. Introducimos el molde en el horno al baño María y dejamos que se hornee durante 60 minutos hasta que al pincharlo con un cuchillo salga limpio.

Retiramos el horno con cuidado y dejamos que se temple. Conviene desmoldarlo mientras el caramelo todavía esté tibio, pues si lo dejamos enfriar por completo se puede agarrar. Debe desmoldarse con cuidado, porque la estructura del pudin todavía es algo frágil. Para facilitar el desmoldado podéis pasar un cuchillo fino por los bordes del molde.

Conviene que el pudin repose en la nevera un día para que termine de cuajarse. Después podéis dejarlo en la nevera o a temperatura ambiente. A mi me gusta mas tomarlo a temperatura ambiente porque los sabores se perciben mejor y la textura queda más jugosa.

A disfrutar!

sábado, 4 de marzo de 2017

Ensalada de patata, tomate y atún

Ya podemos ver que la primavera se va acercando. Por Galicia todavía tenemos días de frío y lluvia, pero ya se van intercalando con algunos días de sol y temperaturas más elevadas.

Y al llegar estas temperaturas más agradables empiezan a apetecer platos frescos como la ensalada que os traigo hoy. Para mi es una alternativa a la clásica ensaladilla rusa, muy fácil de preparar y perfecta como plato único, pues contiene verduras, farináceos y proteínas. Combo ganador.


Estas recetas se pueden adaptar de forma muy sencilla según nuestros gustos o los ingredientes que tengamos en la despensa en ese momento. En el caso de la foto utilicé tomates cherry y cebolla morada porque los tenía en casa de la última cesta que recibí de Ecoenvío, pero muchas otras veces la preparo con tomate y cebolla normales.

Normalmente las ensaladas se preparan y aliñan al momento de consumirlas para que la lechuga no se estropee. En este caso, pasa lo contrario. Si la preparamos y la aliñamos y la dejamos reposar un par de horas antes de servirla estará mucho más rica, pues los sabores se mezclarán mejor.

Ingredientes:

400g de patata
100g de cebolla
300g de tomate
4 huevos
2 latitas de atún (unos 200g)
Un puñado de aceitunas al gusto

60g de aceite de oliva virgen extra
20g de vinagre de Jerez
Una pizca de sal

Preparación:

Lo primero será cocer las patatas y los huevos para que estén fríos al momento de preparar la ensalada. Este paso podéis hacerlo con antelación si queréis ahorraros trabajo después.

A mi me gusta cocer las patatas con piel porque creo que tienen mejor sabor: lavamos bien la piel de las patatas con ayuda de un cepillo y las ponemos a cocer enteras en agua hirviendo con sal y una hoja de laurel hasta que al pincharlas con un cuchillo notemos que están tiernas. Las dejamos enfriar y les retiramos la piel.

Para cocer los huevos: los ponemos en agua con sal y contamos 10 minutos desde que el agua rompe a hervir. A continuación los enfriamos en agua fría. Deben estar fríos para que al pelarlos no se rompa la clara.

En un recipiente amplio ponemos la cebolla en juliana, los tomates cortados en dados, las aceitunas, y agregamos las patatas cortadas en dados, los huevos cocidos troceados y el atún bien escurrido del aceite de la lata.

En un tarro de cristal limpio medimos el vinagre y agregamos la sal. Removemos para que se disuelva. Añadimos el aceite, lo tapamos y agitamos hasta formar una emulsión uniforme. Ya tenemos lista nuestra vinagreta para el aliño. Si utilizáis una buena conserva con un buen aceite de oliva, podéis aprovechar el aceite de escurrir el atún para preparar la vinagreta y aportar así más sabor.

Vertemos la vinagreta sobre la ensalada, removemos y la tenemos lista para disfrutar.

Como ya os comentaba, si la dejáis reposar en la nevera, estará todavía más rica.

A disfrutar!

miércoles, 16 de noviembre de 2016

Filloas de calabaza

Parece que por fin llegaron las temperaturas otoñales. No terminábamos de creérnoslo pero sí, ya está aquí; se acabó nuestro bonito sueño estival. Pero qué queréis que os diga... yo soy fan del otoño, me gusta que bajen las temperaturas, me gusta cuando hace sol y frío a la vez, me gustan los paisajes otoñales y me gustan los productos de temporada.

La calabaza es uno de los productos estrella de esta época del año. Os diré que soy adicto a estos seres anaranjados; tanto que en mi pequeño huerto planto suficientes para que no me falten en todo el año - y eso son muchas calabazas-. Pero tranquilos, está todo pensado: la calabaza combina con todo, dulce y salado. Desde una crema, hasta un bizcocho, pasando por unas lentejas. Y si abrís una y no queréis que se estropee porque no la vayáis a utilizar entera en una única receta, la podéis pelar, limpiar, trocear y congelar. Todo ventajas, oiga.


La anterior receta, aquel Ratatouille de hortalizas otoñales, también llevaba calabaza. Hoy cambiamos de tercio y la vamos a utilizar para preparar unas deliciosas filloas de calabaza; una versión diferente y original de las clásicas filloas gallegas. Además, esta receta es también mi tercera colaboración con la web de Ecoenvío.

La clave de una buena filloa es que sea fina y para eso hay que combinar destreza y una buena receta. Esa destreza ancestral la podéis absorber de vuestras madres y abuelas, que tendrán en abundancia para compartir con todos; pero con todo os tocará practicar. En cuanto a la receta sí que os puedo ayudar: la que os enseño aquí es muy equilibrada. Encontraréis otras recetas que llevan mucha harina para garantizar que la filloa sea manejable en la sartén, pero el resultado es empalagoso y grueso. Otras llevan malas proporciones y las filloas no tendrán consistencia suficiente. Como en todo, en el término medio está la virtud. Y una buena sartén antiadherente lo hará todo más virtuoso todavía.

En este caso, la receta se alarga un poquito más porque hay que cocinar la calabaza antes de hacer la masa de las filloas; pero no os preocupéis, la dificultad no aumenta en absoluto. Lo ideal es preparar la masa de las filloas y dejarla reposar de un día para otro; de esta forma las filloas salen mejor y más ricas pero si no tenéis el tiempo o la paciencia necesaria podéis hacerlas al momento con resultados más que aceptables.

Para que las proporciones sean lo más exactas posible os indico la receta con el peso de la calabaza ya cocida. Para calcular la cantidad que necesitáis de calabaza en crudo yo suelo estimar el doble y un poco más. Por ejemplo, si quiero obtener 400g de calabaza cocida pongo a cocer 900g de calabaza cruda. Esta norma se aplica para las calabazas más tiernas, con bastante contenido en agua, pues al cocinarse pierden mucho líquido. Si utilizáis calabazas más compactas no se perderá tanto peso con la cocción. Vamos al lío:

Ingredientes:

4 huevos
150g de azúcar
300g de harina
250mL de leche
250mL de agua
400g de calabaza cocida
Un chorrito de licor de anís
Aceite
Azúcar y canela para espolvorear

Preparación:

Lo primero que haremos será limpiar, pelar y trocear la calabaza en crudo y la pondremos a cocer en suficiente agua con una pizca de sal hasta que al pincharla con un tenedor la notemos muy tierna -con cuidado de no convertirla en un puré-. En ese momento la verteremos sobre un escurridor y la aplastaremos en el tenedor. Dejaremos que drene todo el líquido mientras se enfría. Esto puede tardar un par de horas. Cuando tengamos la calabaza cocida y escurrida podremos seguir con la receta.

Ponemos todos los ingredientes en un recipiente y los batimos con una batidora hasta obtener una masa fina y sin grumos. Debe quedar una mezcla líquida pero con cierta densidad. Tapamos el recipiente con un film transparente y reservamos en la nevera durante unas 8 horas.

Pasado ese tiempo de reposo volvemos a mezclar bien para homogeneizar el líquido. Ya tenemos nuestra masa lista.

Ponemos una sartén antiadherente a fuego fuerte con un chorrete de aceite y dejamos que se caliente bien. Formamos una bola con papel de cocina y retiramos el exceso de aceite, dejando la sartén ligeramente engrasada pero sin aceite "bailando". Repetiremos esta operación cada 3 o 4 filloas o cuando notemos que empiezan a despegarse de la sartén con más dificultad.

Vamos vertiendo masa y repartiéndola por toda la superficie con un movimiento rápido de la sartén. Cuando notemos que los bordes se despegan con relativa facilidad la levantaremos y le daremos la vuelta para que se haga por los dos lados.

En un plato espolvoreamos azúcar mezclado con canela y ponemos la primera filloa. Espolvoreamos azúcar con canela por encima también y de esta forma iremos apilando filloa tras filloa hasta terminar la masa. Para espolvorear el azúcar a mi me resulta muy cómodo mezclar media cucharadita de canela con azúcar en un salero.

Se pueden tomar calientes o frías, según gustos y las podéis servir tal cual con el azúcar o agregarle algún relleno a vuestro gusto.

Espero que las disfrutéis.

lunes, 5 de septiembre de 2016

Tarta mousse de queso

No sé cómo hemos llegado hasta aquí sin haber publicado ninguna tarta de queso en condiciones en el blog. Es muy probable que las tartas de queso ó "cheesecakes" sean uno de los postres más populares hoy en día... no hay restaurante que no tenga una entre sus postres, sea al horno ó cuajada en frío, New York cheesecake en los más "cool" y hasta versiones japonesas súper esponjosas para los más "trendy".

En casa es una de las tartas que más preparamos, por eso no me explico cómo es que no tenía ninguna publicada aquí. Pero tranquilos, que hoy le ponemos remedio. Os traigo una versión de las más comunes, cuajada en frío, sin necesidad de horno. Muy fácil y resultona.


Ideal para principiantes. Sólo hay que tener un par de precauciones y el éxito está asegurado. Al tratarse de una receta muy común yo os enseño mi versión con un par de detalles que para mi gusto le dan un toque especial. Si os sentís aventureros, sobre la base de esta receta podéis empezar a realizar modificaciones con relativa facilidad.

Como es norma en este tipo de tartas, tenemos 3 capas: la base de galleta, la mousse de queso y la cobertura de frutos rojos. Creo que todas ellas son igual de importantes y descuidar una puede arruinar toda la tarta.

La base de galleta debe quedar firme pero no dura, que sea fácil partirla sin necesidad de sacar el martillo y el cincel; para eso será fundamental la proporción de mantequilla y un pequeño truco que os cuento en la receta.

La mousse de queso debe ser eso: mousse. Una crema esponjosa y suave, no una gelatina maciza; se puede aromatizar, generalmente con vainilla ó limón, pero debe saber a queso, que para eso es el ingrediente principal.

Por último, la cobertura... encontraréis que muchas recetas reparten mermelada directamente sobre la tarta: a mi me da bastante asco comerme la mermelada a cucharadas, así que opto por preparar una salsa tipo coulis. Por simplificar y porque los frutos rojos son muy estacionales y es difícil conseguirlos frescos todo el año hago trampas y no preparo un coulis con frutas frescas, sino que parto de una mermelada pero si estáis inspirados podéis hacerlo con fruta fresca y tanto mejor será el resultado. En este caso yo utilicé mermelada de moras, pero podéis utilizar mermelada de frambuesas, de arándanos, de fresas... incluso combinaciones a vuestro gusto.


No os dejéis impresionar por la lista de ingredientes o por lo largo del texto de la explicación. Es uno de esos casos en los que es más complicado explicarlo que hacerlo y además preferí explicarlo con todo lujo de detalles para que hasta los más inexpertos se animen y triunfen. Vamos al lío:

Ingredientes:

1 rulo de galletas María
80g de mantequilla
1 cucharada de leche

600g de queso crema
600g de nata para montar
3 huevos
200g de azúcar
2 cucharaditas de extracto de vainilla
100mL de leche
1 sobre de gelatina neutra

150g de mermelada al gusto
50mL de agua
25g de azúcar
El zumo de medio limón
Media cucharadita de almidón de maíz (Maizena)
Un chorrito de licor al gusto (en mi caso Cointreau)

Preparación:

En un robot de cocina ponemos las galletas y las trituramos por completo. Si no tenéis robot de cocina, podéis meter las galletas en una bolsa y machacarlas con un rodillo hasta reducirlas a polvo. Agregamos la mantequilla a temperatura ambiente y la cucharada de leche y mezclamos hasta que adquiera la textura de una arena muy ligeramente pegajosa. La leche aporta un punto de humedad que ayuda a que la textura final de la base sea mejor. Evitad poner la mantequilla fundida, pues es más fácil que así quede un bloque de galleta duro.

Sobre la bandeja o plato en el que vayamos a servir la tarta ponemos un aro. Yo utilizo el aro de un molde desmoldable de 24cm sin la base, así al retirar el aro la tarta ya queda en el propio plato de servir. Vertemos la galleta en el molde y la repartimos por igual por toda la base, aplastándola ligeramente con ayuda de una cuchara. Ojo, no hay que aplastar en exceso para que no quede muy dura después.

Ponemos a calentar la leche en un cazo al fuego. Cuando esté cerca del punto de ebullición retiramos del fuego, agregamos la gelatina en polvo y revolvemos hasta que se haya disuelto por completo. Dejamos reposar para que pierda temperatura.

Mientras tanto en un recipiente amplio y con ayuda de unas varillas batimos el queso crema para que adquiera una textura homogénea y untuosa. Agregamos la leche con la gelatina poco a poco y batiendo para que se vaya incorporando a la crema. Si no estáis seguros de que la gelatina se haya disuelto por completo tened la precaución de colar el líquido con un colador fino para retener posibles grumos que luego son muy desagradables.

Por otro lado, montamos la nata y la agregamos, una vez montada, a la crema de queso. Mezclamos con movimientos envolventes para que no se pieda nada del aire que estamos incorporando a la crema.

En un recipiente ponemos los huevos, el azúcar y la vainilla y batimos con unas varillas hasta blanquearlos, es decir, que se vuelvan esponjosos y con un color pálido. Si tenéis un robot de cocina o unas varillas eléctricas os resultará más fácil; sino hacedlo a mano con paciencia: si colocáis el recipiente sobre otro de mayor tamaño con agua caliente (caliente, no hirviendo) os resultará más fácil. Agregamos los huevos a la mezcla y terminamos de mezclar con movimientos envolventes.

Vertemos la crema sobre la base de galleta y repartimos igualando la superficie. Reservamos en la nevera hasta que cuaje, generalmente toda una noche de reposo es necesaria.

Preparamos la cobertura para que podamos agregarla fría a la tarta una vez cuajada.

En un cazo ponemos al fuego la mermelada, el zumo de limón, el licor, el azúcar y la maizena disuelta en el agua fría. Mezclamos bien y llevamos a ebullición removiendo con unas varillas para comprobar la textura y evitar que se pegue. La salsa debe espesar ligeramente, adquiriendo la textura de una miel ligera. Llegados a este punto, retiramos del fuego y colamos la salsa con un colador fino para retirar las semillas de las frutas o cualquier posible grumo que haya quedado. Reservamos en la nevera.

Cuando la tarta haya cuajado retiramos el aro desmoldable. Podemos ayudarnos de una puntilla o espátula fina, pasándola por el borde de la tarta antes de retirar el aro. Vertemos la salsa de frutos rojos por encima y la repartimos por toda la superficie. A mi me gusta que la salsa chorree por los bordes, pero si preferís podéis dejarla sólo por encima, pues la textura de la salsa permite servirla como más nos guste.

Y ya está lista para disfrutar.

jueves, 3 de septiembre de 2015

Albóndigas a la jardinera

En mi casa las albóndigas siempre se han hecho guisadas con cebolla y zanahoria. La versión clásica con tomate es "aquella de la que no hablamos" e intentar ejecutarla te costará caras de desaprobación. Diré en nuestra defensa, que nuestra receta de albóndigas guisadas está de cine y somos gentes de costumbres...

No, no es una receta de dieta precisamente, pero el gustazo bien vale la lorza. Acompañadas de arroz blanco, patatas fritas ó una buena barra de pan: una delicia.


La receta, aunque sencilla, es un pelín laboriosa por lo que una vez que te pones con las manos en la masa es conveniente hacer una buena cantidad y aprovechar para congelar unas cuantas raciones. Así puedes disfrutar de una comida de lujo en cualquier momento. Descongelar y listo!

En este caso las he hecho con carne de cerdo, pero podéis utilizar ternera, pollo, solas o mezcladas en diferentes proporciones... al gusto del consumidor. Para esta receta utilizo vino de Oporto porque le da un toque diferente, pero podéis utilizar un buen vino blanco y está espectacular igualmente.

Ingredientes:

800g de carne picada
100g de pan rallado
2 huevos
2 cucharadas de vino de Oporto
1 cucharadita rasa de ajo molido
1 cucharadita rasa de perejil picado
Una pizca de pimienta

Harina
Aceite de oliva virgen extra

1 cebolla grande
1 zanahoria
1/2 pimiento rojo
1/2 pimiento verde
2 tomates grandes
100mL de vino de Oporto
1 pastilla de caldo concentrado
Azafrán
Agua
Sal

Preparación:

Mezclamos la carne con el pan rallado, los huevos, el vino, el ajo, el perejil y la pimienta. Amasamos con la mano hasta conseguir una mezcla homogénea. Este paso se puede preparar con antelación, dejando la mezcla en la nevera hasta el momento en que vayamos a utilizarla.

Con la mezcla de carne formamos bolas de un tamaño un poco mayor que una nuez. Las pasamos por harina, retirando el exceso, y reservamos.

En una sartén ponemos aceite de oliva virgen extra y doramos las albóndigas por todos sus lados. Las retiramos de la sartén a una olla amplia y reservamos.

Retiramos el aceite de la sartén y lo filtramos ó lo decantamos para retirar los restos de harina que se hayan quedado, pues darían mal sabor a la preparación. Troceamos la cebolla, la zanahoria y los pimientos en cuadraditos y los sofreímos aprovechando una parte del aceite que filtramos.

Cuando las verduras estén blandas les añadimos el vino y evaporamos el alcohol durante un par de minutos. A continuación agregamos los tomates triturados, el azafrán, la pastilla de caldo y la sal y dejamos que hierva durante unos minutos.

Vertemos el sofrito sobre las albóndigas y cubrimos con agua. El agua y la pastilla de caldo se podrían sustituir por caldo casero si estáis inspirados; de cualquier forma, la pastilla hace un buen trabajo en este caso. Ponemos a fuego fuerte hasta que empiece a hervir; entonces lo bajamos a fuego suave y mantenemos así durante 30-40 minutos.

La salsa cogerá cuerpo y las albóndigas estarán tiernas. Rectificamos el punto de sal y estarán listas para servir.

Con estas cantidades salen unas 30 albóndigas; suficiente para deleitar a 5-6 paladares exigentes.

A disfrutar!

martes, 23 de abril de 2013

Flan con bizcocho a la miel

A todos se nos llena la boca cuando hablamos de "repostería casera" y miramos por encima del hombro a la bollería industrial y a todos sus amigos producidos en cadena; y además, ponerle el apellido "artesano" a cualquier producto hace que -de repente- sea maravilloso ¿o no?

Cierto es que la repostería casera es más sana que la industrial -generalmente- y tampoco negaremos que un producto artesano suele ser mejor que su competencia. Pero de entre todos esos productos que en general despreciamos, hay algunos que son obras maestras; y serán todo lo poco sanos que quieran, pero están para morirse de buenos. Un ejemplo clásico son los Donuts®; todo repostero casero que se precie ha intentado en al menos una ocasión, hacerlos en su casa y los resultados nunca alcanzan la perfección del industrial.


Reconozcámoslo: los productos industriales son fuente de inspiración para los cocinillas como nosotros. La calidad del resultado no es ni la mitad de gratificante que todo el proceso de I+D por el que pasamos, así que aunque sepamos de antemano que los resultados no serán los esperados, seguimos intentándolo, porque es ahí donde radica la diversión.

La receta de hoy es precisamente uno de esos casos. Hay unos flanes de huevo de la marca Dia que llevan bizcocho y miel y que a mi me parecen deliciosos, así que llevo un tiempo haciendo pruebas para imitarlos en casa. Es muy difícil copiar exactamente un sabor pero, en este caso, diría que los resultados podrían competir con el original sin ningún problema. De cualquier forma, posiblemente muchos no conozcáis los flanes en los que yo me inspiré, así que os animo a probar éstos.

Por si había alguna duda, la miel que utilizo es siempre miel de Galicia, con Indicación Geográfica Protegida; si os gusta mucho el sabor de la miel podéis optar por variedades con sabores intensos, y si os gusta lo justo  tirad por variedades más suaves. Eso sí, usad siempre miel de calidad certificada; igual que con los aceites de oliva virgen extra, la miel es un producto que se presta a las adulteraciones, añadiéndoles azúcares, jarabes, etc porque son más baratos que la propia miel. Yo, tengo que hacer patria, y no puedo recomendaros otra miel que no sea de Galicia :)

Y vamos ya con la receta:

Ingredientes:

6 huevos
1 litro de leche
200g de azúcar
1 vaina de vainilla
Una pizca de sal

Una lámina de bizcocho genovés
300mL de agua
2 cucharadas y media de miel

Azúcar para hacer caramelo

Preparación:

Precalentamos el horno a 180ºC.

Preparamos el caramelo, lo vertemos en el molde en el que vayamos a hacer el flan y lo repartimos por toda la superficie. Yo utilizo un molde con forma de corona -esos que tienen un agujero en el medio-, aunque podéis también prepararlo en moldes individuales. Reservamos

Ponemos la leche en una olla. Abrimos la vaina de vainilla, retiramos las semillas y las añadimos a la leche, junto con las vainas (hay que aprovecharlas y sacar hasta la última molécula aromática, que son caras). Ponemos la leche a hervir.

Por otro lado batimos los huevos con el azúcar y la pizca de sal. Cuando la leche empiece a hervir la retiramos del fuego, cogemos una taza y la añadimos poco a poco sobre los huevos batiendo sin parar y, a continuación, añadimos los huevos sobre el resto de la leche y mezclamos.

En un recipiente mezclamos el agua caliente con la miel y la disolvemos bien. Cortamos el bizcocho a la medida de nuestro molde y lo ponemos sobre el caramelo. Emborrachamos el bizcocho con la miel diluída.

Por último, añadimos la mezcla de leche y huevos al molde -sobre el bizcocho, con cuidado de no deshacerlo porque entre los líquidos y el calor estará muy frágil-. Notaréis que el bizcocho flota sobre el líquido del flan y así debe ser, pues cuando le demos la vuelta, quedará el bizcocho como base. Metemos el flan en el horno y lo cocinamos durante 50-60 minutos. Podéis poner el molde sobre un poco de agua, haciendo un baño María, aunque yo no suelo hacerlo porque no me parece que el resultado varíe notablemente.

Cuando pinchemos el flan con un cuchillo y salga limpio, aunque notemos que la textura es muy frágil, estará hecho. Lo retiramos del horno y lo dejamos enfriar; una vez frío lo metemos en la nevera y lo dejamos reposar 24 horas, pues este tipo de postres necesitan terminar de "cocinarse" en frío.

Pasado el tiempo de reposo pasamos un cuchillo por los bordes del molde y damos la vuelta al flan, con cuidado, sobre un plato con bordes -para evitar que el caramelo se escape-, decoramos al gusto y listo para degustar.

martes, 8 de enero de 2013

Tostadas francesas

Ya se han acabado las navidades, las comilonas y los regalos... al menos por una temporada... ahora toca volver a la normalidad, empezar -de verdad- con los propósitos del año nuevo, ir a aprovechar las rebajas, volver a hablar de la crisis...

Una de las cosas que suele pasar después de una cena ó una comida por todo lo alto, es que nos quedan un montón de sobras por todo lo alto también. Ya sabéis que yo soy muy fan de las recetas de aprovechamiento así que ¿qué mejor momento que éste para una de ellas? Seguro que después del día de Reyes os habéis quedado con algún trozo de roscón más seco que el ojo de un tuerto, así que ya podéis aprovecharlo para preparar estas deliciosas tostadas francesas -conste que yo describo la receta para preparar con pan viejo, que es lo más habitual, pero vale roscón, pan de molde, bizcocho, brioche... la cuestión es aprovechar-.


Ahora seguro que aparece el típico que dirá que por qué le llamo a esto "tostadas francesas" si son torrijas, alegando que es que me quiero hacer el listo cambiándole el nombre a las cosas -el mismo dilema surgido en la dicotomía magdalena/muffin-. Pero yo lo hago a sabiendas, porque entiendo que aunque a simple vista puedan parecerse, el procedimiento de elaboración es diferente.

De hecho, para que quede aquí registrado, éstas son las diferencias que a mi parecer existen entre ambos platos: Las torrijas se empapan en leche y luego se pasan por huevo; las tostadas francesas se empapan en una mezcla azucarada de leche y huevo. Las torrijas se fríen en abundante aceite; las tostadas francesas se hacen a la plancha con un poco de mantequilla. Las torrijas, después de fritas, se rebozan en azúcar ó se sumergen en almíbares; las tostadas francesas se consumen tal cual. Las torrijas se comen calientes ó frías; las tostadas francesas se consumen en caliente -si las comes en frío no te vas a morir, pero ya no están tan ricas-.

Vamos con la receta, que es sencilla como pocas:

Ingredientes:

12 rebanadas de pan duro -de 1,5cm de grosor aprox.-
2 huevos
60g de azúcar
120mL de leche -o nata líquida si estáis en plan goloso-
Aromas al gusto: vainilla, canela, ralladura de limón ó naranja...
Mantequilla para engrasar la sartén

Preparación:

Batimos los huevos con el azúcar y añadimos los aromas que queramos. Yo suelo poner una cucharadita de vainilla líquida y media cucharadita de canela en polvo, pero cada uno que ponga lo que más le guste. Por último, agregamos la leche y mezclamos bien.

Vamos empapando las rebanadas de pan duro en la mezcla. Lo mejor es hacerlo por tandas de 4 en 4 para que no se ablanden en exceso.

En una sartén antiadherente fundimos un poco de mantequilla -un poco más que lo necesario para engrasar, pues la mantequilla también dará sabor a nuestras tostadas- y vamos poniendo las primeras 4 rebanadas. Mientras se hacen, vamos poniendo a remojar las siguietes 4 rebanadas y así sucesivamente.

Doramos las rebanadas de pan por ambos lados, las retiramos a un plato y procedemos de igual manera con las siguientes.

Servir en caliente para disfrutarlas en su mejor momento. Si las habéis hecho con pan y con leche (en vez de con roscón, bizcocho ó similares y nata) y las acompañáis de algo de fruta, tendréis listo un desayuno completo para un sábado ó un domingo -como llevan algo de azúcar y de mantequilla tampoco conviene abusar pero, con todo, podremos disfrutar de un plato delicioso sin torturarnos en exceso-.

A disfrutar!

miércoles, 21 de noviembre de 2012

Crema untable de atún y huevo

Seguro que si habéis hecho huevos rellenos alguna vez os habrá pasado que os sobre pasta del relleno y que algún huevo se rompa y no sirva para rellenar ¿no? Pues la receta que os traigo hoy surgió de una de esas situaciones, aunque tan bueno fue el resultado que se ganó a pulso su permanencia con identidad propia en nuestros recetarios.

A mí me la enseñó mi amiga Ruth, aunque a la antigua usanza: usando el ojo como medida estándar y el paladar como juez, pero yo hoy os la traigo perfectamente medida para que podáis reproducirla exactamente igual en vuestras casas.


Esta crema queda muy bien para servir como si de un paté se tratase: acompañada de panecillos, tostadas, galletitas... para que cada comensal se vaya sirviendo a su gusto; pero creo que queda perfecta como relleno de sandwiches y, de hecho, así es como esta crema dio sus primeros pasos.

Ésta es una receta de las que conviene tener a mano de cara a cualquier celebración, desde un cumpleaños para los peques hasta la comida de Navidad, se adapta al estilo de cualquier evento. También os pueden ser útiles otras opciones de picoteo que ya os enseñé anteriormente, como la Falsa mousse de centollo y el Dip de queso.

Las cantidades que os pongo aquí son perfectas para servir como untable, pero si lo que queréis es hacer sandwiches para una fiesta, os recomiendo que hagáis el doble de cantidad, porque sino no os cundirá demasiado.

Ingredientes:

3 huevos cocidos
3 latitas de atún en aceite -unos 170g después de escurrido-
85g de mahonesa 
1 cucharada de ketchup

Preparación:

Lo primero de todo será escurrir muy bien el atún, para retirar todo el aceite posible. 

A continuación, ponemos todos los ingredientes en el vaso de nuestra batidora y trituramos todo hasta conseguir una pasta homogénea. Si tenéis Thermomix, podéis hacerlo programando 15 segundos en velocidad 5; si todavía no quedase perfectamente triturado, bajaremos toda la crema de las paredes del vaso ayudándonos con una espátula y programaremos unos segundos más a la misma velocidad.

Ponemos la crema resultante en un recipiente hermético y la dejamos reposar en la nevera para que se enfríe. Si la vamos a servir como un paté podemos añadirle un chorrito de aceite de oliva virgen extra por encima y decorar a nuestro gusto.

Y ya sólo queda disfrutar :)

martes, 25 de septiembre de 2012

Falsa mousse de centollo

La receta de hoy es un clásico en foros y blogs de cocina, así que hay mil y una versiones con sus mil y una diferencias; no creo que os esté descubriendo la pólvora, pero quería enseñaros mi versión. La receta original en la que me inspiré para hacer mi versión la tengo copiada en mi cuaderno de recetas desde hace muchísimo tiempo pero no recuerdo de dónde la había sacado; estuve haciendo un poco de "trabajo de investigación" a ver si localizaba sus orígenes y lo más lejos que llegué fue a una receta que habían publicado en un especial de navidad de la revista de Thermomix. Yo creo que la saqué de algún foro, aunque el original haya sido en la revista. De cualquier forma, ésta que os presento hoy es mi versión; para mi gusto ligeramente mejor que la original, pero cada uno es muy libre de opinar lo contrario :)

Sea cual sea la versión que preparéis ésta es, sin duda, una receta que siempre triunfa. Se trata de una mousse, paté o crema untable (llamadla como querais) con un sabor muy parecido al del centollo, pero sin este ingrediente en su composición; así que es relativamente barata y más cómoda de preparar que si tuviesemos que comprar y pelar centollo para prepararla.


Se adaptará sin problemas a cualquier circunstancia: para una cena informal la serviremos en un cuenco para que cada uno se vaya untando panecillos o tostadas a su gusto; para una comida más elegante podemos servirla con ayuda de una manga pastelera sobre mini-tostadas con pasas ó arándanos. Si vamos a servir la mousse sobre tostadas preparadas con antelación, lo mejor será que dejemos la crema en una manga pastelera y la sirvamos en el último momento para evitar que el pan se ablande; con la manga pastelera se sirve muy rápido.

Ingredientes:

2 huevos cocidos
200g de palitos de cangrejo
1 lata de mejillones al natural (unos 70g después de escurrirlos)
1 lata de berberechos al natural (unos 70g después de escurrirlos)
120g de mayonesa
80g de mantequilla
1 cucharada de leche

Preparación con Thermomix:

Escurrimos los mejillones y los berberechos y reservamos. Tomaremos la precaución de retirarles las "barbas" a los mejillones porque sino luego quedarían enteras en la mousse y es muy desagradable encontrárselas.

Ponemos todos los ingredientes en el vaso, excepto la mantequilla, y trituramos durante 1 minuto en velocidad 5 hasta que quede una crema fina.

Ponemos la mariposa en las cuchillas, añadimos la mantequilla cortada en dados y batimos a velocidad 3 durante 1 minuto. Si entonces todavía no se hubiese incorporado la mantequilla, podemos programar más tiempo.

Preparación sin Thermomix:

Escurrimos los mejillones y los berberechos y reservamos. Tomaremos la precaución de retirarles las "barbas" a los mejillones porque sino luego quedarían enteras en la mousse y es muy desagradable encontrárselas.

Ponemos todos los ingredientes en el vaso de la batidora y trituramos hasta conseguir una crema fina. Para rematarla la batiremos un poco con las varillas para airear la mezcla.


Una vez preparada la mantendremos en la nevera hasta el momento de servirla.

Y a disfrutar :)

Aprovecho para darlos las gracias a todos los que me habéis votado para los Premios Bitácoras 2012. Han salido las primeras clasificaciones parciales y me llevé una gratísima sorpresa al verme nominado en el puesto 28 al Mejor Blog Gastronómico. No me lo esperaba ni de broma, así que muchísimas gracias!

Si todavía no habéis votado, podéis hacerlo hasta el día 9 de noviembre haciendo click en la imagen:

Votar en los Premios Bitacoras.com

Para votar tenéis que estar registraros en la web ó validaros con una cuenta de facebook ó de twitter; cualquier opción no os llevará más de un minuto ;)

martes, 24 de julio de 2012

Salsa de verano

En general no soy muy amigo de las salsas: no me veréis nunca poniéndole ketchup a una hamburguesa, ni mostaza a un perrito caliente... aunque sí que las utilizo a veces en algunas recetas en pequeñas cantidades. Mi salsa preferida es, con diferencia, la mayonesa (ó mahonesa, según queráis llamarla) y ésta sí que me gusta para hamburguesas, bocadillos, patatas, ensaladas... pero uno se corta porque no es que sea muy recomendable abusar de estas cosas :) 

Experimentando con la mayonesa casera fui haciendo versiones que incorporaban diferentes ingredientes y, al final, llegué a esta salsa que se ha ganado un puesto de honor en todo mi entorno. Nos encanta para acompañar cualquier cosa: desde patatas hasta carnes e incluso como aliño de ensaladas... desde luego, ya no hay barbacoa que se precie donde falte esta salsa.

Es una salsa de textura similar a la mayonesa, aunque no tan espesa como ésta. El sabor que más destaca es el del ajo, pero de todas formas es suave y no oculta los demás sabores del queso y la mostaza. En cuanto a calorías, una cuarta parte del volumen de la salsa es yogur, así que es una salsa mucho más ligera que una mayonesa tradicional, donde la proporción de aceite es casi del 100%; así que, si bien no conviene abusar de nada, nos podemos permitir más libertadas con esta salsa que con otras.


Entenderéis ahora, por qué le puse el nombre de "salsa de verano". Si bien el verano es la época de las barbacoas y las comidas con los amigos y la familia, también es una época en la que mucha gente está preocupada por las calorías de lo que come, así que con esta salsa podremos disfrutar de todo lo que implica el verano sin una preocupación excesiva.

Para preparar esta salsa utilicé huevos ecológicos de los que me envió Diana en su cesta de Ecoenvio, y el resultado fue excelente; no dejéis de visitar su página si queréis disfrutar de productos de primera calidad a muy buen precio.

Os animo a que probéis esta salsa porque os aseguro que gusta a todo el mundo; personalmente, en todas las comidas donde la preparo no deja de recibir elogios. Así que si queréis triunfar con una salsa diferente, tomad buena nota:

Ingredientes:

300 mL de aceite de oliva virgen extra
1 huevo
1 cucharada de vinagre de Jerez
20 mL de agua
3 ajos
1 cucharadita de mostaza
30 g de queso parmesano rallado
1 yogur natural (yo utilizo desnatado)
Perejil picado (opcional)
Sal

Preparación:

Antes de empezar, medimos el aceite de oliva en una jarrita y lo reservamos.

Ponemos en un vaso el huevo, el vinagre, el agua, la sal, los ajos, la mostaza, el queso y medio yogur y lo batimos todo junto hasta homogeneizar.

A continuación, batimos sin parar y vamos añadiendo el aceite poco a poco hasta incorporarlo todo y que quede una salsa ligada. Para terminar, añadimos el resto del yogur y mezclamos suavemente con una espátula o unas varillas hasta incorporarlo. Si queréis, podéis rematarlo mezclando un poco de perejil picado, que le da un aspecto genial a la salsa, aunque en este caso yo no se lo puse.

Como veis, es una receta muy sencilla, así que si tenéis a la vista alguna comida con invitados podéis agasajarlos con esta salsa y seguro que se van de vuestra casa encantados de la vida y deseando volver :)

sábado, 25 de febrero de 2012

Sabayón

Es día 25 y toca publicar el reto de este mes:

Whole kitchen en su Propuesta Dulce para el mes de febrero nos invita a preparar un postre de la cocina italiana: Sabayón

El sabayón es un postre de origen italiano aunque no se sabe su origen concreto; también se conoce como zabaglione ó salsa saboyana. Se trata de una espuma hecha con yemas y aromatizada con un vino dulce, generalmente Marsala aunque hay versiones con vinos espumosos.

Es una crema espumosa muy delicada y para mi gusto es deliciosa, por lo que os recomiendo que la probéis; sin duda, si lo servís en una cena con invitados quedaréis como grandes chefs ya sólo con pronunciar su nombre! Os voy a contar un poco la ciencia de esta receta, pero no os asustéis, es muy sencilla de preparar.

Por tratarse de una espuma, es muy inestable, pues las burbujas de aire que se le incorporan tienden a agregarse y acaba por desmontarse, por eso se suele preparar en el momento de servirla. Las yemas por sí mismas no montan bien, pues a pesar de que contienen lecitina y muchas proteínas, tienen una baja proporción de agua libre; por eso es necesario agregar un líquido que compense esa proporción, de forma que las yemas montarán muy bien, llegando a triplicar su volumen. Las proteínas de la yema son muy estables, por eso es necesario aplicar calor para que se extiendan y se unan unas a otras, formando una red que confiera estabilidad a la espuma. Sin embargo, si se aplica demasiado calor, las proteínas pueden coagular y se estropearía nuestra espuma; por eso se suele preparar en un baño María a fuego medio.


El sabayón se puede tomar sólo o acompañando frutas, bizcochos, tartas... por su inestabilidad, no soporta el reposo que haría falta para poder tomarlo frío, así que se toma tibio, recién hecho. Aún así, habría formas de estabilizar la espuma para poder enfriarla, pero perdería parte de su naturaleza evanescente.

Mi receta lleva menos cantidad de vino que otras, y al calentarse pierde parte del alcohol, pero aun así no todo; por eso no lo recomendaría para los niños. Pero si tenéis niños no penséis que no podréis preparar sabayón; el vino se puede sustituir por otro líquido como zumo de naranja y quedará también muy rico. Que tampoco os ahuyente lo del vino dulce italiano... podéis usar cualquier vino dulce que os guste, pero yo no me complico y utilizo un vino blanco normal y corriente y lo aromatizo con un poco de vainilla, así que aquí nadie tiene excusa...¡Todos a preparar sabayón!

Ingredientes:

4 yemas de huevo
80g de azúcar
80g de vino blanco
La piel rallada de un limón
Media cucharadita de esencia de vainilla

Preparación tradicional:

Necesitaremos preparar un baño María, así que pondremos una tartera con agua caliente a fuego medio y encima colocaremos un recipiente donde iremos preparando el sabayón.

Prepararemos en un vaso la cantidad necesaria de vino y le añadiremos la esencia de vainilla. Reservamos.

En el recipiente del baño María colocaremos el azúcar, las yemas y la ralladura de limón y batimos con unas varillas (si tenemos eléctricas mucho mejor) hasta que veamos que las yemas empiezan a coger un tono pálido por el aire que les estamos incorporando.

Entonces, y sin parar de batir, iremos añadiendo a chorritos pequeños el vino hasta acabar de agregarlo todo.  Seguiremos batiendo durante dos o tres minutos más para que la espuma se estabilice y coja cuerpo.

Una vez llegado este punto podremos servir el sabayón de la forma que queramos.

Preparación con Thermomix:

Pesamos en una jarra o en un vaso la cantidad de vino, le añadimos la vainilla y reservamos.

Ponemos en el vaso el azúcar y la piel de limón y  pulverizamos 30 segundos en velocidad 10. Bajamos los restos de las paredes con una espátula.

Colocamos la mariposa y añadimos las yemas; programamos 8 minutos, 80º y velocidad 3.

Cuando hayan pasado 3 minutos empezaremos a verter el vino a través del cubilete para que caiga poco a poco. Al terminar de añadir el vino retiramos el cubilete para que el vino evapore el alcohol con más facilidad.

Tendremos nuestro sabayón preparado.

Yo lo sirvo con una mezcla de fresas y pera troceadas y ya os imagináis lo rico que está :) Con las cantidades que os indico tendréis sabayón suficiente para 6 personas, pero si queréis podeis doblar las cantidades o dividirlas para hacer menos cantidad.

martes, 21 de febrero de 2012

Filloas

Las filloas son uno de los dulces de mi infancia; para comerlas las enganchábamos en un tenedor y hacíamos un royo... así quedaban como filloas con palo y podías seguir jugando mientras las comías. No le poníamos nada más que azúcar y canela, y nos encantaban, pero aquí cada cual puede dejarse llevar por su lado goloso y rellenarlas con crema, chocolate, frutas, nata...

Me acuerdo de los platos llenos de filloas que preparaban mi madre o mi abuela... ¡eran verdaderas montañas! Yo pocas veces he logrado alcanzar semejantes alturas en una pila de filloas, pero es que llega un momento que uno se cansa de estar frente a la sartén...


Para preparar las filloas hace falta una sartén que no se pegue, así podremos hacerlas finas y en su punto. Engrasamos la sartén con aceite antes de empezar y la calentamos bien; luego retiramos el exceso de aceite con un trozo de papel de cocina y empezamos a hacer nuestras filloas. Si la sartén es buena apenas habrá que volver a engrasarla, pero sino cada dos o tres filloas echaremos un poquito de aceite y seguiremos adelante hasta terminar.

Las filloas son típicas gallegas, alguna vez incluso leí que el origen de este dulce fue Galicia pero que los franceses, cuando lo conocieron, lo adaptaron a sus gustos y le cambiaron el nombre a "crepe" y que después de esto empezaron a popularizarse, llegando a atribuírsele la autoría a Francia. No sé hasta qué punto es cierta esta historia, pero sí que es verdad que los franceses tienen una larga lista de recetas "apropiadas" y adaptadas en sus libros de cocina.

Quizás vosotros conozcáis este dulce por otro nombre; que a mi me conste, en Asturias son frixuelos y en la zona del levante usan el nombre francés de crepes; pero comprenderéis que como buen gallego no puedo llamarlas de otra forma que filloas :)

La receta que os enseño es la que me enseñó mi abuela, pero me puse a medir y pesar cada ingrediente para que nadie tenga problemas a la hora de hacerlas:

Ingredientes:

4 huevos
100g de azúcar
350g de harina
250mL de leche
400mL de agua
La piel rallada de un limón

Preparación:

Ponemos todos los ingredientes en un recipiente y batimos bien hasta que quede una líquido homogéneo ligeramente espeso.

Por experiencia, el resultado es mucho más rico cuando preparamos la masa y la dejamos reposar hasta el día siguiente antes de hacer las filloas; pero si no queréis o no podéis esperar tanto tiempo, se pueden hacer al momento y quedan muy ricas también.

En una sartén antiadherente iremos haciendo nuestras filloas una a una, vertiendo la masa y haciendo un movimiento de sartén rápido para que se extienda y quede con la forma redonda y fina. Las haremos a fuego medio para que se hagan rápido pero sin llegar a tostarse. La prueba de que están hechas es que el borde de la filloa se puede separar de la sartén sin problemas; cuando esto ocurra le daremos la vuelta para que se haga por ambos lados.

En un plato espolvoreamos azúcar con canela y ponemos la primera filloa; la espolvoreamos también por encima y sobre ésta pondremos la segunda filloa... así seguiremos apilando las filloas, espolvoreando azúcar con canela entre cada una. Para esto es muy útil mezclar en un salero azúcar con media cucharadita de canela en polvo, así podemos espolvorear la mezcla cómodamente.

Al apilarlas mantienen mejor el calor, y así las podremos tomar calentitas, pero también están muy ricas frías... eso ya va en gustos; a mi me gustan calientes y a mi padre le encantan frías.

Y ya sólo nos falta disfrutar de nuestras filloas :)

martes, 29 de noviembre de 2011

Flan de huevo

Hace unos días fuimos a dar un paseo por la zona vieja de Santiago de Compostela aprovechando que había salido el sol. Nos echamos a andar y llegamos hasta el mercado de abastos; allí encontramos una máquina (enorme) dispensadora de leche fresca: primero compras la botella de plástico (0'15€) ó de cristal (0'30€), aunque si te la traes de casa te ahorras ese dinero; luego metes la botella en la máquina, seleccionas la cantidad de leche que quieres, metes el dinero (a 1€ el litro) y la máquina te llena la botella de leche fresca. Conocía estas máquinas por verlas en las noticias, en blogs... pero nunca me había enfrentado con una, así que una mezcla de curiosidad y fervor gastronómico me obligó a comprar un litro de leche para probar.

Una vez que tuve este blanco tesoro en mi poder surgió el dilema ¿qué hago yo ahora que sea digno de tal manjar? Pero poco duró la duda: un flan de huevo fue la respuesta, y es que ¿qué mejor que una receta sencilla para que un ingrediente tome todo el protagonismo?

La receta de este flan me la enseñó mi abuela y así es como lo hacemos siempre en mi casa; es muy fácil y diría que a poca gente no le gusta un buen flan de huevo casero.


Como todos sabréis a estas alturas, el flan lo podéis preparar en un molde grande ó en moldes individuales; a gusto del consumidor. Decidid el molde que utilizaréis y vamos a ponernos manos a la obra:

Ingredientes:

1 Litro de leche
6 huevos
200g de azúcar
Caramelo líquido

Preparación:

En primer lugar pondremos el caramelo en el molde que hayamos escogido. Podemos utilizar caramelo comprado ó podemos preparar nuestro propio caramelo fundiendo azúcar. Yo prefiero hacer el caramelo porque así le doy el punto de tostado que a mi me gusta, ni más ni menos. Reservamos.

En una olla vertemos la leche y ponemos al fuego hasta que empiece a hervir. Mientras tanto, en un bol batimos los huevos con el azúcar.

Cuando la leche hierva, la retiramos del fuego, cogeremos una taza de leche y la añadiremos a los huevos despacio y batiendo. A continuación añadimos los huevos sobre la leche sin dejar de remover. Una vez que esté bien mezclado verteremos la preparación en el molde caramelizado.

Llevaremos al horno a 200º y pondremos el molde sobre una bandeja con un poco de agua en el fondo para hacer un pequeño baño maría. Dejaremos que se hornee hasta que al pincharlo con un cuchillo salga limpio, aproximadamente 1 hora; notaréis que el flan está muy muy muy blando cuando el cuchillo salga limpio, pero no os preocupeis, tiene que ser así, nuestro flan está hecho, que nadie se asuste. Retiramos el flan con cuidado del horno y lo dejamos enfriar. Una vez frio lo meteremos en la nevera durante al menos 12 horas. Éste tiempo de reposo es necesario para que el flan termine de coger cuerpo.


Pasado el tiempo de reposo lo desmoldaremos en una bandeja (preferiblemente con bordes para que el caramelo no se escape y nos pringue toda la cocina) y lo decoraremos con frutos secos, nata montada, frambuesas... y estará listo para servir y disfrutar.

Espero que os guste ;)

lunes, 6 de julio de 2009

Tortilla ultra light

Desde que mi padre es diabético, en casa tenemos que investigar nuevas formas de cocinar o de hacer los platos de siempre pero ahorrando en azúcar y en grasas...

En este caso se trata de una tortilla de patata con verduras, pero lo especial de esta tortilla es que no lleva ni una sola gota de aceite en su preparación. Las patatas y las verduras están hechas al vapor, con ayuda de la thermomix, y la tortilla está cuajada en el horno, así que ya os imagináis el ahorro de aceite que supone. Por otro lado, la patata no es un ingrediente que los diabéticos puedan comer con demasiada frecuencia, por lo que esta tortilla lleva, en proporción, menos patata y más verduras.


Paso a los ingredientes y a describir su preparación:

Ingredientes:

2 patatas grandes
2 zanahorias
1 calabacín
1 pimiento rojo
1 cebolla
6 huevos
1 puñado de queso rayado
2 hojas de laurel
Ajo molido
Sal

Preparación:

Pelamos las zanahorias, el calabacín y las patatas y las troceamos como haríamos habitualmente para una tortilla. Disponemos estos ingredientes en el recipiente varoma y le añadimos sal y ajo molido. En el vaso ponemos 1 litro de agua y el laurel, y programamos 35 minutos, temperatura varoma, velocidad 1. Ponemos el recipiente varoma sobre el vaso y esperamos a que termine el tiempo programado.

Mientras, podemos trocear el pimiento en trozos muy pequeños y los reservamos. El pimiento lo añadiremos crudo a la mezcla para que la tortilla no quede reseca, por eso es importante que los trozos sean pequeños, como si fuesen para hacer una vinagreta.

Cuando las verduras estén cocidas las retiramos y vaciamos el vaso. Entonces, pondremos en el vaso la cebolla troceada y los huevos y trituraremos bien unos segundos en velocidad 10. Queremos que la cebolla quede completamente triturada, para añadir jugosidad a la tortilla.

En una tartera mezclamos las verduras cocidas con el pimiento crudo, el huevo con cebolla batido y el queso; mezclamos bien y dejamos reposar unos 10 minutos. Mientras prepararemos el molde que vayamos a usar para cuajarla en el horno. Yo utilicé una tartera ancha y baja, similar a una sartén pero apta para el horno, y le puse papel de horno para evitar que se pegase.

Vertemos la mezcla en el molde preparado con el papel de horno y metemos al horno a 180º hasta que cuaje. Entonces podremos retirarla y desmoldarla y estará lista para degustar!

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Espero que os guste! Queda bastante más jugosa de lo que yo pensaba, y por supuesto más ligera!