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viernes, 24 de marzo de 2017

Pudin de pan con manzana y miel

Creo que todos estamos de acuerdo en que cocinar es un placer. Te hace desconectar, te entretiene y estimula la creatividad. En la cocina hay de todo: hay misterio, hay acción, hay drama... encender los fogones puede ser una plácida travesía o una vorágine. A veces acabas agotado, pero siempre acabas volviendo a revolver los cacharros.

Pero existe otro placer de similares características: el orden. Ponerse a limpiar y a ordenar suele dar pereza, no nos vamos a engañar, pero una vez que empiezas y los resultados son visibles... ¡qué satisfacción!

Un día se juntaron la Señora Cocina y el Señor Orden y tuvieron una preciosa niña: la Cocina de Aprovechamiento, digna hija de sus padres. La cocina de aprovechamiento produce doble gusto: los placeres propios de la cocina y la satisfacción de salvar productos que, de otra forma, acabarían en el cubo de la basura.


Los púdines son dulces clásicos del recetario de aprovechamiento. Sirven para darle una nueva vida a los restos de pan que hayan quedado en casa. También se pueden preparar con bizcochos, magdalenas y otros tipos de masas similares. 

En este caso vamos a utilizar pan y manzanas, doble aprovechamiento, pues es fácil que todos tengamos en el frutero alguna pieza despistada que se empieza a estropear: también podríais usar peras, por ejemplo. Como novedad vamos a incorporar la fruta en forma de compota en lugar de troceada. Eso le dará más jugosidad al pudin y una textura y sabor más uniforme.

Esta receta es un poco más elaborada que las de los púdines clásicos, pero si no queréis complicaros demasiado podéis consultar la receta del pudin de pan básico.

Ingredientes:

1L de leche
100g de azúcar
75g de miel
6 huevos
400g de pan del día anterior
400g de manzanas
50mL de ron
El zumo de medio limón
1 cucharadita de extracto de vainilla
Media cucharadita de canela

Caramelo (preparado en casa o comprado)

Preparación:

Precalentamos el horno a 180ºC con una bandeja amplia con agua para preparar un baño María.

Troceamos el pan con las manos y lo pasamos por el robot de cocina para conseguir trozos muy pequeños pero sin llegar a ser un polvo fino. La humedad residual del pan evitará que se triture demasiado fino. Yo utilizo todo el pan: miga y corteza, pero si lo preferís podéis utilizar sólo la miga. Reservamos.

En un recipiente amplio batimos la leche, el azúcar, la miel, los huevos, la vainilla y la canela hasta conseguir un líquido homogéneo. 

Agregamos el pan a la mezcla anterior, removemos bien y dejamos que repose mientras continuamos con la receta.

Pelamos, descorazonamos y troceamos las manzanas (necesitamos 400g de manzanas limpias). Ponemos las manzanas con el ron y el zumo de limón en una tartera y la ponemos a fuego fuerte unos minutos para que evapore el alcohol: cuidado con el fuego, pues el ron podría encenderse como si de un flambeado se tratase. Si eso pasa no os preocupéis, dejad que se consuma el alcohol y listo. Procurad tener el extractor apagado: más vale prevenir que curar. 

Tapamos la tartera y bajamos el fuego durante 10 minutos aproximadamente. A continuación destapamos y subimos el fuego para que evapore el líquido. Debemos conseguir una compota tierna de manzana con el menor líquido posible (quedan unos 300g de compota aproximadamente). Aplastamos los trozos de manzana con un tenedor para que quede un puré basto.

Agregamos la compota a la mezcla del pan y removemos hasta homogeneizar.

Caramelizamos un molde y vertemos en él la mezcla. Introducimos el molde en el horno al baño María y dejamos que se hornee durante 60 minutos hasta que al pincharlo con un cuchillo salga limpio.

Retiramos el horno con cuidado y dejamos que se temple. Conviene desmoldarlo mientras el caramelo todavía esté tibio, pues si lo dejamos enfriar por completo se puede agarrar. Debe desmoldarse con cuidado, porque la estructura del pudin todavía es algo frágil. Para facilitar el desmoldado podéis pasar un cuchillo fino por los bordes del molde.

Conviene que el pudin repose en la nevera un día para que termine de cuajarse. Después podéis dejarlo en la nevera o a temperatura ambiente. A mi me gusta mas tomarlo a temperatura ambiente porque los sabores se perciben mejor y la textura queda más jugosa.

A disfrutar!

viernes, 23 de diciembre de 2016

Pastel de Normandía de manzana, naranja y nueces

Últimamente le estoy cogiendo el gusto a hacer dulces a los que se le añaden cosas a media cocción. Véanse los Butterkuchen que ya están publicados en el blog: el de almendras y el de almendras, nueces y pasas. Y este pastel que os quiero enseñar hoy también tiene esa peculiaridad, se trata de un pastel de manzana al estilo de Normandía.


Este es un pastel denso de manzana con una deliciosa costra medio caramelizada por arriba. En este caso, yo le añadí nueces y lo aromaticé con naranja, aunque la versión tradicional no lleva ni una cosa ni la otra. Además, la versión clásica lleva manzana laminada por encima, pero después de hacer varias pruebas llegué a la conclusión de que me gusta más sin la manzana por encima. Así que incorporo toda la manzana a la mezcla y dejo la costra superior uniforme.

El sabor a naranja lo aporté con piel de naranja y el extracto de naranja que os expliqué cómo preparar en la anterior receta. Veréis que con estos dos ingredientes se consigue una masa súper aromática.

El pastel de Normandía de manzana es un pastel muy sencillo de preparar y gracias a la costra y la cantidad de fruta que lleva intercalada se mantiene jugoso durante varios días, así que es perfecto si necesitáis un dulce que resista bien el paso del tiempo. No os aseguro que los vuestros no lo fulminen antes de que podáis comprobar lo mucho que dura jugoso.

Además, para este tipo de pasteles que llevan la fruta troceada dentro de la masa, podéis aprovechar las frutas que se vayan a perder en el frutero.

La receta que os traigo hoy es una mezcla de varias que he ido probando y estudiando; pero la que inicialmente me inspiró y en la que me basé principalmente fue en la de Su, de webos fritos.

Y sin más preámbulos, vamos al lío:

Ingredientes:

2 huevos
150g de azúcar
Una pizca de sal
La piel de una naranja
1 cucharadita de extracto de naranja
60g de mantequilla
60mL de leche
200g de harina
Medio sobre de levadura química (8g aprox)
300g de manzanas (peso limpio)
100g de nueces (peso limpio)

Ingredientes para la cobertura:

80g de mantequilla
100g de azúcar
1 huevo

Preparación:

Precalentamos el horno a 180ºC.

En un recipiente batimos los huevos con el azúcar y una pizca de sal hasta conseguir que queden blanquecinos y muy esponjosos. Agregamos la piel rallada de una naranja, el extracto de naranja, la leche y la mantequilla que habremos fundido previamente. Mezclamos con suavidad.

Troceamos las nueces con un cuchillo, dejándolas en pedazos grandes. Con un poco de la harina que utilizaremos, espolvoreamos las nueces y retiramos el exceso con ayuda de un colador. Esto evitará que las nueces se vayan al fondo del pastel y permitirá que queden distribuidas uniformemente.

Tamizamos sobre la mezcla el resto de la harina y la levadura y batimos hasta homogeneizar.

Una vez peladas y descorazonadas las manzanas las troceamos en láminas. Las agregamos a la masa y las incorporamos de manera uniforme.

Vertemos la mezcla en un molde que habremos untado de mantequilla y harina ó bien cubierto con papel de hornear y repartimos la mezcla de forma uniforme. Yo utilizo un molde desmoldable de 21cm de diámetro.

Introducimos en el horno y dejamos durante 20 minutos.

Mientras tanto preparamos la cobertura: fundimos la mantequilla y le agregamos el azúcar y el huevo y batimos hasta conseguir una crema fluida y homogénea.

Pasados los 20 minutos de horneado, abrimos el horno y vertemos la mezcla de la cobertura sobre el pastel de forma uniforme y volvemos a meter en el horno. Esta operación debemos hacerla lo más rápidamente posible para evitar que la temperatura baje en exceso.

Horneamos durante otros 35 minutos hasta comprobar que al pinchar el pastel con un cuchillo, sale limpio.

Retiramos del horno y dejamos enfiar sobre una rejilla. Cuando esté templado pasamos un cuchillo por el borde del molde y retiramos el aro exterior. Dejaremos que enfríe por completo de esta forma.

Mientras está caliente es relativamente frágil, por lo que no conviene moverlo demasiado y es preferible esperar a que se enfríe por completo para transferirlo a la bandeja donde lo vayamos a servir.

Y ya tenemos nuestro pastel listo para ser degustado! Espero que lo disfrutéis.

martes, 29 de noviembre de 2016

Chocolate caliente al vino tinto

En cocina, como en moda, hay recetas que van y vienen según marque la tendencia. De repente el cóctel de gambas es el summum de la innovación y poco después se convierte en un entrante viejuno. Y así todo el rato y hasta la extenuación.

Bien, pues este año para la temporada otoño-invierno lo que se lleva es esto que os voy a enseñar hoy. La bebida definitiva para los amantes del chocolate y los amantes del vino. Este dos en uno lo está petando en las redes desde que Kylie, del blog Inma Eat That, publicó su receta hace dos años exactos. Y no lo digo yo, lo dicen desde The Kitchn, un reputado magazin online sobre las cosas del comer.


Así que ya sabéis. Si este año no queréis quedaros desfasados y queréis fardar de estar al día de las últimas tendencias gastro, ésta es vuestra bebida.

Yo, que no soy muy amigo del vino tinto, he de reconocer que este chocolate caliente está de fábula. Combinando los sabores de ambos ingredientes a la perfección: el amargo del chocolate, suavizado por lo dulce del vino; con muchísima profundidad de sabor, parecería en el primer sorbo un chocolate tradicional, pero enseguida empiezan a hacerse notar los sabores clásicos del vino.

Yo os presento mi propia receta, pues soy muy quisquilloso para los chocolates calientes. Tienen que estar en su punto entre amargo y dulce, ni muy denso ni muy líquido, con cuidado de que el chocolate no se queme -que eso no se puede disimular ni un poco-, etc.

Con las cantidades que os indico salen 6 raciones. Vamos a ello:

Ingredientes:

800mL de leche
250mL de vino tinto
80g de harina de maíz refinada (tipo Maizena)
100g de azúcar
180g de chocolate negro

Preparación:

Ponemos todos los ingredientes, excepto el chocolate, en una tartera y mezclamos hasta que quede un líquido homogéneo. Ponemos a fuego medio y removemos constantemente hasta que empiece a hervir y notemos que la mezcla se espesa. Si tenéis Thermomix podéis hacerlo programando 15 minutos a temperatura Varoma y velocidad 4. Llegados a este punto, retiramos del fuego.

Troceamos el chocolate y lo agregamos a la mezcla. Removemos hasta que el chocolate se integre por completo, dejando que se funda con el calor residual de la mezcla. No conviene poner el chocolate al fuego directamente porque se quema con mucha facilidad y eso transmitiría un sabor desagradable a toda la bebida.

Una vez homogeneizada la mezcla podemos recalentarla ligeramente si se ha enfriado demasiado mientras mezclábamos. Si lo hacemos al fuego lo haremos a la mínima potencia y removiendo sin parar. Si tenéis Thermomix podéis calentar el tiempo justo a 80ºC.

Ya sólo nos queda servirlo y disfrutarlo.

martes, 22 de noviembre de 2016

Butterkuchen de nueces, almendras y pasas

Hoy os traigo una versión del butterkuchen que os enseñé hace ya más de tres años. Aquel dulce alemán llegó entonces para quedarse y, como es de esperar, en casa hemos empezado a probar diferentes versiones. En este caso haremos una receta casi idéntica a la original, pero cambiando la mitad de las almendras por nueces. Además le añadiremos un toque de ron y unas pasas sultanas.


Conste que yo no soy muy amigo de las pasas en general, pero en el caso de las pasas sultanas hago una excepción: son pequeñas, no tienen pepitas y en la proporción adecuada aportan textura y sabor. Por eso siempre tengo en la despensa un paquete de pasas sultanas. Nunca sabes cuándo puedes necesitarlas.

Además, en este caso y gracias a las pasas, introducimos en la receta un toque de ron que sube de nivel la preparación.

Si todavía no probaste este dulce, ya estás tardando. La combinación de la base de bizcocho tierno, con los frutos secos caramelizados y ese toque como de tofe hacen que sea espectacular. Se prepara muy fácil. Ideal para una merienda ó un café con amigos.

Ingredientes:

4 huevos
200g de azúcar
200mL de nata
300g de harina
1 sobre de levadura química
Una cucharadita de extracto de vainilla
Una pizca de sal

Para la cobertura:

120g de almendras laminadas
120g de nueces
40g de pasas sultanas
40mL de ron
200g de azúcar
60mL de leche
125g de mantequilla

Preparación:

Lo primero que haremos será poner las pasas sultanas a remojo en un cuenco con el ron para que se rehidraten. Reservamos.

Precalentamos el horno a 180ºC.

Batimos los huevos junto con el azúcar, la sal y la vainilla hasta que blanqueen -que queden esponjosos-. Si tenéis Thermomix podéis hacerlo con la mariposa programando 6 minutos, 37º y velocidad 3 y medio y después 6 minutos a la misma velocidad y sin temperatura.

Añadimos la nata y batimos hasta incorporar. Finalmente agregamos la harina y la levadura y mezclamos hasta que quede una masa homogénea y sin grumos.

Extendemos la masa sobre una bandeja de horno amplia, previamente forrada con papel de hornear para que no se nos pegue, procurando que quede repartida uniformemente por toda la bandeja.

Introducimos en el horno precalentado y dejamos que se hornee 10 minutos.

Mientras tanto, fundimos la mantequilla y le añadimos el azúcar, la leche, las almendras laminadas, las nueces troceadas y las pasas con todo el ron que no hayan absorbido.

Sacamos el bizcocho del horno y repartimos la mezcla de frutos secos por toda la superficie; entonces lo volvemos a meter en el horno y dejamos 15 minutos más aproximadamente. Cuando los frutos secos estén dorados lo retiramos del horno y lo dejamos enfriar.

A la hora de servirlo lo cortamos en cuadrados y, si os gusta, podéis espolvorearlo con azúcar glass. Os recomiendo que no lo cortéis con demasiada antelación porque el bizcocho se secaría con más facilidad.

A disfrutar!

miércoles, 16 de noviembre de 2016

Filloas de calabaza

Parece que por fin llegaron las temperaturas otoñales. No terminábamos de creérnoslo pero sí, ya está aquí; se acabó nuestro bonito sueño estival. Pero qué queréis que os diga... yo soy fan del otoño, me gusta que bajen las temperaturas, me gusta cuando hace sol y frío a la vez, me gustan los paisajes otoñales y me gustan los productos de temporada.

La calabaza es uno de los productos estrella de esta época del año. Os diré que soy adicto a estos seres anaranjados; tanto que en mi pequeño huerto planto suficientes para que no me falten en todo el año - y eso son muchas calabazas-. Pero tranquilos, está todo pensado: la calabaza combina con todo, dulce y salado. Desde una crema, hasta un bizcocho, pasando por unas lentejas. Y si abrís una y no queréis que se estropee porque no la vayáis a utilizar entera en una única receta, la podéis pelar, limpiar, trocear y congelar. Todo ventajas, oiga.


La anterior receta, aquel Ratatouille de hortalizas otoñales, también llevaba calabaza. Hoy cambiamos de tercio y la vamos a utilizar para preparar unas deliciosas filloas de calabaza; una versión diferente y original de las clásicas filloas gallegas. Además, esta receta es también mi tercera colaboración con la web de Ecoenvío.

La clave de una buena filloa es que sea fina y para eso hay que combinar destreza y una buena receta. Esa destreza ancestral la podéis absorber de vuestras madres y abuelas, que tendrán en abundancia para compartir con todos; pero con todo os tocará practicar. En cuanto a la receta sí que os puedo ayudar: la que os enseño aquí es muy equilibrada. Encontraréis otras recetas que llevan mucha harina para garantizar que la filloa sea manejable en la sartén, pero el resultado es empalagoso y grueso. Otras llevan malas proporciones y las filloas no tendrán consistencia suficiente. Como en todo, en el término medio está la virtud. Y una buena sartén antiadherente lo hará todo más virtuoso todavía.

En este caso, la receta se alarga un poquito más porque hay que cocinar la calabaza antes de hacer la masa de las filloas; pero no os preocupéis, la dificultad no aumenta en absoluto. Lo ideal es preparar la masa de las filloas y dejarla reposar de un día para otro; de esta forma las filloas salen mejor y más ricas pero si no tenéis el tiempo o la paciencia necesaria podéis hacerlas al momento con resultados más que aceptables.

Para que las proporciones sean lo más exactas posible os indico la receta con el peso de la calabaza ya cocida. Para calcular la cantidad que necesitáis de calabaza en crudo yo suelo estimar el doble y un poco más. Por ejemplo, si quiero obtener 400g de calabaza cocida pongo a cocer 900g de calabaza cruda. Esta norma se aplica para las calabazas más tiernas, con bastante contenido en agua, pues al cocinarse pierden mucho líquido. Si utilizáis calabazas más compactas no se perderá tanto peso con la cocción. Vamos al lío:

Ingredientes:

4 huevos
150g de azúcar
300g de harina
250mL de leche
250mL de agua
400g de calabaza cocida
Un chorrito de licor de anís
Aceite
Azúcar y canela para espolvorear

Preparación:

Lo primero que haremos será limpiar, pelar y trocear la calabaza en crudo y la pondremos a cocer en suficiente agua con una pizca de sal hasta que al pincharla con un tenedor la notemos muy tierna -con cuidado de no convertirla en un puré-. En ese momento la verteremos sobre un escurridor y la aplastaremos en el tenedor. Dejaremos que drene todo el líquido mientras se enfría. Esto puede tardar un par de horas. Cuando tengamos la calabaza cocida y escurrida podremos seguir con la receta.

Ponemos todos los ingredientes en un recipiente y los batimos con una batidora hasta obtener una masa fina y sin grumos. Debe quedar una mezcla líquida pero con cierta densidad. Tapamos el recipiente con un film transparente y reservamos en la nevera durante unas 8 horas.

Pasado ese tiempo de reposo volvemos a mezclar bien para homogeneizar el líquido. Ya tenemos nuestra masa lista.

Ponemos una sartén antiadherente a fuego fuerte con un chorrete de aceite y dejamos que se caliente bien. Formamos una bola con papel de cocina y retiramos el exceso de aceite, dejando la sartén ligeramente engrasada pero sin aceite "bailando". Repetiremos esta operación cada 3 o 4 filloas o cuando notemos que empiezan a despegarse de la sartén con más dificultad.

Vamos vertiendo masa y repartiéndola por toda la superficie con un movimiento rápido de la sartén. Cuando notemos que los bordes se despegan con relativa facilidad la levantaremos y le daremos la vuelta para que se haga por los dos lados.

En un plato espolvoreamos azúcar mezclado con canela y ponemos la primera filloa. Espolvoreamos azúcar con canela por encima también y de esta forma iremos apilando filloa tras filloa hasta terminar la masa. Para espolvorear el azúcar a mi me resulta muy cómodo mezclar media cucharadita de canela con azúcar en un salero.

Se pueden tomar calientes o frías, según gustos y las podéis servir tal cual con el azúcar o agregarle algún relleno a vuestro gusto.

Espero que las disfrutéis.

martes, 11 de octubre de 2016

Pastel de pera y almendras

Los que me seguís en Facebook ya sabíais que estaba tramando algo. Pues bien, ha llegado el día de desvelar el misterio, y es que hoy empieza oficialmente la colaboración de este mi blog -La Cuchara de Neter- con Ecoenvío, una empresa local dedicada a la producción y distribución de productos ecológicos, especialmente frutas y verduras. Ya os había hablado de ellos hace un tiempo, por lo que si queréis saber más sobre ellos sólo tenéis que visitar la entrada en cuestión.

Esta receta que os traigo hoy es la primera de mis colaboraciones con la renovada web de Ecoenvío. Espero que esta alianza sea un éxito y podamos colaborar durante mucho tiempo. Podréis seguir mis colaboraciones tanto aquí como en el blog de la web de Ecoenvío.

Resulta que Diana -la mandamás de Ecoenvío- estaba dándole vueltas a la idea de cómo ofrecer a sus clientes un mejor servicio, porque muchos comentan que comer las acelgas siempre cocidas, se hace aburrido. Y ahí es donde entro yo, pues Diana descolgó el teléfono y se puso en contacto conmigo para que preparase recetas con sus productos de forma que sus clientes pudiesen variar el menú de cuando en cuando ó, al menos, tener algo de inspiración que les ayudase a salir de la rutina gastronómica. Y a mi, que me va la marcha, pues me pareció una idea estupenda; así que aquí estamos.


Si queréis ver la versión extendida de la entrada podéis ir directamente a su blog, donde os cuento un poco más sobre el porqué de esta receta.

Ingredientes:

2 peras
El zumo de un limón (50mL aproximadamente)
120g de mantequilla
150g de azúcar (120g para el bizcocho y 30g para la cobertura)
2 huevos
120g de harina
Medio sobre de levadura química
Una cucharadita de extracto de vainilla
Una pizca de sal
60g de almendra laminada
60mL de nata líquida

Preparación:

Precalentamos el horno a 180ºC y preparamos el molde desmoldable forrándolo con papel de hornear o bien untándolo de mantequilla y espolvoreándole harina.

Pelamos las peras, las cortamos en octavos -en 8 trozos iguales-, les retiramos el corazón y las bañamos en el zumo de limón para evitar que se oxiden. 

En un recipiente batimos la mantequilla y los 120g de azúcar hasta que nos quede una mezcla homogénea y cremosa. Entonces agregamos los huevos uno a uno, batiendo bien entre cada adición. Agregamos también la vainilla y todo el zumo de limón donde estaban las peras a remojo. Finalmente agregamos la harina, la levadura y la sal. Mezclamos sin batir en exceso. Vertemos la masa en el fondo del molde e igualamos la superficie.

Colocamos los trozos de pera sobre la masa, dejando un espacio entre cada trozo para que luego la masa tenga espacio para crecer.

En un recipiente mezclamos la nata y los 30g de azúcar y agregamos las almendras laminadas. Repartimos las almendras por toda la superficie de la tarta y vertemos también el líquido restante.

Introducimos en el horno a 180ºC durante 30 minutos. Cada horno es un mundo así que si no conoces bien el tuyo puedes comprobar que esté hecho pinchando en el centro con un cuchillo y viendo si sale limpio; eso sí, nunca abras el horno antes de esos 30 minutos.

Retiramos del horno y dejamos enfriar sobre una rejilla. Una vez fría la desmoldamos y la espolvoreamos con un poco de azúcar glass -opcional- con ayuda de un colador y ya tenemos nuestra deliciosa tarta de pera y almendras.

Espero que la disfrutéis.

lunes, 5 de septiembre de 2016

Tarta mousse de queso

No sé cómo hemos llegado hasta aquí sin haber publicado ninguna tarta de queso en condiciones en el blog. Es muy probable que las tartas de queso ó "cheesecakes" sean uno de los postres más populares hoy en día... no hay restaurante que no tenga una entre sus postres, sea al horno ó cuajada en frío, New York cheesecake en los más "cool" y hasta versiones japonesas súper esponjosas para los más "trendy".

En casa es una de las tartas que más preparamos, por eso no me explico cómo es que no tenía ninguna publicada aquí. Pero tranquilos, que hoy le ponemos remedio. Os traigo una versión de las más comunes, cuajada en frío, sin necesidad de horno. Muy fácil y resultona.


Ideal para principiantes. Sólo hay que tener un par de precauciones y el éxito está asegurado. Al tratarse de una receta muy común yo os enseño mi versión con un par de detalles que para mi gusto le dan un toque especial. Si os sentís aventureros, sobre la base de esta receta podéis empezar a realizar modificaciones con relativa facilidad.

Como es norma en este tipo de tartas, tenemos 3 capas: la base de galleta, la mousse de queso y la cobertura de frutos rojos. Creo que todas ellas son igual de importantes y descuidar una puede arruinar toda la tarta.

La base de galleta debe quedar firme pero no dura, que sea fácil partirla sin necesidad de sacar el martillo y el cincel; para eso será fundamental la proporción de mantequilla y un pequeño truco que os cuento en la receta.

La mousse de queso debe ser eso: mousse. Una crema esponjosa y suave, no una gelatina maciza; se puede aromatizar, generalmente con vainilla ó limón, pero debe saber a queso, que para eso es el ingrediente principal.

Por último, la cobertura... encontraréis que muchas recetas reparten mermelada directamente sobre la tarta: a mi me da bastante asco comerme la mermelada a cucharadas, así que opto por preparar una salsa tipo coulis. Por simplificar y porque los frutos rojos son muy estacionales y es difícil conseguirlos frescos todo el año hago trampas y no preparo un coulis con frutas frescas, sino que parto de una mermelada pero si estáis inspirados podéis hacerlo con fruta fresca y tanto mejor será el resultado. En este caso yo utilicé mermelada de moras, pero podéis utilizar mermelada de frambuesas, de arándanos, de fresas... incluso combinaciones a vuestro gusto.


No os dejéis impresionar por la lista de ingredientes o por lo largo del texto de la explicación. Es uno de esos casos en los que es más complicado explicarlo que hacerlo y además preferí explicarlo con todo lujo de detalles para que hasta los más inexpertos se animen y triunfen. Vamos al lío:

Ingredientes:

1 rulo de galletas María
80g de mantequilla
1 cucharada de leche

600g de queso crema
600g de nata para montar
3 huevos
200g de azúcar
2 cucharaditas de extracto de vainilla
100mL de leche
1 sobre de gelatina neutra

150g de mermelada al gusto
50mL de agua
25g de azúcar
El zumo de medio limón
Media cucharadita de almidón de maíz (Maizena)
Un chorrito de licor al gusto (en mi caso Cointreau)

Preparación:

En un robot de cocina ponemos las galletas y las trituramos por completo. Si no tenéis robot de cocina, podéis meter las galletas en una bolsa y machacarlas con un rodillo hasta reducirlas a polvo. Agregamos la mantequilla a temperatura ambiente y la cucharada de leche y mezclamos hasta que adquiera la textura de una arena muy ligeramente pegajosa. La leche aporta un punto de humedad que ayuda a que la textura final de la base sea mejor. Evitad poner la mantequilla fundida, pues es más fácil que así quede un bloque de galleta duro.

Sobre la bandeja o plato en el que vayamos a servir la tarta ponemos un aro. Yo utilizo el aro de un molde desmoldable de 24cm sin la base, así al retirar el aro la tarta ya queda en el propio plato de servir. Vertemos la galleta en el molde y la repartimos por igual por toda la base, aplastándola ligeramente con ayuda de una cuchara. Ojo, no hay que aplastar en exceso para que no quede muy dura después.

Ponemos a calentar la leche en un cazo al fuego. Cuando esté cerca del punto de ebullición retiramos del fuego, agregamos la gelatina en polvo y revolvemos hasta que se haya disuelto por completo. Dejamos reposar para que pierda temperatura.

Mientras tanto en un recipiente amplio y con ayuda de unas varillas batimos el queso crema para que adquiera una textura homogénea y untuosa. Agregamos la leche con la gelatina poco a poco y batiendo para que se vaya incorporando a la crema. Si no estáis seguros de que la gelatina se haya disuelto por completo tened la precaución de colar el líquido con un colador fino para retener posibles grumos que luego son muy desagradables.

Por otro lado, montamos la nata y la agregamos, una vez montada, a la crema de queso. Mezclamos con movimientos envolventes para que no se pieda nada del aire que estamos incorporando a la crema.

En un recipiente ponemos los huevos, el azúcar y la vainilla y batimos con unas varillas hasta blanquearlos, es decir, que se vuelvan esponjosos y con un color pálido. Si tenéis un robot de cocina o unas varillas eléctricas os resultará más fácil; sino hacedlo a mano con paciencia: si colocáis el recipiente sobre otro de mayor tamaño con agua caliente (caliente, no hirviendo) os resultará más fácil. Agregamos los huevos a la mezcla y terminamos de mezclar con movimientos envolventes.

Vertemos la crema sobre la base de galleta y repartimos igualando la superficie. Reservamos en la nevera hasta que cuaje, generalmente toda una noche de reposo es necesaria.

Preparamos la cobertura para que podamos agregarla fría a la tarta una vez cuajada.

En un cazo ponemos al fuego la mermelada, el zumo de limón, el licor, el azúcar y la maizena disuelta en el agua fría. Mezclamos bien y llevamos a ebullición removiendo con unas varillas para comprobar la textura y evitar que se pegue. La salsa debe espesar ligeramente, adquiriendo la textura de una miel ligera. Llegados a este punto, retiramos del fuego y colamos la salsa con un colador fino para retirar las semillas de las frutas o cualquier posible grumo que haya quedado. Reservamos en la nevera.

Cuando la tarta haya cuajado retiramos el aro desmoldable. Podemos ayudarnos de una puntilla o espátula fina, pasándola por el borde de la tarta antes de retirar el aro. Vertemos la salsa de frutos rojos por encima y la repartimos por toda la superficie. A mi me gusta que la salsa chorree por los bordes, pero si preferís podéis dejarla sólo por encima, pues la textura de la salsa permite servirla como más nos guste.

Y ya está lista para disfrutar.

lunes, 25 de julio de 2016

Bolo de bolacha de limón

Ya os enseñé el Bolo de bolacha tradicional en otra ocasión. Aquella tarta que es a Portugal lo que el tiramisú a Italia. Si no la habéis probado deberíais parar aquí mismo, copiar la mencionada receta, cerrar el ordenador y salir corriendo a vuestras cocinas. Es fácil, con ingredientes comunes y está para morirse.

Pero para los que no os guste el café o ya os hayáis aburrido de los éxitos cosechados con la versión tradicional, os traigo hoy una versión diferente, más fresca: sustituímos el café y la canela por limón, salvia y menta, y le añadimos un toque de queso crema. Apetecible ¿no?


Todo empezó pensando qué postre preparar para una comida familiar. Pensé en hacer el Bolo de bolacha tradicional por no complicarme demasiado y porque siempre triunfa, pero me avisaron de que no preparase nada con café porque a uno de los invitados no le gustaba el café.

Así que decidí versionar la receta y cambiar el café por limón. Preparé un almíbar de limón muy potente para emborrachar las galletas y para aromatizar la nata de la tarta. Además al almíbar le di un toque de salvia y menta para conseguir un sabor todavía más fresco. También reduje la proporción de galletas para hacerla más ligera.

La preparación es un poco más laboriosa que la versión tradicional, principalmente porque hay que elaborar el almíbar de limón, pero el resultado bien merece el esfuerzo.

Ingredientes del almíbar:

140 g de azúcar
140 mL de zumo de limón
La piel de 4 limones (sólo la parte amarilla)
6 hojas de salvia
6 hojas de menta
Opcional: un chorrito del licor de vuestra preferencia (en mi caso Cointreau)

Ingredientes para la tarta:

El almíbar de limón
100 mL de agua fría
1 L de nata para montar
150 g de queso crema (tipo Philadelphia)
150 g de azúcar glass
100 mL de leche
2 rulos de galletas María (del tipo "tostada" y no "dorada" porque absorben mejor los líquidos).

Preparación:

Empezamos preparando el almíbar: ponemos en el vaso de un robot de cocina o la Thermomix el azúcar, la piel de los limones, las hojas de menta y las de salvia y trituramos hasta conseguir trocitos pequeños para poder extraer bien todo su sabor.

Agregamos el zumo de limon y el licor de nuestra elección -en caso de querer ponérselo- y lo ponemos a fuego medio-fuerte hasta que adquiera la textura de un jarabe. Si lo hacemos en la Thermomix programamos 7 minutos a 100º y velocidad 4.

A continuación colamos el almíbar para retirar los trozos de limón y hierbas. Reservamos.

Dividimos el almíbar en dos partes: 150 mL los diluímos con los 100 mL de agua fría para emborrachar las galletas después. El resto del almíbar lo reservamos para aromatizar la nata.

En un bol ponemos el queso crema y el azúcar glass y batimos con unas varillas hasta formar una crema homogénea sin grumos. Agregamos el almíbar reservado y mezclamos bien. A continuación, añadimos la nata y montamos la mezcla. Finalmente aligeramos la crema con los 100 mL de leche y reservamos.

Ponemos el aro de un molde desmontable sobre la bandeja donde vayamos a servir la tarta. Yo utilizo uno de 24 cm de diámetro. Sellamos el borde entre el aro y la bandeja (por la parte interior) con un poco de queso crema para evitar que luego se filtren líquidos fuera del molde.

Procedemos al montaje de la tarta: ponemos una capa de galletas María mojadas en el almíbar, agregamos una capa de nata, otra capa de galletas emborrachadas, otra capa de nata... continuamos hasta terminar la crema, teniendo la precaución de acabar el montaje siempre con una capa de crema. Alisamos bien esta última capa y dejamos en la nevera reposando hasta que la tarta coja cuerpo (yo suelo prepararla la noche anterior y así reposa toda la noche en la nevera).

Finalmente, pasamos un cuchillo fino ó una espátula por el borde de la tarta y retiramos el aro. Alisamos la superficie de la tarta con una espátula y decoramos a nuestro gusto. Un truco para alisar la tarta es mojar la espátula en agua caliente antes de cada pasada.

A disfrutar!

martes, 8 de septiembre de 2015

Tarta de cerveza negra y chocolate

Hace mucho tiempo que quería publicar esta tarta en el blog porque siempre que la preparo es un éxito rotundo. No hay paladar que se resista a comer un segundo trozo.

Seguramente muchos ya la conoceréis pues a estas alturas es un clásico de internet. La versión más popular es la que se prepara con cerveza Guinness, así que quizás a algunos os suene más el nombre en inglés "Chocolate Guinness Cake". Personalmente, no me suelo preocupar de la marca sino que utilizo cualquier cerveza negra... la que encuentre primero (a veces no es fácil encontrar cerveza negra en según qué supermercados) o la más barata en caso de que haya variedad.


Como de cualquier receta famosa encontraréis mil y una versiones. Yo no pretendo estar descubriendo la pólvora con esta receta, pues no me la he inventado yo. Ésta es simplemente mi versión; la versión en la que he estado trabajando para obtener los mejores resultados: un bizcocho jugoso y una crema con buena textura y que contraste en sabor. Mis recetas de cabecera en este caso han sido la de Nigella Lawson y la de Trotamundos.

Veréis por internet versiones de esta tarta donde el bizcocho se parece bastante a un bizcocho tradicional, alto y esponjoso o incluso tirando a seco. Ese no es el tipo de bizcocho que yo busco. Para mi gusto, el bizcocho de esta tarta tiene que ser jugoso y denso, con el punto justo de esponjosidad, pero sin estar demasiado aireado. Para ello es clave el tamaño del molde, pues si utilizamos un molde demasiado pequeño, el bizcocho será muy alto y no se cocerá de manera uniforme: quedará muy seco por fuera y la capa de crema será demasiado escasa para tanto bizcocho. Yo utilizo un molde desmontable de 27 centímetros de diámetro. De esta forma, el bizcocho no quedará excesivamente alto, será jugoso tanto por dentro como por fuera y en cada cucharada tendremos una buena proporción de bizcocho y de crema.

La preparación de la tarta es en general muy sencilla, siendo el punto clave el horneado. La masa del bizcocho es muy líquida (que nadie se asuste al prepararla) y al hornearla quedará muy tierna, tanto que tendréis la tentación de dejarla en el horno 5 minutos más. No lo hagáis, con eso sólo conseguiréis que el bizcocho se seque. Evidentemente, cada horno es un mundo, y los tiempos que yo os pueda dar son aproximados: Tardará entre 45 y 60 minutos pero las primeras veces tendréis que estar muy atentos para y probar a pincharlo con un palillo ó un cuchillo a cada rato. En el momento que al pincharlo salga limpio estará hecho, aunque parezca que está demasiado tierno. Al enfriar adquirirá consistencia.

Ingredientes:

250mL de cerveza negra
250g de mantequilla
75g de cacao puro en polvo sin azúcar
400g de azúcar
250g de harina
2 y 1/2 cucharaditas de bicarbonato
2 huevos
140mL de nata líquida
1 cucharadita de extracto de vainilla

250mL de nata líquida
100g de azúcar glass
400g de queso crema

Preparación:

Precalentamos el horno a 180ºC.

En un cazo ponemos la cerveza y la mantequilla y lo calentamos hasta que la mantequilla se funda.

Mientras tanto, mezclamos en un bol el cacao, el azúcar, la harina y el bicarbonato. Reservamos.

Batimos los huevos con la nata y la vainilla. A esta mezcla le añadimos la cerveza con mantequilla y a continuación vertemos la mezcla de líquidos sobre la mezcla de ingredientes secos. Mezclamos bien hasta homogeneizar. La masa resultante es muy líquida.

Vertemos la mezcla en un molde desmontable cuya base habremos cubierto con papel de horno previamente. Horneamos 45 minutos, hasta que al pincharlo con un cuchillo salga limpio.

Retiramos del horno y dejamos templar. Pasamos un cuchillo por el borde del molde para asegurarnos de que está despegado y retiramos el aro. Le damos la vuelta al bizcocho sobre la bandeja en la que vayamos a servir la tarta y dejamos que se enfríe por completo.

Cuando el bizcocho esté frío preparamos la crema para la cobertura: batimos la nata líquida muy fría hasta que esté semimontada. Le agregamos el azúcar y terminamos de montar la nata. Por último añadimos el queso crema y seguimos batiendo con las varillas hasta que quede perfectamente incorporado.

Vertemos la crema sobre el bizcocho y la repartimos por toda la superficie. No hace falta cubrir los laterales ni alisar la superficie; ese aspecto desaliñado es parte del encanto de esta tarta.

Reservamos en la nevera al menos un par de horas para que la crema coja consistencia y los sabores se asienten.

A disfrutar!

viernes, 22 de noviembre de 2013

Magdalenas de naranja

En mi casa nos encantan las magdalenas. Las preparo de todos los sabores, pero hacer el registro fotográfico de todas ellas es una ardua tarea, así que las voy incorporando al blog poco a poco. Hoy os traigo una receta sencilla de magdalenas de naranja, aprovechando que la temporada de esta fruta acaba de empezar. Para aromatizarlas utilizaremos ralladura de naranja y un licor de naranja a vuestro gusto, en mi caso Cointreau.

No sé si será sólo impresión mía, pero creo que las magdalenas que llevan alcohol en la masa producen los copetes más altos cuando se hornean. Por eso me gusta incluir licores en las masas de las magdalenas. Podéis ver ejemplos en otras recetas del blog como las magdalenas de anís o las magdalenas de chocolate y brandy.


Para mi gusto, el Cointreau tiene muy buen sabor pero muy poco olor, así que acompañaremos el licor de piel de naranja fresca para potenciar el aroma y que nuestras magdalenas queden perfectas.

Y como ya es costumbre, os recuerdo los trucos para tener magdalenas altas: lo primero es introducir los moldes de papel dentro de moldes rígidos de metal ó silicona para evitar que cedan a lo ancho en el horno y obligar a la masa a crecer hacia arriba; y el segundo truco es hornear las magdalenas a altas temperaturas: 200ºC es la temperatura ideal para que salgan magdalenas con montaña pero no se nos quemen en el proceso.

Vamos con los ingredientes, suficientes para unas 24 magdalenas:

Ingredientes:

100g de mantequilla a temperatura ambiente
50g de aceite
150g de azúcar
1 cucharadita de extracto de vainilla
Una pizca de sal
La piel rallada de una naranja
4 huevos
100mL de Cointreau (u otro licor de naranja)
300g de harina
1 sobre y medio de levadura química

Preparación:

Precalentamos el horno a 200ºC.

Batimos la mantequilla con el aceite y el azúcar hasta conseguir una crema suave. Añadimos también la vainilla, la sal y la ralladura de naranja.

Agregamos los huevos uno a uno, batiendo bien la mezcla entre cada adición.

Añadimos el licor de naranja, mezclamos bien y, por último, incorporamos la harina con la levadura, hasta que obtengamos una masa homogénea.

Rellenamos los moldes de las magdalenas hasta tres cuartas partes de su capacidad y las horneamos a 200ºC durante 10-15 minutos, hasta que empiecen a dorarse.


Cuando se enfríen las podemos espolvorear con azúcar glass y estarán listas para servir y degustar!

A disfrutar!

miércoles, 16 de octubre de 2013

Magdalenas de chocolate y brandy

Llevaba tiempo sin publicar ninguna receta de chocolate... será que en verano apetecen sabores más frescos; pero como ya llegó el otoño, se abre de nuevo la veda chocolatera. En este caso vamos a combinar el chocolate con brandy, y veréis -si es que no lo habéis catado ya- que forman una pareja excepcional.

El brandy es uno de mis más recientes descubrimientos culinarios -sí, ya sé que no estoy descubriendo América, pero yo en materias espirituosas siempre estuve muy pez-. Lo empecé usando para adobar un cordero siguiendo la receta top-secret de mi abuela, y esa fue mi perdición. Una vez que la botella entró en mi despensa empezó a hacer apariciones en todo tipo de platos: carnes guisadas, pollos asados, bizcochos, tartas de manzana, helados... y es que el susodicho queda bien con todo! No hace falta que os diga que de aquí en adelante empezaréis a ver a mi nuevo amigo el brandy en muchas recetas.


No penséis tampoco que me he echado al alcohol; nada más lejos de la realidad. De hecho, el brandy siempre lo utilizo cocinado así que ni alcohol lleva; sólo deja el sabor que me tiene asombrado.

Hace unos días tenía ganas de unas magdalenas de chocolate, así que me puse a ello y decidí añadir un toque de brandy. El resultado fue espectacular; las magdalenas son de alto copete. Literalmente. Con un sabor intenso pero equilibrado entre el chocolate y el brandy, son perfectas para acompañar de un vaso de leche fría.

Siempre que hablo de magdalenas, como ya hice con las magdalenas de anís, me gusta recordar los trucos para que salgan con un buen copete -magdalenas a prueba de hundimientos-. Lo principal es usar un molde rígido en el que pongamos las cápsulas de papel, para evitar que la masa haga ceder el molde a lo ancho y se vea obligada a crecer hacia arriba. Y el otro truco es hornearlas a temperatura alta: un bizcocho lo solemos hornear a 180ºC, pero las magdalenas debemos hornearlas a 200ºC, al menos durante los 5 primeros minutos de cocción, para que se produzca esa especie de "erupción" que acaba creando el copete.

Y sin más vamos con la receta, que da para unas 24 magdalenas.

Ingredientes:

200g de chocolate negro
120g de mantequilla
4 huevos
200g de azúcar
1 cucharadita de vainilla
250g de harina
25g de cacao puro en polvo
1 sobre y medio de levadura química
75mL de brandy

Preparación:

Precalentamos el horno a 200ºC.

En un recipiente para poner al baño María ponemos el chocolate troceado y la mantequilla y lo fundimos junto. Reservamos y dejamos que se temple.

Batimos los huevos con el azúcar y la vainilla hasta que esponjen. Si tenéis Thermomix, programando 6 minutos a 37ºC y velocidad 3 y medio con la mariposa y, a continuación, otros 6 minutos a la misma velocidad pero sin temperatura.

Añadimos a los huevos la harina, el cacao y la levadura; mezclamos con movimientos envolventes hasta homogeneizar. Agregamos también el brandy y el chocolate fundido que teníamos reservado y terminamos de mezclar.

Repartimos la masa en las cápsulas de papel -a mi me gusta poner la masa en una manga pastelera y así voy rellenando las cápsulas rápido y sin ensuciar-. Horneamos a 200ºC durante 10 minutos, vigilando que no se tuesten en exceso; si veis que se empiezan a oscurecer podéis bajar la temperatura a 180ºC pasados los 5 primeros minutos.

Retirar del horno y dejar enfriar. Y están listas para disfrutar :)

jueves, 26 de septiembre de 2013

Monkey bread

Aquí a Galicia ya llegó el otoño; lo siento por todos aquellos que todavía tenéis que soportar el sol y no podéis sumergiros de cabeza en la mejor estación del año :) Los días empiezan a traer nubes, viento, las primeras lluvias...qué gustazo! Y para los que nos gusta el buen comer: más. Ya podemos cebarnos a gusto porque no habrá que enseñar carnes hasta el verano que viene! Es el momento de recuperar el abrigo de grasa que perdimos para el verano.

Además, al llegar el fresquito apetecen platos calientes y eso en los platos dulces de cuando en cuando se agradece; no todo van a ser sorbetes y helados... ¿Qué me decís de un buen chocolate a la taza? No hay granizado que se le compare :)


Hoy os quiero enseñar una receta procedente de Estados Unidos; sí, lo sé, últimamente estoy muy internacional... la última receta fue un Butterkuchen alemán y hoy un dulce americano, pero es que son recetas que están de vicio, así que no puedo pasarlas por alto y me veo obligado a compartirlas con vosotros. La receta en cuestión se llama "Monkey Bread" que podríamos traducir como "Pan de monos"; es muy típica en los desayunos americanos y lo habitual es tomarlo caliente y con las manos, cogiendo las bolitas que lo forman; de ahí el nombre, pues la forma de comerlo recuerda a lo que hacen los monos cuando se acicalan... He de decir que a mi también me encanta en frío, cortando raciones como si de un bizcocho se tratase.

Le pasa lo mismo que al Butterkuchen: son dulces muy conocidos en sus zonas de origen, pero fuera de sus fronteras son completos desconocidos y no será porque no estén buenos... El sabor de este dulce combina la canela, la mantequilla y el caramelo: la tríada perfecta. Seguro que ya se os está haciendo la boca agua de imaginarlo... 

Que no os engañe su aspecto: es muy sencillo de hacer, sólo requiere un poco de tiempo para dejar la masa reposando; por lo demás, es un juego de niños. La masa es de las más fáciles de trabajar que os podáis encontrar, así que si os inspiran respeto las masas de este estilo, ésta es una buena receta para empezar a perderle el miedo. 

Si queréis tomar el Monkey Bread caliente en algún desayuno especial -seamos sinceros, por muy fácil que sea de hacer, nadie se va a poner a prepararlo a golpe de miércoles a las 6 de la mañana...-, podéis dejarlo a punto dentro del molde el día anterior y darle el último levado en la nevera durante toda la noche, así cuando os levantéis por la mañana sólo tendréis que precalentar y hornear; se hornea relativamente rápido: en unos 30-35 minutos está listo para servir.

Y sin más dilación, vamos con los ingredientes y la preparación de la receta. Yo utilizo como referencia la receta de Trotamundos que es de lo mejorcito:

Ingredientes para la masa:

600g de harina
300mL de leche
70g de mantequilla
60g de azúcar
1 huevo
1 sobre de levadura de panadero seca (también se puede utilizar fresca)
1 cucharadita de sal

Ingredientes para el rebozado:

350g de azúcar (podéis utilizar moreno, blaquilla ó una mezcla de ambos)
3 cucharaditas de canela molida
150g de mantequilla

Preparación:

Mezclamos todos los ingredientes de la masa y amasamos. Si tenéis Thermomix, yo lo pongo todo en el vaso y programo unos segundos en velocidad 6 y, a continuación, 5 minutos en velocidad espiga y la masa sale perfecta. Si lo hacéis a mano, basta con amasar un rato hasta conseguir que quede una masa lisa y elástica.

Formamos una bola con la masa, la untamos de aceite y la dejamos reposar en un recipiente, cubierta con film transparente, hasta que doble su volumen. Dependerá de la temperatura y humedad del entorno, pero suele tardar en torno a 1 hora. 

Cuando veamos que la masa está casi a punto, vamos mezclando en un recipiente hondo el azúcar y la canela y por otro lado fundimos la mantequilla; una vez fundida la dejamos que se temple para no quemarnos al manipularla.

Una vez que la masa ha crecido la amasamos ligeramente y la vamos cortando en pedazos y formando bolitas del tamaño de una nuez, aproximadamente. A continuación, pasamos cada bolita por mantequilla fundida, la rebozamos con la mezcla de azúcar y canela y las vamos colocando en el molde que vayamos a utilizar. No es necesario engrasar el molde, porque luego se formará un caramelo que impedirá que se pegue.

Cuando terminemos de rebozar todas las bolitas y las tengamos en el molde, las apretamos ligeramente para que no queden espacios vacíos en medio. Cubrimos el molde con un paño y dejamos que repose para que vuelva a crecer. Tardará en torno a una hora y media pero, si queréis, podéis dejarlo en la nevera toda la noche y hornearlo por la mañana como ya os comentaba antes.

Cuando haya crecido, lo horneamos a 180ºC en horno precalentado durante 30-35 minutos. Cuando comprobemos al pincharlo con un cuchillo, que está hecho, lo retiramos del horno y lo dejamos reposar 10 minutos antes de desmoldarlo, así el caramelo espesará un poquito y evitaremos accidentes.

Desmoldar y servir es lo que nos falta. Como ya os comenté, podéis tomarlo en caliente ó en frío, como más os guste. Y a disfrutar!

jueves, 12 de septiembre de 2013

Butterkuchen de almendras

El final del verano ya se ve en el horizonte... vuelven los niños al colegio y los bloggers volvemos a los fogones. ¿Qué tal las vacaciones? Yo aunque me pasé la mayor parte del verano trabajando sí que me tomé un descanso en el blog para empezar ahora de nuevo con más ganas, con buenas recetas y algunos experimentos en la recámara.

Hoy quiero inaugurar el curso con una receta alemana; seguro que algunos habéis tenido la suerte de viajar este verano y quizá ya la hayáis probado in situ, pero para los que nos hemos quedado en casa os traigo un billete a la Europa central para vuestras papilas gustativas.


Se trata de un "Butterkuchen" -nombre muy alemán ¿verdad?- que es un pastel de mantequilla; en este caso con almendras por encima, pero hay otras versiones que las omiten. Es muy sencillo de preparar, pues no tiene más ciencia que preparar un bizcocho y cuando está medio horneado se cubre con una mezcla de mantequilla y azúcar; al terminar de hornearse, la cobertura queda dorada y crujiente, con un sabor como a toffee.

Por lo que he podido leer, el butterkuchen es un dulce muy típico en la zona norte de Alemania y se toma tanto para acompañar un café como en bodas y hasta en funerales. He encontrado mil y una versiones: con levadura fresca, con levadura química, con la mantequilla fundida, con la mantequilla en dados, con nata, con almendras, sin almendras, con relleno, sin relleno... supongo que será algo tan típico que cada casa tendrá su propia versión, como nos pasa aquí con la tortilla de patatas. Por eso no me rompí mucho la cabeza y escogí una versión sencilla; ya habrá tiempo para experimentar otras versiones más complicadas.

Me pareció curioso que su fama no haya llegado hasta aquí todavía -al menos yo no lo había visto nunca hasta este verano- así que es una receta con la que podemos sorprender, pues casi nadie en nuestro entorno la conocerá. Buscando en libros y en internet llegué al blog de Lidia: Atrapada en mi cocina, donde nos enseña la receta tal y como se la enseñó su tía Ingrid, directa desde Alemania. Tras varias pruebas, hice algunos cambios en las proporciones y ésta es la receta que yo os traigo:

Ingredientes:

4 huevos
200mL de nata
200g de azúcar
300g de harina
1 sobre de levadura química
1 sobre de azúcar vainillado ó una cucharadita de vainilla líquida

Para la cobertura:

125g de mantequilla
200g de azúcar
100mL de leche
250g de almendras laminadas

Preparación:

Precalentamos el horno a 180ºC.

Batimos los huevos junto con el azúcar y el azúcar vainillado ó la vainilla líquida hasta que blanqueen -que queden esponjosos-. Si tenéis Thermomix podéis hacerlo con la mariposa programando 6 minutos, 37º y velocidad 3 y medio y después 6 minutos a la misma velocidad y sin temperatura.

Añadimos la nata y batimos hasta incorporar. Finalmente agregamos la harina y la levadura y mezclamos hasta que quede una masa homogénea y sin grumos.

Extendemos la masa sobre una bandeja de horno amplia, previamente forrada con papel de hornear para que no se nos pegue, procurando que quede repartida uniformemente por toda la bandeja.

Introducimos en el horno precalentado y dejamos que se hornee 10 minutos. Mientras tanto, fundimos la mantequilla y le añadimos el azúcar, la leche y, por último, las almendras laminadas. Sacamos el bizcocho del horno y lo cubrimos con la mezcla de mantequilla y almendras por toda la superficie; entonces lo volvemos a meter en el horno y dejamos 15 minutos más aproximadamente.

Cuando las almendras estén doradas lo retiramos del horno y lo dejamos enfriar.

Para servirlo lo cortamos en cuadrados y si os gusta podéis espolvorearlo con azúcar glass. No os aconsejo cortarlo con mucha antelación porque se seca con más facilidad.

Ya sólo nos queda acompañarlo con un café ó, aprovechando los últimos coletazos del verano, con una horchata bien fría.  Y a disfrutar!

miércoles, 5 de junio de 2013

Crema de chocolate blanco

Hace un par de semanas fui a Santiago a buscar unos papeles y, de paso, a visitar a algunos amigos. Como buenos gallegos que somos, no hay reunión que se precie en la que no medie una buena comida, así que fuimos a repostar a "A Moa", un restaurante que sólo tiene una pequeña carta de tapas; lo realmente interesante es que cada día preparar un menú diferente, con varios platos a escoger, según lo que encuentren en el mercado, así que ya os imagináis que la calidad de lo que allí se come es de matrícula.

Comimos de maravilla, pero lo que nos apasionó fue el postre: una crema de chocolate blanco con frambuesas. Ahí no hubo dudas, en cuanto vimos el nombre en la carta del menú, todos supimos qué íbamos a tomar de postre.


La textura de la crema era perfecta: ni muy densa, ni muy ligera; y el sabor a chocolate blanco era delicioso. He de decir que el sabor me sorprendió, pues es muy habitual encontrarse cosas que alegan saber a chocolate blanco y luego sólo saben a decepción... en este caso, hasta el punto de azúcar era perfecto!

Ya os imagináis que me faltó tiempo para llegar a casa y ponerme a cacharrear. No sé cómo harán esta crema en A Moa, pero yo la hice de una forma muy sencilla: primero hacemos una crema pastelera y luego le añadimos el chocolate blanco. Fácil ¿no?

Os recomiendo utilizar leche entera para esta crema, pues sino perderéis mucho en la textura final. Los atrevidos incluso podéis sustituir parte de la leche por nata... eso ya sobre la conciencia de cada uno. Y sin más, vamos con la receta:

Ingredientes:

600mL de leche entera
20g de maizena
4 yemas
100g de azúcar moreno
200g de chocolate blanco

Preparación:

Ponemos 500mL de leche al fuego. Mientras tanto, disolvemos en los 100mL de leche fría restantes la maizena, pues así evitamos que se formen grumos.

En un recipiente mezclamos las yemas con el azúcar, batimos bien e incorporamos la leche con maizena.

Cuando la leche empiece a hervir, la añadimos a la mezcla de yemas poco a poco y removiendo para que no se cuaje. Entonces, pasamos todo a través de un colador para eliminar cualquier posible grumo, y ponemos de nuevo a fuego medio, revolviendo sin parar con unas varillas.

Cuando la mezcla empiece a espesar y el trazo de las varillas se quede marcado en la crema será el momento de retirarla del fuego.

Troceamos el chocolate y lo fundimos al baño María. Cuando esté fundido le añadimos la crema todavía caliente y mezclamos hasta homogeneizar.

Vertemos la crema en una manga pastelera desechable de plástico, la cerramos bien y la dejamos enfriar -primero a temperatura ambiente y luego en la nevera-. También podéis poner la crema en un recipiente y cubrirla con un film transparente, de forma que el film esté en contacto directo con la crema para evitar que se forme costra.

Cuando haya reposado en la nevera, cortamos el extremo de la manga pastelera y servimos la crema en copas o vasos, acompañándola de lo que queramos: fresas, frambuesas, galletas, barquillos... Creo que sobra decir que podéis cambiar el chocolate blanco por otro chocolate a vuestro gusto siguiendo los mismos pasos.

Y ya sólo nos queda disfrutar de nuestra crema de chocolate blanco :)

miércoles, 1 de mayo de 2013

Crema de mascarpone y cookies

Seguro que muchas veces -o al menos alguna- os habéis encontrado ante la necesidad de preparar una comida improvisada para unos invitados inesperados. El reto entonces está en preparar algo con lo que hay en la despensa, pues no hay tiempo de salir corriendo al supermercado; por supuesto, lo que sirvamos tiene que estar rico, pero si además podemos sorprender a nuestros invitados, tanto mejor.

Así es como se me ocurrieron estos vasitos de crema de mascarpone y cookies que os voy a enseñar hoy. Tenía tiempo suficiente para prepara algo y dejarlo reposar un rato antes de que los invitados llegasen, pero no tanto tiempo como para salir a comprar y volver a cocinar. En la despensa había mascarpone y si tuviese unos bizcochos de soletilla habría preparado un tiramisú rápidamente, pero no tenía bizcochos, tenía cookies. Con las cookies no podía hacer capas como en el tiramisú, porque no absorberían líquido suficiente como para que el postre quedase bien, así que me dispuse a preparar una crema de mascarpone similar a la del tiramisú y luego le añadí las cookies troceadas. Serví la mezcla en vasos y la dejé reposar en la nevera para que cogiese cuerpo, y el resultado nos encantó. Desde entonces, la receta pasó a estar inscrita en mi cuaderno de recetas, porque es sencilla y está de vicio.


Las cookies que uso en este caso son compradas pues se trata de un postre rápido, pero si queréis preparar vuestras propias cookies con antelación seguro que el resultado es espectacular. Veréis en los ingredientes que yo utilizo vainilla natural en vez de extracto de vainilla, pero es que en las recetas con tan pocos ingredientes como ésta, la calidad de cada uno es fundamental para un buen resultado. Si no tenéis vainas de vainilla, utilizad una cucharadita de extracto, pero os animo a probarla con las semillas de vainilla repartidas por toda la crema; ya sólo en apariencia gana muchísimo, así que en sabor ya os imagináis.

Con las cantidades que os explico podréis preparar 4 raciones generosas o 6 raciones más justas; si la comida va a ser contundente, mejor que preparéis 6 raciones en vez de 4, pues sino podría hacerse demasiado pesado el postre. Si, por el contrario, la comida va a ser más liviana, podéis permitiros una buena ración de postre por cabeza. En caso de que seáis más comensales, podéis duplicar las cantidades sin ningún problema.

Ingredientes:

250g de queso mascarpone
1 huevo
75g de azúcar moreno
1 vaina de vainilla
50g de cookies con pepitas de chocolate

Preparación:

En un recipiente amplio y con ayuda de unas varillas, batimos el queso mascarpone hasta conseguir una crema aireada. Reservamos.

Por otro lado, mezclamos el huevo, el azúcar y las semillas de la vaina de vainilla y lo batimos todo con unas varillas hasta que duplique su volumen. Si tenéis Thermomix, este paso lo podéis hacer con la mariposa, programando 4 minutos en velocidad 3 y medio a 37ºC, y luego otros 4 minutos a la misma velocidad, pero sin temperatura.

Agregamos el huevo montado al queso y mezclamos hasta conseguir una crema homogénea. notaréis que está un poco líquida la mezcla, pero cuando enfríe en la nevera cogerá cuerpo.

Entonces, añadimos las cookies troceadas. Yo las parto directamente con las manos para que queden trozos desiguales. Las mezclamos con la crema y estará lista para servir en vasitos.

Dejamos los vasos en la nevera hasta el momento de servir, que espolvoreamos un poco de cacao puro sin azúcar por encima. Decoramos al gusto y a disfrutar.

Es recomendable que reposen en la nevera al menos durante 1 hora. Aunque si los vais a preparar sin prisas y podéis dejarlos toda la noche reposando notaréis que todavía están más buenos.

martes, 23 de abril de 2013

Flan con bizcocho a la miel

A todos se nos llena la boca cuando hablamos de "repostería casera" y miramos por encima del hombro a la bollería industrial y a todos sus amigos producidos en cadena; y además, ponerle el apellido "artesano" a cualquier producto hace que -de repente- sea maravilloso ¿o no?

Cierto es que la repostería casera es más sana que la industrial -generalmente- y tampoco negaremos que un producto artesano suele ser mejor que su competencia. Pero de entre todos esos productos que en general despreciamos, hay algunos que son obras maestras; y serán todo lo poco sanos que quieran, pero están para morirse de buenos. Un ejemplo clásico son los Donuts®; todo repostero casero que se precie ha intentado en al menos una ocasión, hacerlos en su casa y los resultados nunca alcanzan la perfección del industrial.


Reconozcámoslo: los productos industriales son fuente de inspiración para los cocinillas como nosotros. La calidad del resultado no es ni la mitad de gratificante que todo el proceso de I+D por el que pasamos, así que aunque sepamos de antemano que los resultados no serán los esperados, seguimos intentándolo, porque es ahí donde radica la diversión.

La receta de hoy es precisamente uno de esos casos. Hay unos flanes de huevo de la marca Dia que llevan bizcocho y miel y que a mi me parecen deliciosos, así que llevo un tiempo haciendo pruebas para imitarlos en casa. Es muy difícil copiar exactamente un sabor pero, en este caso, diría que los resultados podrían competir con el original sin ningún problema. De cualquier forma, posiblemente muchos no conozcáis los flanes en los que yo me inspiré, así que os animo a probar éstos.

Por si había alguna duda, la miel que utilizo es siempre miel de Galicia, con Indicación Geográfica Protegida; si os gusta mucho el sabor de la miel podéis optar por variedades con sabores intensos, y si os gusta lo justo  tirad por variedades más suaves. Eso sí, usad siempre miel de calidad certificada; igual que con los aceites de oliva virgen extra, la miel es un producto que se presta a las adulteraciones, añadiéndoles azúcares, jarabes, etc porque son más baratos que la propia miel. Yo, tengo que hacer patria, y no puedo recomendaros otra miel que no sea de Galicia :)

Y vamos ya con la receta:

Ingredientes:

6 huevos
1 litro de leche
200g de azúcar
1 vaina de vainilla
Una pizca de sal

Una lámina de bizcocho genovés
300mL de agua
2 cucharadas y media de miel

Azúcar para hacer caramelo

Preparación:

Precalentamos el horno a 180ºC.

Preparamos el caramelo, lo vertemos en el molde en el que vayamos a hacer el flan y lo repartimos por toda la superficie. Yo utilizo un molde con forma de corona -esos que tienen un agujero en el medio-, aunque podéis también prepararlo en moldes individuales. Reservamos

Ponemos la leche en una olla. Abrimos la vaina de vainilla, retiramos las semillas y las añadimos a la leche, junto con las vainas (hay que aprovecharlas y sacar hasta la última molécula aromática, que son caras). Ponemos la leche a hervir.

Por otro lado batimos los huevos con el azúcar y la pizca de sal. Cuando la leche empiece a hervir la retiramos del fuego, cogemos una taza y la añadimos poco a poco sobre los huevos batiendo sin parar y, a continuación, añadimos los huevos sobre el resto de la leche y mezclamos.

En un recipiente mezclamos el agua caliente con la miel y la disolvemos bien. Cortamos el bizcocho a la medida de nuestro molde y lo ponemos sobre el caramelo. Emborrachamos el bizcocho con la miel diluída.

Por último, añadimos la mezcla de leche y huevos al molde -sobre el bizcocho, con cuidado de no deshacerlo porque entre los líquidos y el calor estará muy frágil-. Notaréis que el bizcocho flota sobre el líquido del flan y así debe ser, pues cuando le demos la vuelta, quedará el bizcocho como base. Metemos el flan en el horno y lo cocinamos durante 50-60 minutos. Podéis poner el molde sobre un poco de agua, haciendo un baño María, aunque yo no suelo hacerlo porque no me parece que el resultado varíe notablemente.

Cuando pinchemos el flan con un cuchillo y salga limpio, aunque notemos que la textura es muy frágil, estará hecho. Lo retiramos del horno y lo dejamos enfriar; una vez frío lo metemos en la nevera y lo dejamos reposar 24 horas, pues este tipo de postres necesitan terminar de "cocinarse" en frío.

Pasado el tiempo de reposo pasamos un cuchillo por los bordes del molde y damos la vuelta al flan, con cuidado, sobre un plato con bordes -para evitar que el caramelo se escape-, decoramos al gusto y listo para degustar.

jueves, 18 de abril de 2013

Bizcocho genovés

Hoy no voy a explicar ninguna receta novedosa y sorprendente, sino que vamos a ver uno de los básicos más básicos de la repostería: el "bizcocho genovés", también conocido como "bizcocho de espuma" Se trata del bizcocho más simple que hay, pues sólo lleva huevos, harina y azúcar; nada más, ni levadura, ni aceite, ni mantequilla...

A pesar de no llevar levadura, el resultado es un bizcocho muy esponjoso. Prepararlo es muy sencillo, aunque hay que tener un poco de cuidado, pues de lo contrario obtendremos una tortilla en vez de un bizcocho aireado.


Este bizcocho es muy versátil. Se utiliza para la gran mayoría de las tartas -simplemente emborrachando el bizcocho al gusto y rellenándolo de fresas y nata montada es delicioso-, además lo podemos preparar en forma de lámina para hacer un brazo de gitano ó un pionono. También lo podemos utilizar como base para tartas de queso y otras tartas cuajadas en frío, en vez de poner la típica base de galletas molidas con mantequilla.

Ya veis que las posibilidades son infinitas, por lo que es una receta que interesa tener siempre a mano. Yo os voy a poner la receta que uso siempre, que es la del libro básico de Thermomix, porque ¿para qué vamos a andar rizando el rizo, si ya hay recetas que salen perfectas? Esta receta no lleva ningún tipo de aroma, pero se le puede añadir en cada caso en función de para qué lo vayamos a utilizar después: vainilla, canela, limón...

Ingredientes:

4 huevos
120g de azúcar
120g de harina
Una pizca de sal

Preparación:

Precalentamos el horno a 180ºC.

Ponemos en el vaso de la Thermomix, con mariposa, los huevos, el azúcar y la sal y programamos 6 minutos a 37º y velocidad 3 y medio. Luego programamos otros 6 minutos a la misma velocidad pero sin temperatura.

Añadimos la harina tamizada y programamos unos segundos en velocidad 2 y medio hasta que quede homogéneo.

Si no tenéis Thermomix, podéis hacerlo montando los huevos con unas varillas eléctricas. Os ayudará usar los huevos a temperatura ambiente ó poniendo el recipiente sobre algo que le transmita un poco de calor -muy poco, ya véis que en Thermomix sólo le damos 37ºC-.

Vertemos la masa en el molde que queramos ó la extendemos sobre una bandeja para hacer una lámina y horneamos a 180ºC hasta que al pincharlo con un cuchillo salga limpio. Si hacemos una lámina se horneará en torno a 10-15 minutos; un bizcocho más alto tardará un poco más.

Si lo hacemos en un molde para luego cortarlo y rellenarlo, lo ideal será dejar que el bizcocho se enfríe y repose al menos 8 horas antes de partirlo, porque sino se romperá.

Y ya tenemos nuestro bizcocho genovés listo.

jueves, 24 de enero de 2013

Tartaletas de moka

Hay recetas que uno descubre de casualidad y que luego se ganan a pulso su permanencia en nuestros recetarios. Éste es el caso de la crema de moka con la que vamos a hacer unas riquísimas tartaletas.

Un día había quedado con unos amigos para merendar filloas y yo me tenía que encargar de preparar algunas cremas para rellenarlas. Así que, para inspirarme, cogí uno de los libros de mi biblioteca: 1000 salsas dulces y saladas de Gilles Dubois. Empecé a rebuscar alguna receta que me llamase la atención, pues no quería preparar algo que fuese demasiado típico y así encontré una crema bávara con chocolate. Me puse manos a la obra pero al final, hice la receta con lo que tenía por casa y como a mi me pareció mejor.


Varié bastantes cosas de la receta original, pero creo que lo que marcó la diferencia fue el incorporarle mantequilla al final de todo, pues la textura cambió por completo, pasando de una crema fluída a una crema con cuerpo, similar a una mousse. Además, le añadí un toque de café que encandiló a todos los que la probaron, pero si no os gusta el café podéis omitirlo y quedaros con una simple crema de chocolate.

Desde entonces, para mi esta crema es un básico... la utilizo para rellenar tartas y tartaletas, para acompañar filloas y tortitas... vamos, que si sois golosos hasta os la podéis comer a cucharadas.

Es importante que el chocolate sea de buena calidad, porque será un factor determinante. No me gusta utilizar chocolate de cobertura para estas cosas porque creo que el sabor deja bastante que desear.

Las tartaletas que os traigo hoy no son más que una excusa para enseñaros esta crema, pero aunque son sencillas, son deliciosas: la mezcla de chocolate y café con nata y queso, junto con el sabor a mantequilla de la masa sablé y las nueces, forman un bocado digno de la mejor pastelería.

Con las cantidades que os indico podéis preparar hasta 8 tartaletas, pero teniendo en cuenta la fragilidad de las tartaletas una vez horneadas, os aconsejo que calculéis como si sólo fueseis a sacar 6 tartaletas, para tener un margen de error en caso de que alguna se rompa por el camino.

Ingredientes:

500g de masa sablé o quebrada

400mL de leche
1 sobre de gelatina neutra en polvo
150g de azúcar
200g de chocolate negro
2 huevos
1 cucharadita de café soluble
200g de mantequilla

150mL de nata líquida
50g de queso de untar
Azúcar glass ó edulcorante al gusto

Nueces troceadas

Preparación:

Empezaremos preparando la crema de moka para el relleno porque necesita reposar y, así, mientras reposa podremos preparar el resto de la receta.

Ponemos a calentar la leche y cuando empiece a hervir la retiramos del fuego y le añadimos la gelatina. Removemos hasta que esté completamente disuelta. Añadimos también el azúcar y el chocolate troceado y removemos hasta que se funda.

Añadimos los dos huevos sin dejar de batir y volvemos a poner a fuego suave hasta que empiece a hervir, sin parar de remover para que no estropee la crema. Es importante vigilar la potencia del fuego para que no se nos queme el chocolate.

En cuanto la crema empiece a hervir y haya espesado un poco, la retiramos del fuego, añadimos el café soluble, mezclamos y la dejamos templar.

Cuando la crema esté casi fría del todo le añadimos la mantequilla cortada en dados y batimos enérgicamente con unas varillas hasta incorporarla a la crema. Gracias a la mantequilla, la crema espesará y tendrá mejor textura. Reservamos.

Estiramos la masa sablé y cubrimos los moldes de tartaletas previamente engrasados. Los horneamos durante unos 10 minutos y retiramos del horno. Dejamos enfriar antes de desmoldar, con cuidado de no romper la masa.

Montamos la nata con el queso de untar y endulzamos a nuestro gusto con azúcar glass ó con edulcorante.

Rellenamos las tartaletas con la crema de moka, por encima ponemos la nata montada, decoramos con las nueces troceadas, y ya tenemos listas nuestras tartaletas.

A disfrutar! :)

martes, 15 de enero de 2013

Cookies de avena y chocolate blanco

Me encanta la avena y es un cereal que no falta en mi despensa. Es un producto que en España no se consume demasiado porque tampoco es un cultivo habitual en nuestros territorios; sin embargo, últimamente parece que se está poniendo de moda... yo creo que por culpa de la famosa -y nutricionalmente aberrante- dieta Dukan, que recomienda el consumo de "salvado de avena". No es lo mismo el salvado de un cereal que el cereal en sí, pero es muy habitual que en el boca a boca se desvirtúe la información, así que creo que de rebote se están incrementando las ventas de copos de avena, confundidos con salvado de avena. De hecho, hace un par de semanas me volví loco para encontrar copos de avena porque estaban agotados en todos los supermercados.


La avena es un cereal muy interesante: es muy rico en proteínas de alto valor biológico y en grasas, con una proporción considerable de ácidos grasos poliinsaturados, es decir, grasas saludables. También tiene un alto contenido en minerales -tales como calcio, cobalto, cobre, hierro, manganeso y zinc- y vitaminas tanto hidrosolubles como liposolubles: vitamina A, vitaminas del complejo B y vitamina E, principalmente. Además posee fitosteroles, que reducen la absorción del colesterol de la dieta, así como antioxidantes y fibra. ¿No os dan ganas de incluir avena en vuestra dieta habitual?

Para aprovecharnos de todas las bondades de la avena lo ideal es tomarla con leche ó en batidos con frutas, perfectos para desayunar. Incorporándola en galletas como en la receta que os quiero enseñar hoy no es la mejor forma de consumirla habitualmente, pues también llevan azúcar y grasas. Sin embargo, aunque este tipo de productos se deban consumir esporádicamente, todo lo que suponga variar y enriquecer nuestra dieta será beneficioso.

La avena contiene pequeñas cantidades de gluten, así que los celíacos no podrán tomarla; pero tampoco tiene cantidad suficiente de gluten como para que la harina de avena sea panificable, es decir, no sirve para hacer masas panaderas. Yo suelo utilizar copos de avena pulverizados para enriquecer bizcochos y galletas, sustituyendo parte de la harina de trigo, pues a parte de todas sus características nutricionales, también me parece que su sabor es muy agradable, tirando a dulzón y con notas como de frutos secos. 

Después de este repaso improvisado de nuestra amiga la avena, vamos a lo que hemos venido: la receta de estas deliciosas cookies de avena y chocolate blanco:

Ingredientes:

125g de mantequilla
180g de azúcar
1 huevo
1 cucharadita de vainilla
50g de copos de avena
225g de harina
Media cucharadita de levadura
Media cucharadita de sal
150g de chocolate blanco

Preparación:

Precalentamos el horno a 180ºC.

Batimos la mantequilla con el azúcar hasta conseguir una crema. Añadimos el huevo y la vainilla y mezclamos muy bien.

Pulverizamos los copos de avena hasta conseguir una harina fina. Yo lo hago con la Thermomix, unos segundos en velocidad 10, pero si no tenéis Thermomix podéis hacerlo con un robot de cocina potente ó un molinillo eléctrico.

Troceamos el chocolate a cuchillo y reservamos.

Mezclamos la harina de avena con la harina, la levadura y la sal. Agregamos la crema de mantequilla y mezclamos con una cuchara, evitando remover demasiado la masa. Cuando la mezcla esté casi homogénea añadimos el chocolate troceado y terminamos de mezclar.

Tomamos porciones de masa, formamos bolas del tamaño de una nuez y las distribuimos en una bandeja de horno sobre un papel de hornear, cuidando de no juntarlas demasiado porque en el horno se extenderán y si estuvieran demasiado cerca se pegarían.

Horneamos durante 10 minutos a 180ºC. Es fundamental que se horneen sólo 10 minutos, ni un minuto más, pues de lo contrario quedarían demasiado duras. No os asustéis si las veis con textura muy blanda, pues al enfriarse terminan de endurecerse, quedando crujientes por fuera y tiernas por dentro. En cuanto al color, lo más probable es que no se doren demasiado, pero es de lo más normal, no tengáis miedo porque estarán perfectas con 10 minutos de horneado. 

Pasados los 10 minutos en el horno retiramos la bandeja y dejamos templar un par de minutos antes de manipular las galletas. Entonces las cogemos y las dejamos enfriar completamente sobre una rejilla.

Las cantidades indicadas rinden para unas 30 cookies -galleta arriba, galleta abajo, dependiendo del tamaño del que las hagáis-. Ya sólo nos falta sentarnos con un vaso de leche y disfrutar del trabajo bien hecho.